¿Partido político o secta?

Original aquí.

 

*Por Ángel Rico

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Las declaraciones de líderes políticos, en la XIX Interparlamentaria Popular, han provocado los presentes comentarios al respecto, que pretenden ser constructivos. La Secretaria General del PP, María Dolores Cospedal, utilizó la seriedad en su discurso de inauguración para parar las opiniones de los responsables regionales que se oponen al “déficit regional asimétrico” que defiende ahora el Gobierno y que supondrá, de hecho, que unos territorios se beneficien más, en detrimento de otros que tendrían que beneficiarse menos. Por tanto las palabras de que –”no es negociable apoyar al Gobierno de Rajoy“—  obligan a releer la Ley Orgánica de Partidos Políticos que en su artículo 6, dice: –Los partidos políticos se ajustarán en su organización, funcionamiento y actividad a los principios democráticos y a lo dispuesto en la Constitución y en las leyes— Por ello, la discrepancia y el debate interno es obligatorio.

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El Presidente de Extremadura, José Antonio Monago, puso los puntos sobre las ies, al manifestar que: –”la diversidad de opiniones dentro del PP en torno a los objetivos de déficit son democráticas, porque el PP es un partido político, no una secta y, por tanto, puede haber discrepancias“— (sic) Y las palabras de Cospedal deben analizarse porque “lo que no tiene que ser negociable” es avisar al Gobierno de Rajoy que si no se cambia el actual rumbo, se provocará un mal, peor que el que se pretende evitar. Por tanto, lo que no debe ser negociable es: –defender los intereses de España, antes que  los de los dirigentes de este o aquel partido político–.

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Es un hecho comentado, sotto voce, que en el seno del PP hay una especie de concurso de jaleadores, –donde unos y otros se miran de reojo para ver quién elogia y pondera más a los dirigentes del PP para, llegado el momento, que el halago y las carocas propias sean más resplandecientes que las de los demás – Tanto rendibú podría estar justificado si, además, dentro del PP existiese un, digamos, –departamento de control de calidad— que se encargase de analizar y hacer constar, para su rectificación, aquellos defectos en el funcionamiento del partido. Pero no existe tal departamento y a aquellos que, desde la lealtad, tratamos de comentar los fallos existentes, para ser reparados, se nos encasilla en el de los enemigos más recalcitrantes.

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Pero sea como fuere, al final la “verdad es la verdad” y Cospedal cuando hace uso de la autoridad de su cargo y la palabra, para coartar la democracia interna, debería ser consciente, por ejemplo, que: –la comunidad autónoma que preside, –Castilla-La Mancha–, tiene un índice de desempleo superior a la media nacional; el PIB de 2012 fue el 1,61% menor que en 2011; y en los últimos datos de comercio exterior queda claro que en esta región no se exporta. Y cuando no se exporta ¿qué es lo que queda? Los halagos, lisonjas, requiebros, piropos, lindezas a la cúpula dirigente, para que estos (la cúpula) se mantenga en la miopía y en el error, mientras que  los ciudadanos tienen que soportar los errores del gobierno miope. Es decir, Cospedal, tiene la autoridad del cargo, pero no la autoridad del ejemplo, sobre todo en lo referido a la creación de empleo. Porque este, el empleo en Castilla-La Mancha, no está, ni se le espera a corto, ni medio plazo.

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Se pronuncien los discursos políticos que se pronuncien, después de la retórica,   los ciudadanos siguen viendo que: –En España hay gobiernos que no cumplen las leyes, ni las sentencias de los tribunales, que con la mayor deslealtad posible, encabezan un movimiento secesionista; que en el seno de sus, carísimas,  embajadas por el mundo, vilipendian a España; que un representante de estos nacional separatistas, preside la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados de España; y además,
reciben de la Hacienda Pública, más dinero que el resto de territorios—  Urge recortar el gasto público, adecuado la estructura del Estado.

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Los ciudadanos piensan que –la distribución de los impuestos no debe ser ordenada entre todos los territorios, sino que, debe ser justa;  que las sentencias no se invocan, se hacen cumplir; que la igualdad en los territorios no debe ser una utopía, sino un hecho tangible. ¿Hace falta recordar los territorios donde tal igualdad no existe?

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Últimamente, algunos cargos del PP han utilizado su voz para pedir que: –no se vote a aquellos partidos que no tengan democracia interna–. La propuesta está bien, surgiendo la pregunta:–¿Mas democracia interna, significa listas abiertas, y primarias? ¿Un militante, un voto? Ningún demócrata podrá estar en contra de tales propuestas; solo se opondrán los “apparátchik” que se apoyan en la estructura partidista establecida, que impide la llegada de nuevas tendencias, oponiéndose a que se aplique la democracia en los partidos políticos, donde debiera imperar la democracia.

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Dicho lo anterior, es evidente, que debe aprovecharse la actual coyuntura para mejorar la actividad política, haciéndola más democrática y más transparente; donde primen los resultados políticos, más que las letanías de adulaciones, para desempeñar un cargo de responsabilidad política. Eso es lo civilizado, no apoyar sin justificación razonable, los desvaríos gubernamentales que mantienen a la sociedad civil al borde de la asfixia, mientras la casta política gobierna de espaldas a las necesidades de los ciudadanos, con el insaciable ministro Montoro, pidiendo más y más impuestos.

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Cuando los participantes en la mencionada Interparlamentaria vuelvan a sus circunscripciones, a curar su ronquera, de tanto ¡olé, olé, olé, olé, olé! Los votantes estarán buscando a alguien, que piense más en los ciudadanos, que en la casta política imperante, para otorgarle su voto en la próxima ocasión; para que los instrumentos que se utilicen en el inmediato futuro  para hacer política sean “partidos” en lugar de “sectas”.

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…He dicho!

Comisiones

«Bueno, este… yo me tengo que ausentar porque he de seguir defendiendo
a esta gran nación en otro campo de batalla…»

Me hacen mucha gracia las noticias que salen en los medios de comunicación acerca de las comisiones de investigación. Se anuncian con todo bombo y platillo por parte del partido en la correspondiente oposición (nacional o autonómica). «¡Esto es una inmoralidad! ¡Vamos a pedir una comisión de investigación que se va a cagar la perra!», vocean algunos. Luego, claro, si el partido gobernante tiene mayoría absoluta, no necesita a nadie más para negar su constitución. Sigue leyendo

Justicia socialista

A un año vista de las elecciones que presuntamente ganó la derecha (presunta), me queda clara una cosa: que quien ha ganado verdaderamente las elecciones es el socialismo (Hayek ya nos avisó del camino de servidumbre que iniciábamos), sin que importe demasiado a estas alturas quién lo lleve a cabo. Uno tiene la impresión de que los lloros y pataleos de la pesoe lo son más por haber perdido la mamandurria que por otra cosa, aunque haya algunos a los que todavía los batuecos les estamos pagando el sueldo.

No se sorprendan demasiado ustedes con esta afirmación. El gobierno que salió de las urnas el pasado año no es un gobierno de derechas. El candidato sí parecía ser de derechas, pero no así el presidente electo y mucho menos el gobernante. No habíamos visto en España un Gobierno con tal fervor por subir impuestos, que es la medida socialista por excelencia. Sí, lloriquean por la herencia recibida, pero sólo dan los grandes números: nos dicen que el déficit conjunto que la pesoe legó al nuevo Gobierno es del 9,4%, pero de los detalles nos vamos enterando muy lentamente. Así, los 27.000 millones (de euros) que dejó Chaconeta Metálica en Defensa, o los 40.000 millones que dejó Pepiño, hoy a las puertas del TS por el gas station blues. Por si faltara algo, en Sanidad la ministra Jaguaryou sigue subvencionando a las feminazis. Que para eso, mejor haber dejado a la Pajina, aunque ya no se subvencionen las organizaciones proderechos de la mujer en el África subsahariana (o en la Amazonia, a elegir).

Lo cierto es que con estos políticos con mando en plaza que nos han tocado, uno se acaba enterando de que hay una publicación periódica que no miente (o por lo menos, que miente menos que las demás): el Boletín Oficial del Estado (y en cada autonomía, el diario oficial que corresponda). Y se aficiona uno a leerlo, de veras: en esas publicaciones no hay noticias tales como que en Suecia una señora ha sido detenida por «mantener relaciones íntimas con un esqueleto» (que uno no sabe si la estupidez se predica de la señora o de la justicia sueca). Así es como se entera uno de que el Faraón ha decidido subirnos las tasas judiciales. El estado socialista en el que «vivimos, nos movemos y existimos» ha decidido quitarnos el derecho a una sentencia gratis que teníamos con ZP (teniendo en cuenta que antes todas, salvo las de muchas campanillas, eran gratis). Por eso y aunque los lacios me crucifiquen, les recordaré el consejo que da Jesucristo en el Evangelio, que es salud tanto para ustedes como para su bolsillo, visto lo visto:

«Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano `imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame `renegado’, será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.» (Mt 5, 20-26).

Y en este artículo se explica perfectamente el porqué de este faraonazo. Clasista de mierda.

«Que se j…»

En la pasada semana hemos tenido otra prueba más del apabullante dominio que tiene la izquierda de la demagogia y del agit-prop frente a un PP absolutamente inerme. Es decir: funcionan como casta tras las bambalinas, pero de cara a la galería y cuando el PP menos se lo espera, garrotazo y tentetieso.

El asunto ha venido a cuenta de cierta expresión desafortunada de la diputada del PP por Castellón Andrea Fabra. En un pleno movido, en que Mariano anunciaba los reco… esteeeeeeeee ajushtesh que los españolitos de a pie vamos a sufrir en prácticamente toda nuestra esfera más cercana y justo en el momento en que Mariano anunciaba los recortes a los parados, los españolitos vimos como la susodicha profería una expresión poco acorde con la dignidad del lugar en que se encontraba.

Estaremos de acuerdo en que no fue una expresión afortunada. Incluso podemos argumentar que la dignidad de las paredes del vetusto edificio ya se demedió bastante con la autorización a ZP para «negociar» con ETA. A partir de aquí, la manipulación ha sido monumental. Primero, porque en el momento de la algarada, todas las cámaras enfocaban a la bancada del PP. A mi entender, éste es un detalle fundamental: los españolitos que vimos aquello podríamos haber determinado a quién verdaderamente se dirigía la soez expresión.

Y segundo, porque no podía ser otra la destinataria que la bancada socialista. Aquí la segunda manipulación: a alguien le faltó tiempo para anudar los recortes a los parados con la expresión de la nena Fabra. Lo cual, sin duda, fue como encender la mecha de un barril lleno de dinamita. Una mecha muy corta, dadas las circunstancias. A partir de ese momento hirvió Twitter, hirvió Facebook, Youtube repite una y otra vez las palabras de la diputada fuera de contexto. Y todo ello sirvió para caldear el ambiente aún más de lo que ya estaba.

Y aquí ya las cosas se salieron de madre. Los trolls socialistas metidos en las redes sociales repitieron las correspondientes consignas, que cito aquí de un usuario de Facebook:

Recortar la prestación a los parados y alegrarse de ello, y regodearse, es propio de hijos de puta. Y con perdón de las putas, que se merecen mayor respeto. No es un rifirrafe parlamentario, no le dijo “que os jodan”, a los del PSOE, dijo ¡QUE SE JODAN!, a los parados, que son el pueblo español, que son de TODAS las ideologías. Yo te digo que eres una ¡HIJA DE PUTA! y que no puedes representar a nadie.

Esta sarta de mentiras y sandeces revueltas es lo que durante unas horas se convirtió en trending topic, dentro y fuera de Twitter. En la verdad absoluta que no admitía discusión. Fueron inútiles los intentos de hacer razonar al respetable, prueba de que la manipulación funcionó como un reloj. La manipulación consiguió, además, desviar el resentimiento y justificar la desviación. Es decir, se quitó al PSOE, que es el verdadero culpable de que haya que recortar (aunque eso, quién sabe por qué extraña cortesía, no se dice mucho desde Génova, 13), de la línea de fuego, y se redirigió éste contra el PP, sólo porque ahora está gobernando. Se borró del panorama de la actualidad el escándalo de los 97.000 euros que se auto-otorgó Patxi Nadie u otros asuntos que, de no haber prendido esta manipulación, la gente hablaría de ellos.

Y más aún: ley del embudo socialista. ¿Se imaginan ustedes si lo siguiente hubiera sido dicho por un personajo del PP?

Así, pues, el PP se comió el resentimiento nacional contra la casta política. Por sus privilegios, tan compartidos con el PSOE y con las demás fuerzas con representación parlamentaria (gracias, PSOE, por incluir en ellas a Amaiur, a quien no le importa que la subvencionen con dinero español). Resentimiento en el que hay que incluir al propio PSOE, destinatario real y verdadero del exabrupto pese a todo el chorreo que ha caído en otras direcciones. Resentimiento que ha servido para justificar la instigación de ataques contra personas del entorno de la nena Fabra:

  1. Por un lado, su padre, Carlos Fabra. Tal vez sea un digno discípulo de Don Vito Andolini di Corleone, pero eso es algo que deben determinar los Tribunales y no la ira del pueblo justiciero (bien dirigida y mantenida por los que ya sabemos).
  2. Por otro, su marido, Juan José Güemes. En el PSM de Fostiatus le tienen una inquina orgánica, fisiológica y fundamental porque, siendo consejero de Sanidad, no se arrugaba ante las tretas de la bruja Maru(ja). Además, los ridiculizaba una y otra vez (sus vídeos sobre el progresí son memorables) y eso justificó también el palo a la nena Fabra.

Caldeado el ambiente de todo caldeamiento, ya no importaron las explicaciones que diera la nena Fabra. Todo lo anterior, además, sirvió para justificar el ataque a sedes del PP y militantes y cargos públicos del PP. Ahí aparecieron los que se escudaban en la masa cobarde. Aquellos que en otro tiempo o lugar hubieran aplaudido el sambenito, la coraza de sapos y la hoguera. Los que hubieran aplaudido el ahorcamiento o lapidación en la plaza pública. Todos esos, escondidos cobardemente en la masa y en el clima propiciado por la miserable manipulación, agredieron verbal (y en algún caso físicamente) «al PP» en las personas de sus militantes, cargos públicos y electos. ¿Habrá quien se atreva, después de esto, a decir que la española es una «sociedad democrática»?

Qué lástima que estos hechos no los tuvieran que sufrir la pesoe y sus militantes dos años antes, cuando ZP aprobó sus recortes. No recuerdo que nadie saliese a la calle por eso. Bueno, sí, los sindicatos: pero con mucho cariño, porque lo hicieron tres meses después de aprobarse el famoso decretazo. Aparte de eso, nadie quemó, apedreó las sedes de la pesoe entonces. Nadie increpó o agredió a cargo de la pesoe alguno. ¿Es que acaso el PSOE es el único que puede manipular, insultar y agredir a quien, legítimamente, le arrebate el poder en las urnas? ¿Habrá quien se atreva a decir que, de puertas afuera, el PSOE es un «partido democrático»? Que de puertas adentro no lo es ninguno. Pero que no lo sean aquellos a quienes no se les cae la palabra «libertad» de la boca, pues… como que queda más feo aún.

El silencio de los peperos

Tomo prestado el título del post homónimo de mi amiga Candela, porque me parece muy expresivo del clima político que se respira en estos días post-navideños. El hecho es que muchos vamos rumiando nuestro descontento ante las primeras decisiones de Mariano, sorprendentes algunas y cabreantes algunas otras. La queja de quienes viven del Partido (en mayúsculas) es algo así como «Joooo… es que no le habéis dado los 100 días de cortesía, o sea».

Por otro lado, una cuestión que sigue siendo importante es «cuánto sabía el PP» de lo que le esperaba al llegar a Moncloa. Ellos dicen que «se esperaban un desastre, pero no tan grande como el que han encontrado». La pesoe, para añadir más leña al fuego, dice que ellos «informaron bien» (¡ja!). ¿Conclusión? Se trata de un teatrillo pactado entre unos y otros para que no nos enteremos de la real dimensión de la debacle. Sobre todo porque conocerla daría alas a quienes pensamos que hay que reformar el sistema político de arriba abajo y, sobre todo, seguir el ejemplo islandés, a saber: la aplicación analógica a los políticos (a falta de una regulación específica, que ellos por motivos obvios no se van a molestar en parir) de los capítulos del Código Penal relativos a la delincuencia económica de cuello blanco.

Seguro que si ustedes han dado de alta un perfil en alguna red social han sufrido de una forma u otra el bombardeo de los peperos adictos. Que si la situación era inaguantable (que lo era y lo sigue siendo), que si el ministro tal, que si el ministro cual… Todos los días había motivo para quejarse del gobierno de ZP. Al final, lo que funcionó fue el viejo argumento de Orwell en Rebelión en la granja: «¿O es que queréis que vuelva el señor Jones?», que traducido a términos nacionales era: «¿O es que quieres tener 4 años más de ZP?». Era, sin duda, el voto del miedo.

Y muchos votamos. Primero, porque el bombardeo en las redes sociales ha sido de tal calibre que prácticamente el que no votaba «no cumplía con un deber patriótico». Segundo porque, ingenuos de nosotros, pensábamos que el hecho de depositar una papeleta en una urna «nos daba derecho a exigir cuentas al partido que hubiésemos votado». Que no nos íbamos a encontrar con la prepotencia socialista frente a «la voz de la calle». «Lo importante es echar a ZP», repetían incansablemente los tamagotchis de Mariano. Finalmente, optamos por la teoría del «mal menor», porque decíamos: «El único partido que puede sustituir al PSOE es el PP. Y el PP no puede ser peor que el PSOE». Nos olvidamos de que el mal menor, por mucho que sea menor, también es un mal. No es menos notable que a quienes intentábamos usar un poco la cabeza y preguntábamos qué era lo que traía Mariano en las alforjas nos dijeran «que no teníamos derecho a sembrar la duda» o a «desanimar» a los votantes (malo cuando alguien quiere que votes sin usar la cabeza, sino las vísceras: señal de que tiene poco programa que ofrecer). Vamos, una especie de traidores a la causa pepera. Muy propio del sectario dar por sentado que quien no está con tu enemigo está contigo.

Y así, con la estrategia arriolina de a poquitos, el PP consiguió mayoría absolutita (186 diputados, que hubieran podido ser más si el PP le hubiera echado huevos; pero eso no va con ellos, al parecer). Una modosa y justita mayoría, para no enfadar (mucho) a la izquierda, la única (auto)legitimada para gobernar el país. De haber sacado la mayoría que era posible sacar, el PP se hubiese acercado bastante más a los 200 diputados y RbCb, poniéndose al frente de la izquierda toda, hubiera tocado a rebato para quemar la calle. Más o menos como en Francia cuando ganó Sarkozy. Pero claro: ése no era un escenario deseado por el PP.

Así pues, Rajoy obtiene mayoría absoluta malgré lui. Es decir: la libertad (sin hipotecas nacionalistas ni de ningún otro tipo) de sacar adelante los instrumentos normativos que nos saquen de la Championlí del paro, de la recesión y del desastre social, político, moral y espiritual en que ha quedado España tras los 8 años de Atila ZP. Hay mucha tela por cortar. Sin embargo, toda la energía usada anteriormente para criticar a ZP parece que ha desaparecido. Todo lo que hace Mariano «está muy bien» y los que le criticamos, aún habiéndole votado, es que «no tenemos piedad con él porque no le damos los famosos 100 días, o sea, joooo». Poco importa que se trate del incumplimiento de promesas electorales (subida de impuestos, una medida muy socialista, cómo no), de las condecoraciones al peor gobierno de nuestra democracia o determinados nombramientos en determinados puestos importantes: Gallardón, el niño bonito de la izquierda madrileña, en Justicia), Lassalle en Cultura (el «liberal simpático»… con la izquierda. No en vano está casado con una miembra), o la mayor de las sorpresas (hasta ahora): la mamporrera de Cristina Garmendia, Carmen Vela, como Secretaria de Estado de Ciencia e Investigación, pese a su vistoso currículum zejatero y su insuficiente currículum académico y científico. Menos mal que Cosidó ha puesto un punto de sensatez en los nombramientos…

Es decir: que apenas llevan 2 semanas en el gobierno y han conseguido que los tamagotchis tengan que defender lo indefendible. Sin mencionar el hecho de que allí donde son administradores de grupos de la red social laminan cualquier intento de razonamiento contrario a su ideología. Es decir: aplicando la filosofía del «talante» y del «diálogo» tan querida por sus (presuntos) enemigos…

Por último y para poner una nota de humor musical, la pregunta de moda en estos días es «¿dónde está Rajoy?». En honor a la verdad, esta canción se la cantaban a Miguel Sebastián cuando era candidato a alcalde en los Madriles. Pero hay que reconocer que Mariano empieza a ajustarse admirablemente a la letra de la canción…

Tamagotchis

Vuelvo hoy a asomarme por mi blog y dejarles lo que consideraremos una breve nota. ¿A cuenta de? Pues de algo que ocurrió ayer en Twitter e hizo que muchos recalibráramos a cierto conocido personaje, que pasa por ser periodista y aparece con cierta frecuencia en alguna cadena de televisión. Sigue leyendo

Reforma …stitucional

Vean ustedes cómo este Gobierno en funcionísimas sigue tratando de diluir el cabreo por la situación económica que ellos mismos van a legar a Rajoy: primero, los indignaos de Sol, niños mimados de Rubalcaba y su arma secreta para hacer la vida a cuadritos a Rajoy. Seguramente, más allá del 20-N tendremos ocasión de hablar de ellos si el gobierno que salga de las elecciones es llamado «fascista» por reprimir las manifestaciones de vandalismo, marca de la casa entre los indignaos.

Luego fue la visita del Papa, sazonada con mentiras mil (nunca desmentidas por los mentirosos, por cierto, sino diluidas en un puerco y vergonzante silencio). Menos mal que el Papa sabe latín (y unos cuantos idiomas además del suyo) y no entró al trapo (lo siento por los antitaurinos, que habrán respingado al leer este modismo tan nuestro) ni quiso hacerse la foto con nuestro Mr. Bean (lo único que le importa a ZP, como ya ustedes saben). Claro que él se vengó: mandó a Bono, ese católico de conveniencias, a despedirle, aprovechando el protocolo o pasándoselo por el arco de triunfo, vayan ustedes a saber.

Y ahora estamos en lo que estamos. Que parece ser que en Bruselas (en rigor, Berlín y algo menos París), están hasta las narices de que aquí se siga tirando el dinero y han mandado una carta a ZP exigiéndole que «limite constitucionalmente el gasto». ¿Qué ha hecho ZP? De entrada, negar la mayor: él no ha recibido ninguna carta de Bruselas, eso son «mentiras de la derecha». No obstante, en el PP estarán informados y se la habrán restregado, así que ahora no tiene más narices que «reformar la Constitución». Y hacerlo con el jefe de la oposición (¡horror!), que es el único que le garantiza por sí solo los 3/5 necesarios en el Congreso.

Hay varias cuestiones que se suscitan al socaire de esta exigencia bruselense:

a) ¿Dónde hay que incluir esta cláusula de límite o techo constitucional de gasto?

b) ¿Hay que reformar algo para que quepa esa cláusula en nuestro texto constitucional?

c) ¿Sería necesario reformar algo más en nuestra llamada Carta Magna?

La respuesta a la primera pregunta parece clara: en el Título VII de la Constitución («Economía y Hacienda»). Aunque en realidad no importa dónde la pongan, si van a hacer como con el resto de la Constitución, a saber: pasársela por el forro del arco de triunfo cuando les convenga. De hecho, lo que ofende a la inteligencia es la necesidad de establecer un límite al gasto por Constitución. Eso significa que hasta ese momento, no se ha exigido a los gestores de nuestra economía la diligencia de un bonus pater familias, expresión que traduzco: que no hayan cuidado de los dineros de todos como si fueran los propios. Claro que con los precedentes de Carmencita Calvo («Er dinero público no é de nadien») no se podía esperar otra cosa.

La respuesta a la segunda pregunta es más difícil y comprenderán ustedes que se la deje a los expertos hacendistas. No obstante, déjenme que les diga que si nuestra casta política se hubiera conducido con la prudencia de un ama de casa promedio, que sabe que sus recursos son escasos y que, como decimos en Cataluña, no es pot estirar el braç més que la mànega, tal vez otro gallo nos cantara hoy en día.

Y la respuesta a la tercera pregunta es un clamoroso ¡sí! De hecho, de existir una reforma constitucional digna de tal nombre, habría que reformar el Título VIII de arriba abajo. Hay quienes piden incluso una nueva Constitución, o sea, la apertura de un proceso constituyente como el que se abrió en 1977. No sé si llega a tal punto nuestra coyuntura, pero sí estarán de acuerdo conmigo en que al menos una cosa sí que debe de ser reformada: el funcionamiento interno de los partidos. Ya que son los únicos que de verdad parecen tener «derechos políticos» (como dicen pomposamente las leyes), sería conveniente una higiene profunda, para evitar que entraran en ellos la cantidad de trepas, mediocres y lameculos que han entrado en estos últimos años. Y sería bueno para la nación que:

a) Los dirigentes de los partidos recordaran que esto todavía es España y que existe un interés general español, por más que haya quienes se sientan moralmente excluidos; y

b) que los políticos electos recordaran que no se deben a quienes les han puesto en los «puestos de salir», sino a aquellos a quienes por ley representan, a saber, los ciudadanos residentes en su circunscripción electoral.

No sé si un sistema de listas abiertas sería la panacea para la crisis política e institucional (y no sólo eso) que padece la nación. En los despachos de los jefes de los partidos a todos los niveles debería existir un cartel que dijese algo como esto: «Prohibidas las recomendaciones. Sólo perjudican al recomendado». Quizá sería un principio para evitar que determinados sujetos, individuos, especímenes, entren en política para enriquecerse a costa del eurario público.

Sin embargo, yo sólo soy un servidor de ustedes. Y aunque no son pocos los que piensan como un servidor, no nos van a hacer ni caso. La «tiranía del consenso» exige que éste ignore cualquier otra propuesta que no provenga de la endogamia política. Pero también les digo algo: la tensión crecerá en los aledaños de la burbuja política, y sería mejor que se desinflara en vez de explotar. Y vamos camino de esto último.

PD.- En este vídeo podrán encontrar a ZP… Les dejo que adivinen.

Parodias

Confirmado: la campaña electoral será no sólo larga, sino también a cara de doberman y todo lo sucia y repugnante que aguanten los estómagos de los españoles. Y cuando digo «sucia» y «repugnante» sabrán ustedes que me refiero específicamente al PSOE: ese partido que ni es E, ni es O y que no está en otra cosa desde hace años. Lo estuvo en 1996 (perdían el poder), lo estuvo en las de 2007 catalanas (no perdían el poder, pero temían no poder reeditar el monstruo de tres cabezas llamado Tripartit) y en las de 2009 europeas apelaron al mismo resorte (estaba la cosa difícil y perdieron de todos modos). Parece que ahora vuelven por sus fueros (si es que se fueron alguna vez).

¿Razón? Precisamente la falta de razones les conduce directamente a ese discurso visceral y nada racional (todo perdido por ese lado) o emocional (ya no convencen con escenas suaves y hasta sentimentales). Sólo les queda el recurso a la brocha gorda. La «agresividad» siempre les ha reportado pingües beneficios y por ello no salen de esa estrategia zafia. También, porque saben que el nivel medio cultural ha descendido mucho (si lo sabrán ellos, que han provocado dicho descenso desde la LODE de 1985, esa ley nefasta de la cual penden las demás desgracias educativas de este país).

Frente a esta avalancha de mala intención y, sobre todo, de mala leche, ¿qué es lo que piensa hacer el PP? Al parecer, poca cosa. Estarán pensando en Génova que no hay que hacer nada:

  1. porque la situación es la que es (política, económica y social) y que «sólo tienen que abrir la boca para que les caiga la fruta.
  2. porque ya les va bien que «el enemigo esté dividido» (hoy ya no es así, aparentemente) y que los capitostes se apuñalen entre ellos.
  3. porque creen que «si se mueven», creen que van a recibir el doble de lo que ellos den y que la gente «percibirá» que han dejado de estar en el centro, que es lo que al parecer le importa a Arriola
    Rajoy.

Sin embargo, lo extraño es que el PP no tendría por qué esforzarse mucho en sudar la camiseta. Le bastaría con la verdad. Con mostrar los 5 millones de parados, el desbarajuste autonómico (hablaremos de él en otra próxima entrada), la inexistencia de una política económica industrial y energética, que nos ha puesto de rodillas. Son tantas cosas que están reventadas que el PP puede escoger el campo que quiera. Extraño. Tendremos que ponernos en la piel de Mourinho y preguntar(nos): «¿Por qué?».

A todo esto, quisiera traer a colación un hecho reciente. Una de las cadenas amigas del Gobierno ha decidido hacerle la ola levantando una liebre que, además, ha resultado ser falsa. El elemento parodiado fue el spot publicitario de la pesoe para las europeas de 2009, lleno de odio hacia la derechona:

Y aquí la parodia (que, naturalmente, no ha gustado nada a los parodiados porque, al parecer, sólo la pesoe tiene el derecho de señalar a aquellos de los que se burla):

Intereconomía ha hecho (una vez más) el trabajo sucio que no quieren hacer los marianistas. Sin dudarlo. Pero lo más llamativo del asunto resultó ser no tanto el anuncio en sí mismo sino la cobertura que le dieron en Telahinco. Y el más que notable hecho de que allá estuviese la señora Ceaucescu, aka Celia Villalobos, departiendo amigablemente con la Rata Albina (Sopena) y la Albondiguilla (Iglesias) escupiendo sobre la cadena («Me repugna Intereconomía») y sobre el millón largo de telespectadores que no se pierden sus programas de debate, ya sean Dando Caña o El gato, entre otros. Y quiero añadir Alguien tenía que decirlo, conducido por Ramón Pi, que lo escuché de casualidad en un horario inmisericorde cual es el domingo a las 9 de la mañana y me gustó mucho también. En cualquier caso, llegarán ustedes a la misma conclusión que yo: que a los socialistas de todos los partidos no les gusta tomar la misma medicina que aplican a los demás.

Idus y calendas

Según nos informa la Wikipedia, «Idus (latín, ‘idus’), palabra del antiguo calendario romano, por la que se denominaba al día 13 de ocho de los doce meses: enero, febrero, abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre, y también al día 15 de los cuatro restantes meses: marzo, mayo, julio y octubre». Por el contrario, las calendas resultan ser el primer día de cada mes.

Traigo esto a colación porque en esta semana cuyo ecuador cruzaremos mañana han pasado cosas graves. Lo primero, los idus de julio, que para ZP han supuesto una puñalá trapera de la que dábamos cuenta hace dos entradas. Tampoco era inesperado; pero será que no es tan fácil que ZP se vaya cuando Rubalcaba tiene que enviarle recaditos por persona interpuesta (¿será lo próximo que lo hagan parecer un accidente?) y Mr. Bean no se da por enterado. ZP es un estorbo prácticamente para todos sus propios; pero como sólo él puede disolver las Cámaras, ha decidido que resistirá. Quienes no sabemos si resistirán son su señora e hijas, que arden en deseos de salir a escape de los Madriles…

Pero el tema del día es que ha dimitido Francisco Camps, presidente hasta ahora de la Comunidad Valenciana. Ha preferido no acogerse a la ley (en concreto, a la posibilidad de una sentencia de conformidad según los arts. 800-801 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal), y va a «defender su honor» en los Tribunales. ¿Creen ustedes que la izquierda ha soltado la presa? Ni mucho menos: el chorreo acaba de comenzar y el juicio mediático durará por lo menos hasta el día de las generales, que es hasta cuando la pesoe quería mantener la imputación judicial para golpear de paso a Rajoy. Perdida esa baza, queda el chorreo de la prensa afín y poco más. Se siente mucho por todos los que querían verle con sambenito y coraza de sapos (tanto extraños como propios, que seguro que los hay).

Dicho esto, también hay que decir que esta dimisión debiera haberse producido antes. En nuestra humilde opinión, Camps sólo pensó en sí mismo y no en el daño que hacía a su partido ante la perspectiva de las generales. Es cierto que en Valencia mucha gente le adora y le prefiere a cualquier otro candidato que los socialistas puedan presentar (y lo mismo ocurre con Rita Barberá: cualquier candidato del PSPV en liza con Barberá es candidato a estrellarse contra ella). Pero desde la perspectiva de las generales, tener a todo un presidente de Comunidad encausado en un juicio, aunque sea por un asunto prácticamente menor es un agujero en la presunta honorabilidad del partido y de su presidente, que además es candidato a la Presidencia de la nación.

¿Cuál es la diferencia entre el «caso» de Camps y el de, por ejemplo, Manoliyo Chaves? «Clarísima» si la enfocamos desde el punto de vista socialista: a Chaves todavía no le han imputado (cuesta saber a qué espera Arenas para presentar la correspondiente denuncia) y además, por el sistema de la patada hacia arriba han asegurado el blindaje (aforamiento) del que como presidente de Andalucía ya disfrutaba. Es por lo tanto, distinto. Respecto de Bono, la cosa está muy clara: en dos o tres meses se va, así que le queda poco en el convento y, además, que le quiten lo bailao. Nos queda Rubalcaba, alias Alfredo P. Bien, ya «no es Ministro de Interior» y, por lo tanto, ya no es aforado. Eso sí, ha dejado un chico de los recados que le guarda la viña en estos agónicos tres meses que faltan. Además, los platos rotos del Faisán no los pagarán ni él, ni el actual ministro, sino un segundón. Así que todo atado y bien atado, ¿no?

Y tal como se está oyendo en las redes sociales, ¿para cuándo la dimisión de los señores Chaves, Griñán y ese otro largo etcétera que ocupa cargos que no debiera porque están pringados hasta las cejas? O mejor aún: puesto que Rubalcaba ha dimitido y Bono está a un tiempo breve de lo mismo, ¿para cuándo la Justicia verá indicios racionales de criminalidad, que es lo que exige el artículo 384 de la LECrim para procesar a alguien? Creo que tanto ustedes como yo conocemos bien la respuesta, tratándose de esos niveles de poder: ad calendas graecas.

P.D.- También pueden esperar ustedes sentados a que las Cortes aprueben una ley específica o modificación del Código Penal en que se incluya la mala administración por parte de los cargos políticos electos, ampliando así el estrecho cauce de la malversación de caudales públicos y del poco definido tráfico de influencias.

Trabajo sucio

Hace algo más de un año les comentaba yo a ustedes acerca de lo que me parecía iba a ser la estrategia de Rajoy de cara a dar el salto a la Moncloa. Un año es mucho tiempo para ver cuál es la dirección que lleva con esa estrategia. Y de momento lo que veo es algo que apuntó Luis del Pino en su blog: que la pervivencia del sistema como lo conocemos depende del partido de ámbito nacional que llegue a Moncloa no lo haga con mayoría absoluta y que se fuerce el pacto con alguna fuerza nacionalista, para tener la fiesta en paz.

Esto podría explicar la incomprensible inactividad de Mariano, cuando, teniéndolo todo de cara, podría haber presionado y presionado hasta haber conseguido anticipar las elecciones. Pero claro, Mariano tiene un problema: se va por las patas abajo de pensar que podrían acusarle de «crispar» (cuando lo que verdaderamente crispa al respetable son las genialidades, agresiones dialécticas y no tan dialécticas, mentiras y prohibiciones del Gobierno). Está preso en la telaraña de la corrección política y no puede hacer nada sin dejar de pensar qué dirán de él (empezando por Arriola y terminando por la bancada socialista del Congreso).

Pero hay otro factor más: la comodidad. ¿Para qué tendría que mojarse él, o Hamlet das Rías Baixas, si hay otra gente dispuesta a hacer el trabajo? Mientras él mira por la ventana en dirección a Pontevedra, acariciándose las barbas y pensando: «Sher o no sher… Éshta esh la cueshtión…» otros aguantarán la pancarta, otros presentarán las querellas, otros escribirán en los diarios, otros meterán ruido… Otros, en fin, harán el trabajo sucio. No él. ¿Para qué iba él a hacer ese trabajo sucio? Bueno, ni él ni su cuadrilla. De hecho, ni siquiera algunos/as funcionarios/as del partido que creen que por el mero hecho de serlo ya se desplazan dos metros por encima de las personas normales como ustedes o yo.

De esta manera, nos encontramos con que en medio de la batalla política (más cercana al género chico que a la alta comedia o también considerada como querelle des buffons), quienes intentamos razonar y ver los pros y los contras del candidato (sobre todo porque no debemos pleitesía a ningún partido), nos encontramos apostrofados de la siguiente manera, al decir de José Joaquín de Mora en fecha tan lejana como 1853…

Si no eres de Voltaire, eres de Ignacio.
Incrédulo has de ser o jesuita:
Entre los dos extremos no hay espacio.
Hombre sensato que el exceso evita
y usa de la razón el puro idioma
de ambas facciones el enojo excita.    

En todo caso, que no se las prometan muy felices en el PP. Les puede ocurrir que si abandonan a su suerte a los españoles, éstos encontrarán una solución por sí mismos (dado que no se puede confiar en que quienes hemos elegido lo hagan); resultando así que después no les necesiten para nada y no les puedan domesticar como hasta ahora. Y no: que ZP sea (junto con Fernando VII) el peor gobernante de nuestra historia como nación no hace automáticamente bueno a Rajoy. No esperen que les hagamos siempre el trabajo sucio.