Ten cannots

Posted on Actualizado enn

Encontrado por ahí. Bien mirado, es lo contrario de lo que hacen los gobernantes batuecos. Y lo peor es que ningún recambio piensa en ello. Evidentemente, no les interesa.

  1. No se puede crear prosperidad desalentando el ahorro.
  2. No se puede fortalecer al débil debilitando al fuerte.
  3. No se puede ayudar a los pequeños aplastando a los grandes.
  4. No se puede ayudar al pobre destruyendo al rico.
  5. No se puede elevar al asalariado presionando a quien paga el salario.
  6. No se puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.
  7. No se puede promover la fraternidad de la humanidad admitiendo e incitando el odio de clases.
  8. No se puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.
  9. No se puede formar el carácter y el valor de un hombre quitándole su independencia, libertad e iniciativa.
  10. No se puede ayudar a los hombres permanentemente realizando por ellos lo que éstos pueden y deben hacer por sí mismos.

(William J. H. Boettcker)

Nicolás, el macho alfa y las ideologías de la estupidez

Posted on Actualizado enn

Por Almudena Negro. Original aquí.

De niña devoré con fruición las historias que el escritor francés René Goscinny hacía pasar al pequeño Nicolás. Así que, cuando me enteré del lío que había montado el extraño Francisco Nicolás Gómez-Iglesias tomando el pelo a todos los importantes de este país, no pude evitar sonreír. Imagino que ya han leído u oído acerca de sus andanzas, que en manos de un guionista de Hollywood darían para una buena película de acción. Nicolás me cae bien. Eso sí, me debato entre la duda de si nos encontramos ante un pobre chico que sufre un trastorno psicológico, tal y cómo figura en el sumario judicial de su causa, un pícaro de los de toda la vida o algo mucho más turbio, que es lo que, según vamos conociendo detalles de su historia, parece.

De la oligarquía política (especialmente la del PP) pasando por la financiera o la comercial, todas han hecho el ridículo ante el público de la mano del pequeño Nicolás.  ¡Lo que les faltaba después del espectáculo de las tarjetas opacas de Caja Madrid!

Y es que Nicolás lo mismo cenaba con el presidente de la CEOE que llamaba al presidente del sindicato Manos Limpias, Miguel Bernard, al cual llegó a facilitar un servicio de escolta, para solicitarle que fuera “menos duro” con la Infanta de España. Cosa, por cierto, que no sucedió porque Bernard es persona seria.

Su relato de los encuentros mantenidos hacen preguntarse acerca de los contactos de altísimo nivel que debía tener, porque ¿cómo consiguió Nicolás tener acceso a vehículos policiales o tener a su disposición agentes? Bernard denuncia que el chico tenía acceso incluso a pinchazos telefónicos. Sea como fuere, a ninguno de los necios que componen la oligarquía les extrañaba que el joven, casi un niño,  se sentase junto al ex presidente del gobierno José María Aznar o asistiera a una restringida recepción real. Nicolás, qué tío, llegó a tener el número privado del Rey Juan Carlos, al cual telefoneó para anunciarle que estaba negociando con Manos Limpias la retirada de su querella contra la Infanta Cristina.

El problema no es sólo de seguridad. Nicolás ha puesto de manifiesto la credulidad de los engañados. Estamos antes un timo del tocomocho de toda la vida. Mas un buen día, durante una recepción celebrada en la madrileña Puerta del Sol, Nicolás, al cual el servicio de protocolo quiso impedir colocarse en primera fila, se inventó un supuesto y no reconocido parentesco real que hizo saltar todas las alarmas. Y es así cómo llegamos al principio del fin, que, quién sabe, tal vez sea un continuará. Ingenio no le falta al personaje.

Las juergas de Nicolás ponen de manifiesto el grado de infantilismo, consecuencia de la degeneración de la democracia y contra el cual advertía ya en su día ya Alexis de Tocqueville, de la sociedad española. Infantilismo ya señalado en esta columna, fomentado por las oligarquías y que nos ha llevado a vivir en la sociedad de Excalibur. Y eso incluye, por supuesto, a los que mandan, que no crecen en los árboles.  El mundo de mitos en que vivimos, fundamentalmente el mito del Estado, pero también el mito del constitucionalismo, hacen que el pensamiento mágico se imponga sobre el pensamiento racional. Como consecuencia, el ser humano regresa a la infancia y a las primeras fases rudimentarias de la cultura, asumiendo, como mucho, un realismo ingenuo, en donde la reflexión es la gran ausente. Es el fin del pensamiento científico, que no es lo mismo que el omnipresente cientificismo, que, a su vez, se encarga de producir continuamente nuevos mitos. Lo que el francés André Glucksmann llamó “ideologías de la estupidez“. La «España de Excalibur» no es más que la consecuencia de dicho pensamiento. El sentido común, sencillamente, deja de existir. La credulidad es la lógica consecuencia de la derrota del pensamiento racional.

Así, no puede sorprender que este fin de semana gracias a la Asamblea de Podemos (está por ver si no sufre las consecuencias de la inexorable ley de hierro de las oligarquías) hayamos descubierto que Pablo Iglesias no es un macho alfa o que de la misma  hayan salido unas propuestas reaccionarias, políticamente correctas y oligárquicas –atención a los privilegios concedidos a las castas afines, como el mundo de la subcultura- que entremezclan lo más rancio del socialismo real y fracasado con las bioideologías sustitutivas del pensamiento socialdemócrata.  Especialmente con la Ersatzreligion de género, que es la más coherente y, por ende, peligrosa de todas. Unas propuestas electorales que, si no fuera porque habrá mucha gente dispuesta a prestarles los oídos, resultarían hilarantes. Desde trabajar menos y ganar más, que enorgullecería al yerno de Karl Marx, el francocubano Paul Lafargue, autor del “derecho a la pereza”, a la restricción brutal de la propiedad privada bajo la excusa de la redistribución, receta segura para la desaparición de las clases medias y la pobreza generalizada, hasta la creación de medios de comunicación públicos (bajo el control del Partido, se entiende).

A Podemos, que termina sus actos con canciones de cantautores de hace décadas, sólo le ha faltado utilizar como eslogan el orwelliano “la libertad es esclavitud”. El personal, desde luego, está listo para aplaudir. Eso sí, para que el trágico vodevil –Podemos tiene futuro- hubiera sido perfecto tendríamos que haber descubierto la imagen del pequeño Nicolás sonriendo maquiavélicamente desde algún sitio reservado.

Me quedo con la pregunta que a muchos periodistos les cuesta hacer(se), sobre todo si son columnistas de a tanto la línea: ¿cómo es que ninguno de los personajos con los que le petit Nicolas se ha hecho fotos, ha sido visto, se ha sentado o a los que él ha sableado no se preguntaron en ningún momento «¿quién es este tío que se está haciendo la foto conmigo?». Recomiendo encarecidamente que el CNI se lo quede, lo entrene y lo suelte en algún país poco amigo. El pifostio que organizaría borraría las huellas del ridículo en que han quedado los personajos con los que se le ha relacionado (del Rey abajo, muchos de ellos).

Maremoto (y III)

Posted on Actualizado enn

El resto

Y aquí es donde entran ya los políticos y con la incompetencia habitual a ambos lados de la barrera. Como hemos dicho antes, la mejor forma de que cualquiera, informado o no, pueda opinar, es convertirlo en carne de arena política. Y «pedir dimisiones»: desde el motín de Esquilache, a los batuecos nos encanta ver cómo rueda la cabeza de los poderosos, literal o figuradamente: «¡Que le corten la cabeza!», diría la Reina Roja. La caída en desgracia de algún valido o ministro del Rey siempre fue en las Batuecas motivo de espectáculo, burla, befa y mofa. Siguiendo esa malsana costumbre, hoy el político batueco de raza no se corta en pedir la dimisión del Ministro del ramo (cuanto más alto el cargo en el tótem, mejor), si es que no puede pedir la del Presidente del Gobierno. Ya hemos hablado de Llamazares, así que no le vamos a mencionar más. Sólo decir que el matasanos habanero pide la «dimisión de quien sea» porque no tiene mejor argumento.

Del otro lado, el espectáculo tampoco es muy edificante. De hecho, el maremoto ha puesto de manifiesto determinados errores y carencias políticas. Un servidor de ustedes siempre ha opinado que no vale cualquiera para cualquier Ministerio y no está conforme con la figura del Ministro-político. Prefiere la figura del Ministro-funcionario, que conoce perfectamente el área que va a administrar y sabe por tanto, qué decisión hay que tomar en cada caso concreto, con el consiguiente ahorro de asesores y demás séquito.

Mi preferencia para ese Ministerio hubiera sido Ana Pastor, que es médico y además ya tiene experiencia solventando marrones ajenos, como el que dejó Terremoto Villalobos a cuenta de las vacas locas. Suena a que, por servicios prestados al partido, la nena Mato no se conformaba con una «Dirección General de Asuntos para la Mujer» que es a lo más que llegaba su competencia. Había que hacerla Ministra de algo. Y así Mariano desplazó a la titular natural del Ministerio por pagar favores. Que luego a la nena Mato no se le den bien las ruedas de prensa es otro inconveniente; pero en fin… con estos bueyes hay que arar.

El colofón a este asunto es la incontinencia verbal del consejero de Sanidad de la CAM, Javier Rodríguez. Ya hemos hablado de la actuación de sus subordinados. En cuanto a él, dadas sus declaraciones la circunstancia de que es médico funciona como agravante. Estaría mejor que se hubiera callado. Pero ya que ha hablado y ha dicho que «él es médico y que no necesita de la política para vivir», puede que lo tenga que poner en práctica. Eso sí: prestaría un gran servicio a su Partido y a la ciudadanía si cerrara la boca, porque cada vez que la abre no hace más que atizar el fuego.

Para más inri y para que, como dicen en Andalucía, no farte de ná, el Gobierno rechazó un plan B de la Unidad de Guerra Química y Bacteriológica del Ejército de Tierra, que hubiera supuesto un riesgo absolutamente cero para todos. Es decir: hablamos de unas personas preparadas, que no recibieron un cursillo de 20 minutos, sino que toda su formación y experiencia se basa en eso. Me recuerda a las habituales negativas de la Generalitat catalana a recibir ayuda del apestoso Exèrcit de l’Estat espanyol cada vez que se produce una catástrofe. Lo que nos faltaba: rechazan un plan decente proveniente del Ejército justo cuando salta el jefe de la oposición diciendo que «sobra el Ministerio de Defensa». Ni les dejan hacer aquello para lo que están Preparados de verdad.

La pregunta que queda es, como casi siempre, cui bono fuit? ¿A quién aprovecha? El viejo Marco Tulio, al que yo conocí gracias al P. Agustí Batlló, SJ, mi profesor de latín (sí, de los Batlló de la “Casa Batlló” de Gaudí), lanza esta pregunta a través de los siglos. Y cada vez que se ha recogido una respuesta, ésta nos ha puesto los pelos de punta. Ahora, probablemente, también.

Maremoto (II)

Posted on Actualizado enn

Secundarios de lujo

Como primer secundario de lujo, el perro. Excalibur, que así se llamaba la criatura. A medida que avanzaba la desinformación, de la que luego hablaremos, es el personaje que ha suscitado las reacciones más histéricas y violentas. Violentas a favor, claro. Si uno observa con cierta distancia las reacciones, se habrá dado cuenta de que el animal ya es un mártir de la secta causa animalista. Bien es verdad que había que desinfectar la casa y que para ello había que quitar al perro de en medio; ¿pero tan literalmente? No estamos seguros, pero al parecer había un dictamen veterinario que afirmaba no ser necesaria la inyección letal.

En mi personal opinión, hubiera sido mejor aislar al animal y hacerle las pruebas correspondientes antes de decidir qué se hacía con él, tras determinar si estaba contagiado y, en caso de estarlo, el peligro que supondría. Pero los operarios de la CAM, legitimados por una orden judicial, entraron en el domicilio como el Equipo A, desinfectaron la vivienda y eliminaron al perro. A fin de cuentas, «sólo es un perro». Craso error. Ahora lo único que falta es que la secta la causa animalista declare el domicilio como santuario y lugar de peregrinación. En fin, todo un circo y una obra maestra de manipulación de masas. Suena a conocido: Prestige, 11-M… Ya saben ustedes.

Dejemos constancia aquí de que el SATSE es otro grupo de secundarios de lujo. Dado que están en guerra con la Consejería de Sanidad de la CAM, cualquier escándalo les viene bien para fastidiar a unos políticos que, simplemente, no les gustan. Están «enfadadísimos» porque se ha «criminalizado a la auxiliar», habiendo incumplido ésta las más elementales normas de protocolo sanitario y cadena de aislamiento. Lo inaudito, vamos: que te acusen de hacer algo que efectivamente has hecho.

Los medios de comunicación son otros secundarios de lujo en este maremoto, sin cuya inestimable colaboración nada de esto hubiera ocurrido. La primera cuestión surge del tratamiento de la información. «Información es inmediatez», se dice. Y eso puede ser verdad en cuestiones más ligeras, tales como quién sale o entra en la cama de quién, un suponer; pero en cuestiones científicas o técnicas no es así. Surge nadie sabe cómo un tema de actualidad y los medios ya están obligados a «ser los primeros en dar la noticia». Ni códigos deontológicos, ni leches en vinagre; ni mucho menos respeto a la verdad. Si el científico o médico se niega a hablar cuando le apremian o (lo más corriente), no gusta la opinión que formula porque el que pregunta ya sabe lo que quiere oír, ya no se le deja hablar. Aquí lo importante era extender la «preocupación»; y la tendencia batueca a la exageración ha hecho el resto.

Otra más sobre los medios de desinformación: resulta que si esta cuestión se mantiene dentro de sus límites médicos como se hubiera debido hacer resulta que fuera de los médicos nadie más hubiera podido hablar. ¿Y qué se ha hecho? Para que «todo el mundo» pudiera dar su opinión inexperta (en esto consiste la «democracia» para algunos: opinar aunque no se tenga pajolera idea del tema que se opina y aunque ello contribuya a aumentar el enorme caos que ya existe), se convierte esta cuestión en casus belli de la arena política. Todo vale para desgastar al Gobierno, con razón o sin ella. Volvemos al cuanto peor, mejor leninista.

Maremoto

Posted on Actualizado enn

Menudo maremoto que ha asolado las Batuecas en estos últimos cuatro días. Sepan ustedes que España está sumida en una crisis del ébola de mil pares de narices y que lo peor es que estamos envueltos en una luz de gas de la que todavía parece que no hay forma de salir. Ni siquiera sé si yendo por partes podríamos aclararnos algo. Pero lo vamos a intentar.

El asunto no empezó ahora, por supuesto. Viene ya del verano, de cuando se repatrió al misionero y médico: recalquémoslo, puesto que los medios no se han dado mucha maña en recordarlo padre Miguel Pajares, de la orden de los HH. Hospitalarios. Recordemos que tanto el traslado del enfermo como su tratamiento aquí, dentro de nuestras posibilidades, fue perfecto. Tan perfecto que hasta los Estados Unidos nos consultaron cómo lo habíamos hecho. Recordemos también que los laicistas y otras hierbas, capitaneados por el burro de Llamazares criptoislamista probablemente salieron en tromba protestando porque se traía a España con cargo a presupuestos generales a un «sacerdote católico» infectado de ébola. Claro: era mejor dejarle morir como un perro allí. Como la jugada no le salió bien porque el protocolo se cumplió a rajatabla y nadie resultó contagiado, todos nos dimos cuenta de la solidaridad que gasta el burro de Llamazares con perdón sea dicho de esos nobles animalesy éste se la tuvo que envainar.

Pero, ¡ay! La voluble diosa Fortuna concedió una segunda oportunidad para liarla. Y esta vez la aprovecharon mejor, qué duda cabe. Esta vez sí se ha conseguido crear un caos de mil pares de narices («cuanto peor, mejor», decía Lenin). Aprovechando que del ébola no se sabe prácticamente nada a nivel popular, salvo que es una enfermedad muy agresiva y que puede apañarte en 48 horas, el caos y la histeria se han enseñoreado de las Batuecas de una forma total y absoluta. Quizá la mejor forma de abordar el asunto sea a través de sus personajes.

Protagonistas principales

Empecemos por el fallecido, el padre Manuel García Viejo. Como en el caso del padre Pajares, también médico. Y para que se enteren de una vez algunos, protegido por el Estatuto del Cooperante establecido por Real Decreto 519/2006, de 28 de mayo. En el artículo 10.1.e, in fine, que da la impresión que nadie se ha molestado en leer, dice lo siguiente en materia de derechos del cooperante:

Una atención médica y hospitalaria similar a la cobertura a que se tiene derecho en España, por cualquier contingencia acaecida en el país de destino, incluyendo las revisiones periódicas generales y ginecológicas, embarazo, parto, maternidad, y las derivadas de cualquier enfermedad o accidente; así como el gasto farmacéutico ocasionado y la medicina preventiva que requieren determinadas enfermedades, epidemias o pandemias existentes en los países de destino. La atención psicológica o psiquiátrica por sufrir angustia, estrés post traumático o cualquier otro trastorno de índole similar durante o al finalizar su labor. Revisión médico-sanitaria específica a su regreso a España. La repatriación en caso de accidente, enfermedad grave, fallecimiento, catástrofe o conflicto bélico en el país o territorio de destino.

Establecido el derecho del padre García Viejo a volver a España contra el sentir de algunos, vamos a por el siguiente personaje: la auxiliar de enfermería (o enfermera, que no me ha quedado muy claro) Teresa Romero. Aquí la cosa empieza a ponerse espesa. Si hay que hacer caso a lo que a día de hoy uno sabe con certeza, esta señora se contagió sin saberlo, de manera que hay ahí una quiebra del protocolo. Sin embargo, no hay forma de saber cómo pudo ocurrir tal cosa. La cama del paciente estaba permanentemente enfocada por una cámara, al efecto de asegurar que todo lo que se hacía en la habitación era conforme al protocolo. No obstante, no hay información disponible sobre el momento en que el cadáver es retirado de la habitación: curiosamente, la cámara se estropeó y si había algo grabado, ha desaparecido. Más o menos como ha ocurrido en algunos Juzgados que llevan casos sensibles.

Ítem más: al parecer, esta señora no comunicó con la debida celeridad los cambios en su estado psicofísico. Es decir: ya contagiada, aunque sin saberlo, se va a la esteticista a hacerse las piernas. Y cuando ya por fin lo comunica, le dicen que «no es nada, vete a casa», teniendo en cuenta el dato único de que la fiebre no rebasaba los 38,6º C. En ese espacio de tiempo (desde que sale del hospital hasta que vuelve para comunicar esos cambios), a saber con cuántas personas ha podido estar en contacto. Con lo cual, no sólo hablamos de quiebra de protocolo, sino también de quiebra de la llamada cadena de aislamiento, con el consiguiente peligro para la salud pública. Con el agravante de que ya había colaborado en otros dos casos anteriores de ébola. Es decir, que conocía el protocolo.

Ducha escocesa 2

Posted on Actualizado enn

La copia batueca: de lo pintado a lo vivo.

Para tener la referencia de lo que pasa en las Batuecas, tomemos inicialmente esta cita del profesor Alejandro Nieto:

«La Administración española, con la mejor de las intenciones, ha desorbitado el papel del Derecho en su actuación, de acuerdo con la anacrónica mentalidad del siglo XIX. Hace ya más de cien años, una parte de la doctrina alemana descubrió que el fin del Estado era el cumplimiento del Derecho y aquellas ideas, importadas por Adolfo Posada, siguen estando vivas entre nosotros».

(Alejandro Nieto, «La “nueva” organización del desgobierno». Ariel, 1996. 7ª ed., p. 200)

Así, pues, lo que importa en las Batuecas no es tanto la justicia material (“no se puede tener contento a todo el mundo”) como que, como mínimo, todo sea formalmente correcto, por más que se lleve por delante a aquélla y a unos cuantos miles de ciudadanos no coincidentes con la ideología dominante.

Apliquemos esto al procés. Como corresponde en un Gobierno y aledaños dominados por abogados del Estado, «el cumplimiento de la Ley lo es todo». Por tanto, vamos al lío. Primer punto: Artur Mas no comete ningún delito por firmar el Decreto de convocatoria, por lo cual no se le puede empapelar. Sí lo ha cometido la consellera Rigau, por incitar al cumplimiento oblicuo de las sentencias de los apestosos tribunales españoles en materia lingüística (art. 18.2 LOPJ: «las sentencias se ejecutarán en sus propios términos» y 410.1 CP, que habla del «debido cumplimiento» de éstas); pero en este caso Madrit hace como que no se entera.

Segundo punto: coincidiendo con la visión leguleya de las instituciones, el famoso decreto firmado el pasado sábado ha sido recurrido de inconstitucionalidad. Es lo legal. Sin embargo, atiendan ustedes al detalle de que a Mas y a sus mas-riachis la legalidad española se la repampinfla. Entre otras razones, porque el recurso de inconstitucionalidad no paraliza la ejecución del decreto, sino que sólo la suspende y por cinco meses (161.2 CE). Después, siempre en teoría, la suspensión debería levantarse y el decreto sería perfectamente legal y, sobre todo, ejecutable.

Con lo que se van cerrando poco a poco las vías alternativas a la aplicación del art. 155 CE. Que es un artículo perfectamente democrático —no en vano proviene de la nada fascista Ley Fundamental de Bonn de 1949—, pero cuya aplicación han descartado Mariano y todos los que le han precedido en el cargo, precisamente para que no los llamaran fascistas. Descartada esa vía también —hasta que venga otro y vea la necesidad de actuar con contundencia—, sólo nos queda pensar en una hipótesis repugnante, aunque plausible: el pacto.

El pacto de la indignidad

No hay que dejar de mencionar la incidencia del cas Pujol en esta entelequia llamada procés, construida sobre actos de fe de unos y la indiferencia general del resto. Desde la confessió de l’Avi, uno tiene la sensación de despeñamiento. Y ante lo grave de la situación, en un contexto de mando en plaza del consenso, se impone el pacto sobre la aplicación de la ley. La ley, que «es para todos igual», queda sometida a condición en su aplicación: algo inaudito en un régimen verdaderamente democrático, pero absolutamente normal en otro en el que existan personas a legibus soluti, como los regímenes absolutistas o las dictaduras comunistas.

¿Por qué el pacto? Por la famosa teoría de los orinales: «Tú no levantas la tapa del mío y yo no levantaré la tapa del tuyo». Lo que viene a significar que todos tienen cosas, cositas y cosotas que ocultar, y que si no quieren que se sepan, más les aprovecha callar. De ahí que l’Avi pudiera abroncar con toda desfachatez al Parlament —excepción hecha de Ciutadans y la CUP, que esta vez no tiró de chancleta— el pasado viernes, para escarnio de propios y extraños. Indudablemente, las presuntas capacidades embaucadoras de Pujol aumentan cuando uno sabe que l’Avi guarda un dossier con pifias reales o inventadas de uno.

Conclusión

Y bien, ¿qué tenemos ahora? Podemos dar gracias a Dios de que el resultado del referéndum escocés haya sido negativo. La matraca seguirá, desde luego; pero ya en tono menor. No quiero ni imaginar lo que hubiera ocurrido aquí si en las Highlands hubiera ganado el . Como sea, ahora la matraca es «no ens deixen votar». Junqueras ha salido del parapeto (hasta ahora todos los tortazos se los lleva Mas por ser el president nominal) para decir que «lo democrático es votar», intentando que el respetable confunda «democracia» con «elecciones». Oigan, que a mí también me gustaría que me dejaran votar si se afusila al señor Junqueras. O, por usar un símil menos cruento, me gustaría que el respetable pudiese votar si se eliminan las CC.AA. Según esa regla de tres, la participación del «pueblo» santificaría el resultado y así, habría que detener al señor Junqueras y pasarle por las armas. O eliminar efectivamente las CC.AA., puesto que así lo decidió el pueblo por mayoría (presumiblemente absoluta). Sería lo democrático, según el señor Junqueras. Pero, ¡ay! No me dejan. Mecachis…

Ducha escocesa

Posted on

Será por el parentesco céltico –o no, vayan ustedes a saber–; pero me reconocerán ustedes que nuestro ínclito Gobierno es experto en esa forma de masaje llamada ducha escocesa: primero, una de agua hirviendo y luego otra de agua helada. E logo depende. Pero vayamos por partes, que diría Jack el Destripador.

The original Scotch shower

Durante varias semanas hemos estado atentos a lo que ocurría allá arriba en las Highlands. Los unos, por informarse de cómo llevaban la cosa del pulso al Estado; los menos, por identificarse con uno de los bandos. Una cosa me llamó la atención: en sus discusiones, tanto Alex Salmond como los políticos ingleses que se le enfrentaron mantuvieron un tono civilizado y un perfil bajo. Se discutieron razonadamente los pros y los contras, e incluso se acudió al argumento emocional de los artistas de una opinión y de otra, tanto por el sí como por el no. Finalmente, llegó el día de las votaciones. Una mayoría de escoceses entendió que perderían si se escindían de Gran Bretaña, aunque por poco margen: sólo un 55% lo entendió así. También fue interesante ver transformarse la chulería inicial de David Cameron en lacrimosa súplica final.

Por lo tanto, Scotland The Brave sigue formando parte del United Kingdom of Great Britain and Ireland. Por ahora, pues, San Jorge y San Andrés van de la mano. Sin embargo, no menos llamativo ha sido el precio. Es decir: el precio que tendrán que pagar los ingleses por haber permitido Mr. Cameron la celebración de ese referéndum. Por un lado y dado que ha perdido el referéndum, Mr. Salmond ha dimitido dignamente, como es de rigor en un político serio que ha perdido una apuesta. Sepan ustedes que, aparte de Dios, el whisky y el gobierno de Su Graciosa Majestad, no hay cosa más seria para un escocés que una apuesta. Y perderla es comprometerse a cumplir lo prometido, desde lo más frívolo hasta lo más importante.

A cambio de eso, los escoceses han ganado dos cosas: la primera, que a cambio de permanecer en el United Kingdom obtendrán unas cuantas competencias más y, posiblemente, más dinero. Lo cual, irónicamente, les acerca un poco más al nivel competencial del que dispone la Generalitat catalana. Y la segunda, el derecho a dar la barrila con el referéndum de secesión «hasta ganarlo». Poco importa que algunos scotchmen nada contentos con el resultado la intentaran liar parda provocando disturbios de diversa consideración. Para los pacíficos ése es el verdadero resultado. Y los ingleses empiezan a mirar de través a Mr. Cameron, pensando en que tendrán que rascarse el bolsillo y en cuánto les va a costar la chulería de su Premier. Con lo poco que les gusta…