Y se marchó

Menuda carta ha despachado Santiago Abascal a su hasta ayer presidente de partido. Es una enmienda a la totalidad a todas las posiciones que ha adoptado el PP desde que Mariano es presidente confirmado, es decir, desde 2008. Año en que todos advertimos un giro copernicano en su política. Que no sabemos si la excursión ultramarina a México tuvo que ver (sospechamos que sí); pero estamos seguros que desde entonces y según frase consagrada, ya nada volvió a ser como antes.

Abascal reparte palos para todos, y uno de ellos, en lo que a mí me importa, va para Cataluña. La incomprensible deriva del PP en tierras catalanas va a acabar con ese partido aquí, puesto que ya a nivel autonómico hay otras opciones suficientemente firmes y nada ambiguas que frenen la loca carrera hacia la nada de un Mas al que todo le da igual y aprovecha el dinero público para hartarse de viajar. El PP se ha bajado del tren no nacionalista y la factura va a ser crecida.

Pero está bien que sea él quien se mueva. De algún modo, él representa a los jóvenes de la política. Otros, probablemente por el apego a la mamandurria, se lo piensan mucho aún, tras años de amagar y no dar. Esta carta escocerá a los creyentes, a los clientes y a los deudores de Mariano (los que le deben el cargo o mamandurria que ocupen); pero tal vez ya era hora de que viésemos un poco de sinceridad en el aire enrarecido de la política nacional.

He aquí, pues, la carta entera, sin cortes ni entresacados como ha aparecido en algunos medios. Léanla y saquen sus conclusiones (cursiva mía).

Estimado presidente, 

A través de la presente te comunico la dolorosa determinación de poner fin a mi militancia de casi dos décadas en el Partido Popular. Te traslado, en consecuencia, la que es, sin duda, una de las decisiones más duras de mi vida. 

Me voy con tristeza del partido al que me afilié con 18 años, del partido de mi padre, del partido en el que aún permanece mi padre. Por eso, a pesar de mi marcha, que se produce con todas las consecuencias, siempre me sentiré vinculado emocionalmente a las gentes del Partido Popular. Y por ello, aunque profundamente decepcionado, archivo con cariño y respeto el carné que he llevado en el corazón desde el 31 de diciembre de 1994. 

Hubo un tiempo en que el Partido Popular fue una herramienta extraordinaria en favor de la sociedad española. Siempre lo sentí así. Especialmente en los peores momentos; en los que nuestros compañeros caían asesinados, en los que los guardaespaldas eran parte de nuestra vida cotidiana, en los que entregamos nuestra juventud, nuestra libertad y, en algunos casos, hasta la vida al servicio de la unidad de España y de las libertades de todos los españoles. 

Gregorio Ordóñez fue nuestro héroe y nuestro mártir; Jaime Mayor Oreja, nuestro padre político; Carlos Iturgaiz y María San Gil, nuestros mejores compañeros, y José María Aznar, quien tuvo la valentía para liderar la difícil tarea de gobierno que necesitábamos –y demandábamos– los vascos del Partido Popular. Pero eso, por desgracia, es ya historia. Historia pasada. 

Hoy, el arrinconamiento de algunas de estas figuras, y el olvido de otras, pero sobre todo el abandono de sus ideas y políticas, de nuestros principios y valores, me han llevado a tomar esta decisión, como en su día ya la tomó José Antonio Ortega Lara. Hoy, fuera del Partido Popular, me siento más cerca de él y me siento mejor. Estoy seguro, presidente, de que esta decisión en la que muchos me han precedido, no te quepa duda, la tomarán muchos otros en el futuro próximo, motivados a partes iguales por tus decisiones e indecisiones como líder del partido. 

No rompo un carné, no reniego de mi pasado, no pienso que todo el esfuerzo fue baldío. Eso sí, me voy con tristeza, abrazándome a tantos y tantos compañeros, a tantos y tantos españoles con los que he compartido colores y con los que aún comparto valores. 

Me voy, presidente, con un sentimiento de desgarro interior. Son muchas, miles, las personas que aún permanecen en el Partido Popular con las que todavía me siento identificado; personas que representan una de las dos almas del Partido Popular, la de miles de afiliados, la de millones de votantes, la del PP de Madrid, la de José María Aznar, Esperanza Aguirre, Alejo Vidal-Quadras, Jaime Mayor Oreja o Santiago Abascal Escuza, mi propio padre. 

Pero me voy porque, a diferencia de ellos, he llegado a la conclusión definitiva de que no hay ninguna posibilidad de cambiar las cosas desde dentro y de que el Partido Popular, su estructura, sus abnegados militantes y su generosa y patriota base social, a la que no os merecéis, están secuestrados por la inamovible cúpula dirigente a la que representas, cúpula que ha traicionado nuestros valores y nuestras ideas. 

Una decisión así no se toma en dos días. Acumulo meses de penosas reflexiones, e incluso años, desde el Congreso de Valencia de 2008. Hoy, 24 de noviembre de 2013, traspasado el ecuador de la legislatura, ya no me reconozco en las políticas de Gobierno del PP, del Gobierno que lideras; y no me reconozco, precisamente, porque yo sí sigo creyendo en los mismos principios que inspiraron nuestros mejores días y los mejores días de la España contemporánea. 

No ha sido el ímpetu, ni la reacción ante concretas traiciones, y mucho menos el maltrato personal, las que me han precipitado fuera de mi partido. Se trata de una decisión largamente meditada que obedece a estrictas razones morales y políticas. 

La actitud de la cúpula del partido ante la suelta de terroristas ha sido la gota que ha colmado el vaso. La excarcelación de terribles criminales ha marcado, sin duda, un antes y un después en mis sentimientos y mi percepción de la dirección que representas, pero mentiría si adujera a esta única razón para explicar este distanciamiento que ha terminado en ruptura. Llueve, presidente. Llueve sobre mojado. La continuación de la política sobre terrorismo heredada del Gobierno anterior, el trato indigno dado a las víctimas del terrorismo y a sus manifestaciones, la actitud pasmada y pasmosa ante el desafío de los dirigentes separatistas, la torpe decisión de sumarse al desconcierto que trajo la ola de reformas estatutarias, la negativa radical a abordar una reforma profunda del modelo autonómico, el abandono de la defensa de la lengua común en la educación y en la administración en algunas regiones, la insólita y suicida posición política del partido en Cataluña y País Vasco, la consolidación por inacción de toda la legislación ideológica de Zapatero, el aumento de la presión fiscal en contra de nuestros principios sobre política económica, la pasividad ante la legislación que ataca la vida del no nacido, la actitud acrítica y la falta de medidas ante la corrupción que ha afectado al Partido Popular, la negativa a democratizar internamente nuestro partido o el pisoteo de nuestros propios estatutos internos. Todo constituye un incumplimiento flagrante de nuestro programa electoral, del contrato que firmamos con los ciudadanos que nos dieron la mayoría absoluta y, en definitiva, de la misión política histórica que correspondía al Partido Popular. 

He intentado tan honesta como ilusamente, junto con otros, detener desde dentro esta deriva. No ha sido posible. No habéis querido. Me voy con la conciencia tranquila tras haber topado con el muro infranqueable de la realidad interna de un partido que habéis acartonado; los congresos siempre bien amañados, las ponencias políticas convertidas en papel mojado y la implacable maquinaria del partido convirtiéndonos en disidentes, cuando los verdaderos disidentes del PP sois vosotros. Hasta aquí hemos llegado, presidente. 

A partir de esta fecha dejo de ser uno menos dentro del Partido Popular y paso a ser un español más, que buscará el modo más adecuado y eficaz para hacer oír su voz en favor de España. Y lo haré con las esperanzas intactas, con la ilusión inquebrantable, y con la confianza plena en la capacidad de reacción que históricamente ha demostrado nuestro pueblo. 

Al final, la voz de la mayoría de los españoles se oirá entre las tinieblas a las que el sectarismo de Rodríguez Zapatero y tu fatalismo, presidente, nos han condenado; sectarismo y fatalismo que hoy nos impiden divisar el futuro prometedor que la España del presente merece, y que la España por venir, tendrá. 

Adiós y buena suerte.

Lo que firmamos y rubricamos con esta vieja canción de José Luis Perales:

de Aguador Publicado en PP

Dos años y dos días

He esperado dos días para escribir sobre la magna efeméride: el paso del ecuador de la legislatura. Esas palabras me han devuelto a mis años universitarios. Hallábase un servidor de ustedes en tercero de carrera… un año fantástico ese 1991, en lo que a mí se refiere. Tanto, que aún recuerdo con cariño algunas asignaturas que estudié entonces. Recuerdo muy bien la fiesta con la que celebramos el ecuador del ecuador. Y recuerdo muy bien aquel estupendo ambiente porque aquello después ya no se volvió a repetir. Como dice la canción, those days are gone

Retomo el hilo de lo que les quería contar y, situándonos en 2013, llevamos dos años y dos días de legislatura pepera. Ha habido triunfalismo en el Gobierno; moderado, eso sí, porque este presidente que tenemos es de perfil bajo. Todo mesurado y sin exceso, como siempre hace el Registrador. La oposición berrea, pero sólo porque Rubalcaba detesta estar donde cree que debería estar Mariano per saecula saeculorum.

Sea como sea y ante la magna efeméride, la pregunta es: ¿hay algo que celebrar? El discurso oficial nos habla de que efectivamente hay algo que celebrar. Celebramos que «ya no she habla de la crishish, ni del reshcate ni de la prima de rieshgo». Lo repiten todos los cargos peperos all’ zugleich como loros. Es la economía, estúpidos, que no os enteráis. Lo de menos son las mentiras que nos calzaron prácticamente sin calzador antes del 20-N, fecha malévolamente escogida por el ínclito contador de nubes. Que si “lo primero el empleo”, que si “no vamos a subir los impuestos”… En fin, para qué recordárselo a ustedes. Y ahora nos dicen que la cosa «va mejor». Y para razonarlo se meten en magnitudes macroeconómicas que la mayoría de la gente no entiende y a la segunda frase comienza a bostezar.

Los profanos, los que estamos alejados de la verdadera fe marianista, entendemos que cuando un ministro del ramo alienta a los jóvenes a buscarse la vida fuera del país, la cosa no va tan bien como dicen. Entendemos que cuando un ministro del ramo sube los impuestos treinta y tantas veces, la cosa no va bien (y que no me vengan con el cuento de «no se podía hacer otra cosa», que no cuela). Tal vez los banqueros sí vean los brotes verdes; pero ni las familias ni las pymes han visto ni brotes verdes, ni dinero alguno para poder sobrevivir.

Entendemos que cuando un ministro del ramo se achanta y suelta a asesinos confesos y no arrepentidos basándose en informes falsificados o en algún tecnicismo legal, la cosa no va bien. Entendemos que si el presidente no quiere entrar al trapo de resolver la deslealtad congénita de una Comunidad (del partido que la gobierna en realidad) con el resto de los españoles, la cosa no va bien. En el mismo sentido, la cosa no va bien cuando el Presidente no es capaz de poner orden en este Estado federal de facto (no sea que los «barones» territoriales se enfaden y se arme la de San Quintín). Y sobre todo, entendemos que la cosa no va bien cuando después de dos años no se ha tocado ninguna de las leyes de ingeniería social que aprobó el infame gobierno anterior. Y cuando se recorta una reforma educativa «para no molestar» al nacionalismo-separatismo cavernícola que todos los españoles padecemos. La cosa no va bien, sobre todo, cuando es tabú hablar de las personas que se suicidan, ya sea por falsas acusaciones de malos tratos (hombres, que no aparecen en las «estadísticas oficiales» del feminazismo) o debido a la situación económica, que en su caso ha llegado al límite. «No hay que extender la psicosis», dicen, campanudos.

¿Y qué espera Mariano? Es difícil de decir, como gallego en ejercicio que es. Quizá espera a que en 2015 sus votantes hayan olvidado no sólo lo que hizo sino lo que dejó de hacer (esta segunda cuenta es más larga y menos pública). Quizá espere que el grueso del cuerpo votante –el que le votó en 2011 esperanzado en que podrían cambiar las cosas– mire hacia la izquierda, vea el caos y el abismo (verdad), y vote resignadamente al mal menor, que no consuela porque sigue siendo un mal. Esta estrategia, no obstante, tiene hoy un problema. Hoy, a diferencia de 2011, comienza a haber opciones. Más o menos buenas, más o menos en formación… pero opciones. Opciones que, con un poco de suerte, nos sacarán cuando menos de ese bucle melancólico en que «los dos grandes partidos» tienen atrapado al cuerpo electoral español a nivel nacional…

Quizá por eso en Moncloa están preocupados y tratan de lanzar mensajes positivos para que su electorado natural no se espante ante las calamidades que está viendo (especialmente en materia de paro y terrorismo, que es lo actual; en dos años habrá que hacer un balance mayor).

Por nuestra parte, nada que celebrar. Acaso, el hecho de que la marcha hacia el infierno se ha ralentizado (pero en modo alguno detenido y mucho menos cambiado su sentido). Quizá llegará un momento en que alguien romperá la baraja. Entonces será el llanto y el crujir de dientes, así como un momento de gran alegría para nuestros enemigos. Pero no adelantemos acontecimientos. Con el tiempo y una caña, si no se hace nada más, todo se andará…

de Aguador Publicado en PP

Barcegate

Que el PSOE domina los tiempos en la agit-prop es cosa sabida desde el 11-M. Dejando aparte su respeto por la verdad, que es ninguno cuando no les favorece, cuando menos hay que admirar su sentido de la oportunidad. Es verdad que RbCb dio una imagen bastante pobre, con el hándicap de que hasta sus propios le quieren jubilar; pero el aparato ha tenido más reflejos y ha contraatacado en varios terrenos. Sigue leyendo

«Hable»

Hace ya unos cuantos años tenía yo una saladísima amiga sevillana que, al llamarla yo por teléfono, en vez del «¿Diga?» habitual y con curva de entonación interrogativa, decía «Hable» y con entonación más o menos imperativa. Es decir: hable usted y diga lo que tenga que decirme sin demora. A mí siempre me chocaba esa respuesta; de hecho, sentía cómo me ponía firmes y todo. Nunca más supe qué fue de ella y ciertamente nunca volví a encontrar a nadie que respondiera a una llamada de teléfono de tan –para mí– singular manera. Sin embargo, este recuerdo (placentero, por otra parte), me sirve ahora para repasar de un vistazo la actualidad de este verano caliente. Y de ese repaso deduzco que hay muchas personas que, debiendo hablar, no hablan. Sigue leyendo

Verano calentito

En este primer post del verano no hacemos sino constatar lo siguiente: que los españolitos hemos adquirido el derecho a tener un verano caliente. Ríanse ustedes del gabacho dizque científico que aseveró que «en España íbamos a tener el verano más frío de los últimos 100 años». Unos hachas, oigan. Que por cierto y según oímos en la radio hace un par de días, un empresario de la hostelería mallorquina está buscando al genio para darle una manta de… recaos. Sigue leyendo

Pactos

Da miedito, ¿eh?

Parece que es la palabra de moda en el mundillo político estos últimos tiempos. Sobre todo aquellos que se las dan de estadistas (ya sean plumillas o políticos en ejercicio) no dejan de repetir como un mantra «… es necesario hacer un Pacto de Estado sobre esto o sobre lo otro», o «hemos de tener una posición común ante (Europa, el euro, la PAC o lo que a ustedes se les ocurra). Intentando hacernos creer como que ellos creen en la Nación española y en los españoles. Y los propios políticos batuecos se han puesto a ello… con resultados decepcionantes, por cierto. Lo más gracioso es que algunos ponen de ejemplo los Pactos de la Moncloa (¡horror!), en los que se escrituró el reparto del pastel español, remachados posteriormente con la socialdemócrata Constitución de 1978.

Pero es que el tema es otro. Verán: en mi opinión, en la cainita política española, a todos los niveles (general, de «nacionalidades», de «regiones» o municipal), un pacto se hace para fastidiar a un tercero: CiU y ERC “contra Espanya”, PNV y Bildu contra el “Estado español opresor y torturador”… o Partido A – Partido B para quitarle la alcaldía al cuñado de alguno de los dos partidos del pacto. A veces también a aquella persona o formación con la que se pacta, también llamado abrazo del oso. Aquí no distinguimos a veces entre «amigo» o «enemigo». A mí se me ponen los pelos de punta cuando hoy se oye decir o se hace pasar por «noticia» que «los dos grandes partidos van a pactar» porque me imagino quien ostenta aquí la condición de tercero: es decir, el pueblo español.

Y es que hablan de pactos como si éstos fueran la panacea para todos los males de la Nación. Hasta Mariano se esfuerza en parecer «dialogante» en vez de usar el rodillo de su mayoría absoluta. Porque ésa es otra: la (presunta) izquierda tiene bula. Queda para la memoria histórica el «rodillo» que aplicaban los socialistas una y otra vez cuando aquella mayoría de los 202 diputados (ésa ya no volverá). Pero si Mariano hace lo mismo lo más bonito que le va a llamar la (presunta) izquierda es, como todos ustedes saben, «fascista» y «totalitario». La socialdemocracia española, ese monte en dos cumbres dividido, es lo que tiene.

Por lo demás, uno es más o menos anticuado y cree que los pactos se dan entre caballeros, entre gente leal y honesta. ¿Qué es lo que puede darse entre tratantes de feria de ganado, como parecen ser los dirigentes de los partidos políticos con mando en plaza? ¿Qué pacto es posible entre personas cuyo máximo afán es sacar ventaja de la desgracia del otro, prestos a apuñalarse al primer descuido? Que luego resulta que todos ellos están en la misma pomada, por más que de cara a la galería, a la carnaza y al deporte nacional (pesoe-pp, pp-pesoe y vuelta la burra al trigo), se tiren los trastos a la cabeza.

De la lealtad hacia quienes son «mandados» por ellos («gobernados» es una palabra que a la casta política actual le viene grande) mejor ni hablamos. Y decimos más: en este contexto de globulización (que no «globalización»), en el que resulta que no podemos crecer demasiado para no ofender a los vecinos y a los que se creen por encima de nosotros, esta casta política es precisamente lo que aquéllos (vecinos y presuntos superiores) necesitan para tenernos a raya. Bien parece que la casta nacional trabaja para ellos.

Finalizo: los pactos deben tener la divisa del bienestar de la Nación. Divisa que no tienen ni por asomo los partidos con mando en plaza. Los españoles nos estamos cansando y pagamos con desafección la lealtad de los políticos a aquellos que les ponen en los puestos de salir en las listas electorales. Yo sinceramente espero que no sea demasiado tarde para que políticos de formaciones diferentes sean capaces de pactar poniendo el interés y el bienestar de todos los españoles por encima del de sus partidos o de sus redes clientelares. Creo que, por ahora, el discurso de Albert Rivera es el más sensato de cuantos se oyen en el guirigay político nacional. A ver si surge otro político con la misma perspectiva.

El (presunto) retorno

¡Qué barbaridad, señores! ¡La que se ha armado! Hace una semana que entrevistaron a Aznar en Antena 3, que dejó caer unas cuantas perlas respecto de la situación económica, de su partido y de su Presidente. Todos a una se han puesto nerviosos, muy nerviosos. Lo más curioso es que el expresidente más odiado de este período que algunos todavía llaman «democracia» no aseguró en ningún momento que iba a volver. Pero la sola sospecha de que pudiera hacerlo ha puesto en guardia a tirios y troyanos, chascarrillos de El Jueves y otros aparte.

Mucho más curioso es que se diga que «Aznar no ha dejado la política» cuando su única vinculación con ésta es su actividad en la fundación FAES, el think-tank pepero. No es más que un comentario destinado a involucrarle en algo de lo que él ha querido mantenerse a distancia. Y sí, es posible que si volviese perdiese dinero: su cómodo asiento en Endesa y su pensión de expresidente serían suficientes para asegurarle la vejez tranquila que muchas personas parece que ya no vamos a tener. Sin embargo, Aznar sale en la tele intentando enhebrar un discurso nacional y se echan todos a temblar.

Por supuesto, cada uno hace la lectura política que más le conviene. Los de izquierda ya han sacado a pasear su espantajo favorito: el Prestige, la guerra de Irak y el 11-M. Es su bête noire y su odio es apocalíptico, absoluto y global. Todo porque tuvo la desfachatez de: a) ganar por primera vez unas elecciones con mayoría absoluta a la izquierda y b) por intentar sacar de su postración socialdemócrata a España. Han pasado diez años y, como si fuera ayer, la izquierda resentida, que no admite que pueda gobernar en España nadie más que ella, ha sacado toda la artillería contra Aznar.

Es verdad que, como recordaba hace pocos días Arcadi Espada, el discurso nacional de Aznar queda un poco deslucido si tenemos en cuenta el tamaño King size de las cesiones a los nacionalistas, tanto en su primera como en su segunda legislatura. Entre ellas, la de haber suprimido el servicio militar: a Pujol le reventaban los militares en Cataluña como exèrcit d’ocupació y, a pesar de que no pudo con los comerciantes de Tremp (beneficiados por la proximidad con la AGBS de Talarn), consiguió esto otro.

Pero lo que hay que reconocerle (aunque no les guste a algunos) a Aznar es que sí tuvimos unos años de prosperidad en que atábamos los perros con longaniza y soñamos ser nuevos ricos. Más allá de la burbuja inmobiliaria (durante la cual no oí quejarse a ningún socialista, según se les oye berrear ahora) y de la liberalización del suelo (que no explican lo que es pero machacan como consigna maoísta), hay que recordar que los tuvimos porque en 1998, el año del «examen del euro», cumplíamos los cuatro criterios de convergencia hacia la UEM (unión económica y monetaria), y que Alemania y Francia en aquel año no los cumplían. Y Aznar no se cortaba un pelo en jactarse de ello.

Pasemos al otro lado. Es «normal» que la izquierda cavernícola, troglodita y rencorosa que padecemos le tenga esa rabia apocalíptica y global a Aznar. Pero entre los propios también ha levantado ampollas. Y hay varias razones para ello. Durante la famosa entrevista, Aznar ofreció una imagen del liderazgo que no ofrece Mariano ni queriendo. ¿Por qué? Porque hablaba de algo más que de los garbanzosh. Después de la destructiva etapa de ZP y con un preshidente que «sólo se ocupa de la economía», era importante que un político alzara la voz y nos recordara que no vivimos para contar céntimos o el número de días que trabajamos para el Gobierno sin saberlo ni quererlo. Hacía falta un político que pensara en el interés de todos los españoles, y no sólo en el de su partido, o, todo lo más, en el de la casta.

En segundo lugar, porque en Génova, 13 saben perfectamente que si Aznar volviese realmente a la política activa, medio partido se iría con él de forma inmediata (y posiblemente con Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y Aleix Vidal-Quadras). Muchos militantes no entienden por qué, viniendo de donde viene, el gobierno del PP sigue aplicando la misma política que nos metió en el hoyo: las Administraciones siguen gastando con liberalidad y la fila de parados sube en proporción directa a ese gasto. Naturalmente, los que están en la pomada se cuidan muy mucho de guiñar el ojo al expresidente, no sea que el que “manda” de verdad (Mariano), los excluya de las listas para cualquier tipo de elección (como parece que le va a ocurrir a Mayor Oreja si los pronósticos se cumplen). Pero es que la mamandurria es la mamandurria y para algunos son preferibles los barcos sin honra y los principios marxistas (de Groucho… y tal vez también de Karl, dentro de esos algunos).

La herencia que dejó ZP sigue supurando porque Mariano, en vez de tomar medidas que solucionen el problema apoyado en su mayoría absoluta, busca el pacto y el consenso con los  enemigos de España (izquierdas y nacionalismo), cosa absolutamente incomprensible para los militantes de a pie. Tanto, como el hecho de que a Mas se le siga dando dinero a pesar de saber que éste lo derrochará en sus tonterías identitarias y de que se pasa y se pasará por el forro del arco de triunfo las sentencias y los recursos de inconstitucionalidad que le dicten o le interpongan.

La imagen de firmeza de Aznar, por más que se le puedan encontrar defectos, es lo que a mucha gente gustó (no hablo de los enemigos, por supuesto) de esa entrevista. Y contrasta agudamente con el laissez-faire de Mariano («eshque todavía no ha cometido ningún delito»). Pregúntense ustedes qué pasaría en Alemania si Baviera pillara el mismo resfriado que Cataluña. O en Francia si tal le ocurriera a Bretaña. Lo saben, ¿verdad? Y allí nadie hablaría de ejército de ocupación ni leches en vinagre.

O tal vez se trate de que la entrevista a Aznar nos ha despertado de este Día de la Marmota que parecía eterno y que parecía también que convenía a la casta. Si también es por eso, bienvenida sea esa entrevista. Aquí les dejo el enlace:

http://www.antena3.com/videos/noticias/entrevista-aznar-21-05-2013.html

de Aguador Publicado en PP

¿Partido político o secta?

Original aquí.

 

*Por Ángel Rico

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Las declaraciones de líderes políticos, en la XIX Interparlamentaria Popular, han provocado los presentes comentarios al respecto, que pretenden ser constructivos. La Secretaria General del PP, María Dolores Cospedal, utilizó la seriedad en su discurso de inauguración para parar las opiniones de los responsables regionales que se oponen al “déficit regional asimétrico” que defiende ahora el Gobierno y que supondrá, de hecho, que unos territorios se beneficien más, en detrimento de otros que tendrían que beneficiarse menos. Por tanto las palabras de que –”no es negociable apoyar al Gobierno de Rajoy“—  obligan a releer la Ley Orgánica de Partidos Políticos que en su artículo 6, dice: –Los partidos políticos se ajustarán en su organización, funcionamiento y actividad a los principios democráticos y a lo dispuesto en la Constitución y en las leyes— Por ello, la discrepancia y el debate interno es obligatorio.

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El Presidente de Extremadura, José Antonio Monago, puso los puntos sobre las ies, al manifestar que: –”la diversidad de opiniones dentro del PP en torno a los objetivos de déficit son democráticas, porque el PP es un partido político, no una secta y, por tanto, puede haber discrepancias“— (sic) Y las palabras de Cospedal deben analizarse porque “lo que no tiene que ser negociable” es avisar al Gobierno de Rajoy que si no se cambia el actual rumbo, se provocará un mal, peor que el que se pretende evitar. Por tanto, lo que no debe ser negociable es: –defender los intereses de España, antes que  los de los dirigentes de este o aquel partido político–.

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Es un hecho comentado, sotto voce, que en el seno del PP hay una especie de concurso de jaleadores, –donde unos y otros se miran de reojo para ver quién elogia y pondera más a los dirigentes del PP para, llegado el momento, que el halago y las carocas propias sean más resplandecientes que las de los demás – Tanto rendibú podría estar justificado si, además, dentro del PP existiese un, digamos, –departamento de control de calidad— que se encargase de analizar y hacer constar, para su rectificación, aquellos defectos en el funcionamiento del partido. Pero no existe tal departamento y a aquellos que, desde la lealtad, tratamos de comentar los fallos existentes, para ser reparados, se nos encasilla en el de los enemigos más recalcitrantes.

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Pero sea como fuere, al final la “verdad es la verdad” y Cospedal cuando hace uso de la autoridad de su cargo y la palabra, para coartar la democracia interna, debería ser consciente, por ejemplo, que: –la comunidad autónoma que preside, –Castilla-La Mancha–, tiene un índice de desempleo superior a la media nacional; el PIB de 2012 fue el 1,61% menor que en 2011; y en los últimos datos de comercio exterior queda claro que en esta región no se exporta. Y cuando no se exporta ¿qué es lo que queda? Los halagos, lisonjas, requiebros, piropos, lindezas a la cúpula dirigente, para que estos (la cúpula) se mantenga en la miopía y en el error, mientras que  los ciudadanos tienen que soportar los errores del gobierno miope. Es decir, Cospedal, tiene la autoridad del cargo, pero no la autoridad del ejemplo, sobre todo en lo referido a la creación de empleo. Porque este, el empleo en Castilla-La Mancha, no está, ni se le espera a corto, ni medio plazo.

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Se pronuncien los discursos políticos que se pronuncien, después de la retórica,   los ciudadanos siguen viendo que: –En España hay gobiernos que no cumplen las leyes, ni las sentencias de los tribunales, que con la mayor deslealtad posible, encabezan un movimiento secesionista; que en el seno de sus, carísimas,  embajadas por el mundo, vilipendian a España; que un representante de estos nacional separatistas, preside la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados de España; y además,
reciben de la Hacienda Pública, más dinero que el resto de territorios—  Urge recortar el gasto público, adecuado la estructura del Estado.

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Los ciudadanos piensan que –la distribución de los impuestos no debe ser ordenada entre todos los territorios, sino que, debe ser justa;  que las sentencias no se invocan, se hacen cumplir; que la igualdad en los territorios no debe ser una utopía, sino un hecho tangible. ¿Hace falta recordar los territorios donde tal igualdad no existe?

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Últimamente, algunos cargos del PP han utilizado su voz para pedir que: –no se vote a aquellos partidos que no tengan democracia interna–. La propuesta está bien, surgiendo la pregunta:–¿Mas democracia interna, significa listas abiertas, y primarias? ¿Un militante, un voto? Ningún demócrata podrá estar en contra de tales propuestas; solo se opondrán los “apparátchik” que se apoyan en la estructura partidista establecida, que impide la llegada de nuevas tendencias, oponiéndose a que se aplique la democracia en los partidos políticos, donde debiera imperar la democracia.

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Dicho lo anterior, es evidente, que debe aprovecharse la actual coyuntura para mejorar la actividad política, haciéndola más democrática y más transparente; donde primen los resultados políticos, más que las letanías de adulaciones, para desempeñar un cargo de responsabilidad política. Eso es lo civilizado, no apoyar sin justificación razonable, los desvaríos gubernamentales que mantienen a la sociedad civil al borde de la asfixia, mientras la casta política gobierna de espaldas a las necesidades de los ciudadanos, con el insaciable ministro Montoro, pidiendo más y más impuestos.

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Cuando los participantes en la mencionada Interparlamentaria vuelvan a sus circunscripciones, a curar su ronquera, de tanto ¡olé, olé, olé, olé, olé! Los votantes estarán buscando a alguien, que piense más en los ciudadanos, que en la casta política imperante, para otorgarle su voto en la próxima ocasión; para que los instrumentos que se utilicen en el inmediato futuro  para hacer política sean “partidos” en lugar de “sectas”.

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…He dicho!

Comisiones

«Bueno, este… yo me tengo que ausentar porque he de seguir defendiendo
a esta gran nación en otro campo de batalla…»

Me hacen mucha gracia las noticias que salen en los medios de comunicación acerca de las comisiones de investigación. Se anuncian con todo bombo y platillo por parte del partido en la correspondiente oposición (nacional o autonómica). «¡Esto es una inmoralidad! ¡Vamos a pedir una comisión de investigación que se va a cagar la perra!», vocean algunos. Luego, claro, si el partido gobernante tiene mayoría absoluta, no necesita a nadie más para negar su constitución. Sigue leyendo