¿Partido político o secta?

Original aquí.

 

*Por Ángel Rico

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Las declaraciones de líderes políticos, en la XIX Interparlamentaria Popular, han provocado los presentes comentarios al respecto, que pretenden ser constructivos. La Secretaria General del PP, María Dolores Cospedal, utilizó la seriedad en su discurso de inauguración para parar las opiniones de los responsables regionales que se oponen al “déficit regional asimétrico” que defiende ahora el Gobierno y que supondrá, de hecho, que unos territorios se beneficien más, en detrimento de otros que tendrían que beneficiarse menos. Por tanto las palabras de que –”no es negociable apoyar al Gobierno de Rajoy“—  obligan a releer la Ley Orgánica de Partidos Políticos que en su artículo 6, dice: –Los partidos políticos se ajustarán en su organización, funcionamiento y actividad a los principios democráticos y a lo dispuesto en la Constitución y en las leyes— Por ello, la discrepancia y el debate interno es obligatorio.

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El Presidente de Extremadura, José Antonio Monago, puso los puntos sobre las ies, al manifestar que: –”la diversidad de opiniones dentro del PP en torno a los objetivos de déficit son democráticas, porque el PP es un partido político, no una secta y, por tanto, puede haber discrepancias“— (sic) Y las palabras de Cospedal deben analizarse porque “lo que no tiene que ser negociable” es avisar al Gobierno de Rajoy que si no se cambia el actual rumbo, se provocará un mal, peor que el que se pretende evitar. Por tanto, lo que no debe ser negociable es: –defender los intereses de España, antes que  los de los dirigentes de este o aquel partido político–.

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Es un hecho comentado, sotto voce, que en el seno del PP hay una especie de concurso de jaleadores, –donde unos y otros se miran de reojo para ver quién elogia y pondera más a los dirigentes del PP para, llegado el momento, que el halago y las carocas propias sean más resplandecientes que las de los demás – Tanto rendibú podría estar justificado si, además, dentro del PP existiese un, digamos, –departamento de control de calidad— que se encargase de analizar y hacer constar, para su rectificación, aquellos defectos en el funcionamiento del partido. Pero no existe tal departamento y a aquellos que, desde la lealtad, tratamos de comentar los fallos existentes, para ser reparados, se nos encasilla en el de los enemigos más recalcitrantes.

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Pero sea como fuere, al final la “verdad es la verdad” y Cospedal cuando hace uso de la autoridad de su cargo y la palabra, para coartar la democracia interna, debería ser consciente, por ejemplo, que: –la comunidad autónoma que preside, –Castilla-La Mancha–, tiene un índice de desempleo superior a la media nacional; el PIB de 2012 fue el 1,61% menor que en 2011; y en los últimos datos de comercio exterior queda claro que en esta región no se exporta. Y cuando no se exporta ¿qué es lo que queda? Los halagos, lisonjas, requiebros, piropos, lindezas a la cúpula dirigente, para que estos (la cúpula) se mantenga en la miopía y en el error, mientras que  los ciudadanos tienen que soportar los errores del gobierno miope. Es decir, Cospedal, tiene la autoridad del cargo, pero no la autoridad del ejemplo, sobre todo en lo referido a la creación de empleo. Porque este, el empleo en Castilla-La Mancha, no está, ni se le espera a corto, ni medio plazo.

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Se pronuncien los discursos políticos que se pronuncien, después de la retórica,   los ciudadanos siguen viendo que: –En España hay gobiernos que no cumplen las leyes, ni las sentencias de los tribunales, que con la mayor deslealtad posible, encabezan un movimiento secesionista; que en el seno de sus, carísimas,  embajadas por el mundo, vilipendian a España; que un representante de estos nacional separatistas, preside la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados de España; y además,
reciben de la Hacienda Pública, más dinero que el resto de territorios—  Urge recortar el gasto público, adecuado la estructura del Estado.

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Los ciudadanos piensan que –la distribución de los impuestos no debe ser ordenada entre todos los territorios, sino que, debe ser justa;  que las sentencias no se invocan, se hacen cumplir; que la igualdad en los territorios no debe ser una utopía, sino un hecho tangible. ¿Hace falta recordar los territorios donde tal igualdad no existe?

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Últimamente, algunos cargos del PP han utilizado su voz para pedir que: –no se vote a aquellos partidos que no tengan democracia interna–. La propuesta está bien, surgiendo la pregunta:–¿Mas democracia interna, significa listas abiertas, y primarias? ¿Un militante, un voto? Ningún demócrata podrá estar en contra de tales propuestas; solo se opondrán los “apparátchik” que se apoyan en la estructura partidista establecida, que impide la llegada de nuevas tendencias, oponiéndose a que se aplique la democracia en los partidos políticos, donde debiera imperar la democracia.

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Dicho lo anterior, es evidente, que debe aprovecharse la actual coyuntura para mejorar la actividad política, haciéndola más democrática y más transparente; donde primen los resultados políticos, más que las letanías de adulaciones, para desempeñar un cargo de responsabilidad política. Eso es lo civilizado, no apoyar sin justificación razonable, los desvaríos gubernamentales que mantienen a la sociedad civil al borde de la asfixia, mientras la casta política gobierna de espaldas a las necesidades de los ciudadanos, con el insaciable ministro Montoro, pidiendo más y más impuestos.

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Cuando los participantes en la mencionada Interparlamentaria vuelvan a sus circunscripciones, a curar su ronquera, de tanto ¡olé, olé, olé, olé, olé! Los votantes estarán buscando a alguien, que piense más en los ciudadanos, que en la casta política imperante, para otorgarle su voto en la próxima ocasión; para que los instrumentos que se utilicen en el inmediato futuro  para hacer política sean “partidos” en lugar de “sectas”.

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…He dicho!

Y de pronto, Albert Rivera: "La regeneración de las instituciones políticas"

Reblogueado desde Sobre Creatividad, Innovación, Talento y Liderazgo:

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Los que me conocen saben que una de mis frases favoritas es "si no puedo hablar bien de..., prefiero callarme". Creo en los mensajes positivos y que la admiración tiene mucha más fuerza que la envidia. Por eso, después de cinco años blogueando (primero en blogger y luego en Wordpress), pocas veces he tocado el tema político. No por ninguna razón en particular (bueno si, la de no poder hablar bien), si no porque en este blog el título es una declaración de intenciones: CREATIVIDAD, INNOVACIÓN, TALENTO Y LIDERAZGO.

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Albert Rivera despierta pasiones... y no sólo en Cataluña :)

Programa, programa, programa

Por su interés, reproducimos el artículo que el maestro Javier Quero deja hoy en La Gaceta.

Es intolerable lo de Esperanza Aguirre. Pretender que un partido, aunque sea el suyo, cumpla el programa electoral es un atrevimiento, una osadía, una temeridad sin precedentes. Acaso desconozca la intrépida líder del PP de Madrid que los programas se elaboran con el único fin de incumplirlos. Así se estableció en España de modo tácito desde tiempos de la Transición y así quedó refrendado por sentencia de Tierno Galván. En el extremo opuesto, Julio Anguita se hizo cargante con aquello de “programa, programa, programa”, antes de mutar en líder espiritual de la izquierda pagana. Esto puede parecer un contrasentido, pero donde no hay fe en la existencia del alma suele practicarse el culto al fantasma.

Damos poca importancia al programa a pesar de ser exactamente lo que votamos. En nuestro país no se vota un candidato, pues al presidente lo escoge el Parlamento. Lo que elegimos en las urnas no es la foto de un señor ni unas siglas ni un eslogan. Votamos un programa electoral que, paradójicamente, casi nadie ha leído. Daría igual que cualquier formación política incluyera como número uno de sus propuestas la promesa de propinar una patada en la zona escroto inguinal a todo aquel que le vote. La mayoría de sus electores no lo leería. Y los que sí lo hicieran darían por descontado que el partido al que votan incumplirá su palabra, así que las escritillas colgantes quedarían ilesas.

Los párrafos programáticos suelen ser más aburridos que una carrera de balandros y presentan un estilo común del siguiente tenor: «promoveremos políticas tendentes a una mejora general de las estructuras de desarrollo para garantizar el aprovechamiento máximo de los recursos». Los verbos más empleados son promover, tender y aspirar, siempre sinónimos de intentar. Vamos, que se mojan menos que un buzo en Los Monegros. No alcanzo a entender el porqué de tanta prudencia si el final suele ser siempre el mismo, el incumplimiento flagrante de lo que ampulosamente llaman «contrato con el ciudadano».

Quienes siempre leen minuciosamente los programas son los contrarios, que se ponen muy pesados al exigir al ganador de los comicios que cumpla lo prometido. Esto es un contrasentido. En campaña, los rivales critican el programa del otro, pero cuando uno de los dos llega al poder los que quedan en la oposición no hacen más que insistir al vencedor en que debe llevarlo a cabo.

Que uno de los tuyos te recuerde tus incumplimientos molesta más que un escrache capitaneado por Verstrynge. Eso es lo que le ha pasado a Mariano. La presidenta de su partido en Madrid le ha dado un pescozón de ese modo ladino que sólo domina la chulapona popular que se fue para quedarse. El pasquín del PP afirmaba que reducir el sector público era “imperioso”, sin que ello supusiera alusión al caballo que soportaba el tonelaje de Jesús Gil. En sus páginas podía constatarse el compromiso de disminuir la estructura de la Administración y sus costes y, por supuesto, bajar los impuestos. La cohorte rajoyana justifica la subida impositiva por el déficit oculto de 90.000 millones que dejó el PSOE.

Y no faltan quienes remachan que una de las comunidades que escondía el tamaño de su agujero contable era la gobernada por Aguirre. Desde el PP madrileño insisten en que lo que necesitan los españoles es esperanza. Lo dicen, no lo escriben. Así no hay forma de saber si la esperanza a la que se refieren se escribe con mayúscula o con minúscula. Al final, quien abrió la polémica, la zanjó: “Rajoy nunca se equivoca”, Aguirre dixit. Ni siquiera cuando incumple sus promesas, le faltó añadir. 

Sobramos

Tras un descanso por motivos familiares que ustedes ya conocen perfectamente, volvemos a la carga. Y volvemos con algo que se está convirtiendo en un secreto a voces. Resulta que sobra gente. Y sobra en todas partes, al parecer. Particularmente en Europa, donde una especie de cultura de la muerte se va imponiendo lentamente en los Gobiernos, a juzgar por los hechos.

Supongo que habrá quien opine que esta directriz proviene de los «amos del Nuevo Orden Mundial», unos señores que no se sabe muy bien quiénes son, pero que –según parece– cortan el bacalao y mandan por encima de Gobiernos grandes y pequeños, con independencia de su color. No sabría decirles; probablemente sea así. Lo que sí sé seguro es que ya en los años 70 apareció un informe de la ONU en el cual se venía a decir que al ritmo de crecimiento actual (de entonces) de la población terrestre en 20 años la Tierra sería insostenible de mantener: por un lado, el bienestar generalizado de la posguerra había tenido como consecuencia un gran incremento de la natalidad; y por otro, los avances médicos habían aumentado la esperanza de vida más allá de los 80 años. Los medios tradicionales de control de población (hambre, guerra y peste) o no funcionaban o no era posible ponerlos en funcionamiento sin atraer el reproche internacional (particularmente la guerra a gran escala: el recuerdo de Hiroshima estaba muy presente).

Hoy, sin embargo, 40 años después, alguien ha decidido que el hongo atómico y todas las atrocidades que le precedieron quedan ya muy lejos. Ha decidido que era demasiado pedir el mantenimiento del bienestar de que disfrutábamos hace tantos años. Y ya desde los años 70 se observa un movimiento destinado a desmantelar ese Estado de Bienestar que hacía que una mayoría de personas tuviera casa, comida y trabajo en cantidad suficiente para atender con dignidad las necesidades de su vida. En mi modesta opinión, el primer toque de atención fue el SIDA, la llamada «peste del siglo XX». Al margen de otras consideraciones farmacéuticas, como las de intentar ralentizar el estudio de su vacuna para conseguir que la que salga al mercado sea rentable, el SIDA marcó a muchas personas, ya fuera por la verdad o por la sospecha. Sin embargo, si en Europa fue terrible, en África causó verdaderos estragos poblacionales, por los demás problemas endémicos que padece el continente (algunos médicos, otros simplemente humanos).

¿Qué decir del mundo civilizado? Bien, desde hace unos cuantos años (tal vez desde esa misma década de los 70) se está instalando lentamente (bien dirigida, eso sí) una cultura de la muerte, que va tanto hacia atrás (aborto) como hacia adelante (eutanasia). Sólo que en Europa había que ir con mucho más cuidado: la influencia cristiana (especialmente católica) en la sociedad es una barrera importante frente a la decisión del Estado acerca de quién debe o no debe vivir y cuánto tiempo. Por eso quienes trabajan por esa cultura de la muerte se han dedicado a atacar sin cesar la religión, de forma directa o a través de la lluvia fina (series de televisión y similares). En España no hay que fijarse en que los/las/les mismos/as/es que berrean que «el aborto es un derecho de la mujer» son los que al mismo tiempo «exigen a los obispos que saquen las Biblias de su coño» (literal, de una indocumentada ex concejala del PSPV). Todo va en el mismo pack.

Destruida así la resistencia moral, queda libre y expedito el camino para que se imponga esa cultura y uno viva sólo con autorización del Estado. Extra Status salus non est. No obstante, la implantación del aborto como «solución» avanza a buen ritmo, siendo además un buen negocio que el proabortista PPSOE no va a tocar. Respecto de la eutanasia, están en ello porque todavía a mucha gente le repugnan casos como el de las sedaciones irregulares del «doctor» Montes (parece mentira que habiendo sido juzgado y condenado, a ese señor no se le retirara la licencia). Y ni siquiera películas (lluvia fina) como Mar adentro han conseguido el efecto deseado, porque se ha recordado oportunamente que el nacional-socialismo operó de la misma forma en 1938 cuando quiso que la población aceptara sin chistar que a los locos, a los inválidos y a los ancianos se les pudiera administrar la inyección letal. Pero ya en Andalucía se ha aprobado una Ley de bien morir, y en Cataluña andamos con lo del testamento vital.

¿Y ahora? Hay más toques de atención, y los responsables se cortan menos a la hora de hablar. Desde Christine Lagarde, la directora del FMI tras la vergonzosa salida de Paul Wolfowitz… pasando ya por un mandatario de Gobierno nacional. Concretamente, un bestia de primer ministro japonés, que se ha dirigido a los ancianos de su país para decirles (non sic):«Dense prisa en morir, que son muchos y nos cuestan muy caro». Cuesta creer que esto se haya podido decir en un país cuyo modelo de crecimiento económico descansó tantos años en la consideración de la empresa como una familia. Cuesta más creer que a ese señor nadie le haya montado una moción de censura y le hayan descabalgado sin más. O que, siguiendo su tradición secular, no le hayan mandado una katana a su casa por conducto oficial y el correspondiente encargo.

La cascada, nuevamente, llega a España. Ya tenían a los ancianos agarrados por donde no suena con una pensión de mierda (a sus viudas con el 55% de esa pensión: poco más de media mierda) y había que dar una vuelta de tuerca. Dicen que hay que recaudar. Por eso ahora se van dejando de ofrecer servicios médicos (o se prestan, pero con el correspondiente facturón) y se van retirando medicamentos (de 400 en 400) de la Seguridad Social. Es una solución perfecta: con esas pensiones, el pensionista ha de elegir entre poder medicarse o poder comer (ya se ha dado algún caso). Elija lo que elija, el anciano muere y el Estado ya no tiene que cubrirle. Por si faltara algo, resulta que ahora las compañías de seguros médicos ya le dicen confianzudamente a uno: «¡Qué caro nos está costando!, ¿eh?» (si los peces gordos ya no se cortan en decirlo, ¿por qué iban a hacerlo las compañías de seguros médicos?), como sé que le ocurrió a una amiga de la familia respecto de su padre, enfermo terminal de cáncer. Y conste que estoy de acuerdo con ella: al delegado o representante que le soltó esa barbaridad había para arrancarle los ojos.

Ante todo este panorama, que tiene algunas derivadas muy negativas (objeto de un próximo post), se preguntarán ustedes «qué podemos hacer» (no se pregunten «qué nos va a ocurrir»: eso sería señal de que se han rendido). Tengo una respuesta:

Primero fueron a por los no nacidos,
Pero yo no protesté porque no era mujer ni iba a ser padre.

Luego fueron a por los ancianos,
Pero yo no protesté porque no era anciano ni tenía uno a cargo.

Luego fueron a por los locos y los inválidos,
Pero yo no protesté porque no era ninguna de las dos cosas ni tenía uno a cargo.

Luego fueron a por los cristianos, porque defendían la vida y la dignidad del ser humano,
Pero yo no protesté porque no era cristiano.

Luego fueron a por los demás disidentes,
Pero yo no protesté porque nunca me pareció mal lo que se hacía.

Cuando vinieron a por mí
Ya no quedaba nadie que protestara por mí.

(adaptado de Martin Niemöller).

Socialismo (para torpes)

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Querida Mamá

Con mi madre, en Zaragoza (agosto 2011). Sonriente y feliz de poder cumplir una promesa que le hizo a la Virgen del Pilar.

Todavía no me creo que ya no estés. Igual que si se tratara de una película y me estuviera repitiendo mentalmente «esto no me está pasando a mí». (y quiero convencerme de ello) que estás bien allí donde estés. Se me quedaron cosas en el tintero para decirte, pero así es como Dios dispone las cosas. Tenía la intuición de que aquellas eran las últimas semanas que nos veríamos aquí, pero me daba miedo pensarlo y mucho más mencionarlo, por aquello de que parecía que si hablaba de ello es que «quería verte muerta». Me arrepiento ahora, aunque ya sea tarde, de no haber sido más «valiente» y no haber hablado más contigo de eso, a pesar de que tú ya intuías también y por eso me compraste el traje nuevo tres meses antes de irte. Que sepas que estuve bien guapo en el entierro, afaitat i arreglat, como a ti te gustaba decir.

Sé que has dejado de sufrir. Decías mucho «dejadme morir en paz». Y la verdad: el dolor insoportable, junto con las pruebas, los «trata-mientos» y las visitas médicas, no te parecían otra cosa que marear la perdiz. Estabas cansada y quizá por eso ya no querías luchar más. Ni siquiera sé si cortarte la pierna hubiera sido buen remedio. Quién sabe si al cabo de unos meses hubiéramos tenido que volver para que te amputaran algo más; lo cual, por otro lado, me hace pensar que no sé qué hubiera sido peor: si lo que ha ocurrido o ver cómo poco a poco te iban quitando partes del cuerpo. Lo segundo hubiera sido un suplicio para ti y una tortura china para nosotros. Sé también que a lo último casi ni te enterabas de que te estabas yendo, lo cual es un pequeño consuelo. Me atormenta pensar que no te pude coger la mano antes de irte, que llegué tarde. Pero a lo mejor crees que no importa, que el caso es que llegara al hospital.

Lo peor, por supuesto, es la ausencia. El vacío que dejas es grande en lo familiar e inmenso en lo personal. Nadie puede sustituir a una madre (o un padre), ni en todo ni en parte. Y tampoco se le puede pedir a nadie que cumpla esas expectativas. Tendremos que acostumbrarnos a no verte en el sillón donde te sentabas, a no oír tu conversación sobre sus cosas, a no «soportar» tus interrupciones en la mesa mientras veíamos las noticias, a no llevarte a la peluquería cada 15 días, sin tu músico (André Rieu)… Desde que volvimos del hospital ni siquiera me he atrevido a entrar en la que era (todavía es) tu habitación. Son tantas cosas, tantos pequeños detalles… En el barrio eras conocida y apreciada: de ello da fe que, entre unos y otros, aparecieron ayer en la iglesia casi 100 personas, excusando no pocos su asistencia debido a cuestiones laborales o de salud.

Me quiero quedar con dos recuerdos hermosos. El primero es que siempre fuiste muy detallista con la gente a la que querías. Siempre regalabas una cosita, por pequeña que fuese, a los amigos que te visitaban; lo que se dice «tener un detalle». Te acordabas de los cumpleaños de tus amigas y las felicitabas puntualmente, ya fuera por escrito o por teléfono, sin faltar una sola vez salvo caso de enfermedad. Te hacías fácilmente querer y no siempre fuiste correspondida al mismo nivel; pero realmente nunca te quejabas de eso y persistías en la amistad.

Y el segundo es que siempre me apoyaste en todo aquello que hice o intenté hacer, aunque fuera una estupidez o aunque no entendieses “para qué era eso”. Siempre que te pedí algo, si podías dármelo me lo diste. Sé que estabas muy orgullosa de mí, de que su hijo tuviera carrera aunque no tuviera trabajo; y sé que padecías porque tenías miedo de irte sin verme encarrilado, como lamentablemente así ha sucedido. Aunque hay que decir que estoy en ello, te fuiste antes de que lo consiguiera.

Sea como sea, te has ido y no hay marcha atrás. Permanecerás en el recuerdo de las personas que te quisimos y la vida continuará. Y aunque nunca podremos llenar del todo ese vacío, encontraremos la forma de sobrevivir. Eso sí: en las fechas señaladas tu ausencia dolerá como esa cicatriz que sólo duele cuando va a llover. Con tu marcha se cierra una larga etapa para Papá y para mí de cuidadores y ahora se abren nuevas posibilidades. Tengo miedo, porque nunca realmente había vivido otra cosa, pues siempre había estado muy apegado a ti; pero también sé que no me queda otro remedio que aceptarlo y seguir creciendo para llevar la vida que debo llevar. Sé que estarás tras cada buena oportunidad que se me presente o tras cada buena persona que yo conozca. O por lo menos tengo la confianza de que así será.

Bueno, Mamá. Sé que estás en presencia de Dios, liberada de las cargas y dolores de este mundo. Pídele que te deje velar por Papá y por mí, que buena falta nos va a hacer a ambos cuando empiece el camino duro. Sobre todo, pídele a Dios que no nos deje caer en la desesperanza y que vivamos todo lo que hemos venido a vivir aquí, con la fe y la esperanza de que Dios nos llamará a ambos para que estemos juntos otra vez a su debido tiempo.

Quiero terminar esta carta, ya que la tecnología me lo permite, con esta preciosa música que tú y yo oímos a través del ordenador. ¿Recuerdas? Nos cogimos de la mano y lloramos en silencio, emocionados los dos, igual que ahora se me saltan las lágrimas al recordarlo…

Adiós, Mamá. Hasta que nos volvamos a ver. Te quiero y te echo de menos.

Cuentos (socialistas) chinos

Sorprendido me ha dejado un artículo que apareció hace varios días en El Mundo firmado a dos manos por la Talegona y el Jodón. No sólo por el hecho de publicarlo chez Pedrojota (¿no tenían espacio para ellos los Janli boys, hábitat natural de ese par de dos?), sino y sobre todo por su contenido.

Para empezar, el amplio currículum de ambos ha sido ampliamente expuesto por los medios. Jodón Elorza se ha visto obligado a ceder espacio a los bilduetarras tras defender que dejarlos presentarse a las elecciones municipales era un «ejercicio de democracia», en línea con los (equivocados) planteamientos del camarada Egiguren y el alma nacionalista del PSE-EE. Teniendo en cuenta que el socialismo no ha entendido que los experimentos deben hacerse en casa y con gaseosa, lo que les pasó en las últimas municipales se lo tienen bien merecido. Por lo que hace a la Talegona, eximia representante y relevo generacional de la histórica gauche Clicquot, no es necesario encarecer mucho su trayectoria, referida en nuestro blog aquí a través de Luis del Pino.

Pues bien: con estos mimbres se teje ese artículo que, mirado con detenimiento, provoca la risa floja en quienes lo leen sin prejuicios. Desmenucémoslo un poco.

«Pasión por la democracia»

Es de risa leer a dos representantes de la partitocracia identificarse con «las bases». La obligada referencia la Transición, cuyo único «beneficio» fue permitir que los españoles pasáramos de aguantar una dictadura a aguantar diecisiete sin pegar un solo tiro, es delirante aunque nada rara en dos participantes/beneficiarios del consexo. Vean, si no:

Las bases del PSOE hemos de recuperar la pasión por la democracia, empaparnos del espíritu democrático de la Transición y del valor del pacto en defensa del interés común para avanzar con propuestas concretas en el combate contra el desempleo y en favor de una regeneración del sistema político que dé más legitimidad a la democracia.

Pero lo mejor viene ahora:

Recuperar la pasión por la democracia significa: acabar con la corrupción; hacer transparentes las cuentas de los partidos; apostar por una reforma electoral con listas desbloqueadas y mayor proporcionalidad; la no acumulación de cargos, democracia interna en los partidos y sistema de primarias para elegir cargos internos y candidatos con el voto directo de sus militantes; y una ambiciosa Ley de Transparencia que obligue a los partidos, CEOE, sindicatos y Casa Real.

No me cabe duda de que o son bobos, o creen que lo somos nosotros. Todo eso que dicen que hay que recuperar es lo que debieron haber «recuperado» en los 8 años que estuvieron en el poder. Pero está claro que son expertos en evitar la demanda de cualquier responsabilidad por sus dichos y acciones y queda claro también que no tenían intención alguna de llevar a cabo entonces todo esto que dicen ahora.

«Ofrecer un contrato ciudadano para dignificar la política»

La cosa va in crescendo. Siguen tomándonos por bobos, eso sí. Uno creía que el famoso contrato ciudadano era el programa electoral, transformado así en programa de gobierno ganadas las elecciones. Ese documento donde se especificaban aquellas áreas que el partido concurrente iba a enfatizar una vez llegado al poder. Pero, ¡ay!, esos programas ya no los cumple ni el PP-de-Mariano, que se aferra a excusas para no contarnos con pelos y señales el lío completo de la herencia recibida y que por si fuera poco, condecora a quienes nos hundieron. ¿Para qué tanto abogado del Estado, tanto registrador, tanto funcionario… si en realidad falta lo más importante, a saber, voluntad de servicio al país y fe en España y los españoles?

Tiene mucha guasa que sean precisamente dos socialistas los que hablen de contrato, sobre todo cuando uno recuerda que la buena fe es un elemento esencial de cualquier contrato. Buena fe que ellos no han dudado en traicionar cuando les ha convenido, postergando el interés general de la Nación española y de sus habitantes al interés partidista propio (o incluso a intereses bastardos contrarios al mencionado interés general). Lástima que el PP, que creíamos otra cosa, se haya apuntado a esta moda también. Comprueben ustedes mismos el grado de cinismo de ese par de dos:

Se trata de un contrato político que recoja el compromiso solemne del PSOE con una forma ética de hacer política, con rendición de cuentas de los representantes elegidos, con un concepto más democrático del papel de la ciudadanía que la empodere y la implique en la gobernanza, profundizando cauces de participación como la iniciativa legislativa popular y la práctica de las consultas y del referéndum. Un contrato para defender juntos una democracia ética y participativa que suponga abrir un proceso de participación ciudadana en la elaboración del programa electoral

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Nunca estuvo la ciudadanía más sometida y menos empoderada que durante los dos períodos de gobierno socialista, especialmente el último. Pero claro: no va a haber nadie que se lo diga. El párrafo perpetrado es una alabanza al zapaterismo más estricto, el de Humpty-Dumpty («Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos»). Pero estos señores, obviamente, no se miran al espejo por las mañanas.

Construir un proyecto alternativo frente a la crisis, reformista y transformador

El colofón y la guinda del pastel. Usan de las palabras mágicas: «alternativo», «reformista» y «transformador». Creo sinceramente que los asesores del PP y del PSOE son intercambiables: ¿el reformishmo de Mariano es el mismo que propugna este par de dos? Porque para usar prácticamente los mismos concetos… Y más en detalle: ¿cómo puede calificarse un proyecto de «alternativo» cuando quienes lo van a liderar llevan no menos de 20 años en política?

Por otro lado, el contenido del famoso proyecto está lleno de los mismos topicazos de la izquierda de toda la vida. Vean:

El proceso de transformación ha de incorporar: un sistema fiscal más progresivo; el combate contra el fraude fiscal; un control efectivo sobre la Banca española y las decisiones de las grandes empresas; la racionalización y configuración federal de un modelo territorial que sea eficiente y coherente con un Estado plurinacional y multicultural; la modificación y el refuerzo del sistema de educación y sanidad pública; y un programa para una Europa más social y democrática de la mano de los Partidos Socialistas europeos, que ha de abordar la «utopía», de regular los mercados especulativos y actuar sobre los paraísos fiscales. En definitiva, contribuir al bien común de la sociedad en su conjunto.

Ustedes mismos se dan cuenta de la sarta de tonterías que ha dicho este par de dos bebés destronados. Sería como darles la manguera y acto seguido oírles decir: «Me encanta el olor del napalm por la mañana». En fin. Tenga uno que aguantar a una casta extractora (o al menos la parte que ha cedido el turno) y óigase llamar «¡fascista!» para esto. Es decir: para no cumplir nada de lo prometido una vez que la han metido…