Luis María está gagá

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Decididamente, Luis María Ansón está gagá. O eso, o es que se ha dado un golpe en la cabeza. Difícilmente se puede llegar a otra conclusión tras leer la «Canela fina» que ha perpetrado hoy en El Mundo, cantando las alabanzas de Jordi Pujol.

Empecemos por el principio, Luis María:

Desde que el dictador Franco le encarceló, he seguido a Jordi Pujol con admiración por su seriedad personal, con reconocimiento a su sólida formación intelectual, con asombro ante su pasmosa habilidad política.

Pero vamos a ver, hombre de Dios. Primero, llamas «dictador» a Franco porque una vez te secuestró una edición del ABC verdadero, como tú le llamas. Caben muchas luces y sombras en 39 años, pero tú, naturalmente, sólo te acuerdas del palo que a ti te pegaron. No acaba ahí la cosa: no contento con ello, abundas más en la idea: ¿«Seriedad personal»? ¿«Sólida formación intelectual?» ¿«Pasmosa habilidad política»?

Ahórrate los calificativos, Luis María. Perdió la «seriedad personal» cuando echó a patadas y de malos modos a Josep Tarradellas, presidente del ente preautonómico catalán en 1980, ganadas las primeras elecciones libres en Cataluña. Que Tarradellas sería todo lo que quieras de ERC, pero sobre todo y en aquellos años, mostró la mesura y la ponderación que siempre se han alabado de los catalanes. Fue, en todos los sentidos, un señor. Probablemente si viera en qué han convertido ERC sus sucesores, le entrarían unas irreprimibles ganas de vomitar.

¿«Sólida formación intelectual»? No, Luis María. Pujol, como todo niño bien de su época, asistió al Colegio Alemán de Barcelona, donde no le enseñaron solamente catalán, como se hace ahora en Cataluña gracias a él, sino español y alemán, natürlich. ¿Pudo ser allí donde se contagió del racismo que bastantes años después mostraría en algunos escritos, hoy difícilmente encontrables y censurados cuando se encuentran? Añadamos su carrera de médico, que por lo menos le otorgó el sentido común de nombrar siempre a un médico como conseller de Sanitat.

Y en cuanto a «pasmosa habilidad política», más bien habrá que referirse a varias cosas. Cuando él llegó a la Generalitat, Cataluña estaba «por hacer». Fue él quien construyó una Generalitat a su imagen y semejanza, rompiendo posteriormente el molde y provocando que quienes le siguieran no pudieran hacer otra cosa que mantener el statu quo. De hecho, el «3 per cent» ha sido un vicio relativamente pequeño, comparado con otros que le inoculó, y que han llevado a Cataluña a formar en el furgón de cola de las regiones españolas, comparada su situación con la de 1978.

En última instancia, su «pasmosa habilidad política» se reduce a haber sido capaz de chantajear a todos los gobiernos que en Madrit han sido —lo cual da idea no sólo de la inanidad sino de la enanidad de éstos—, pasando factura cuando éstos aceptaban el chantaje o creando un enemic exterior cuando no se accedía a pagar esa factura. ¿Y en qué consistió la factura? Muy simple: en permitir a Pujol y su banda convertir Cataluña en la corralina que es, lanzándola cuesta abajo desde la efervescencia cultural de los años 70 al triste y gris panorama del procés actual y a la Cataluña del editorial únic.

Tiene gracia, Luis María, que digas esto:

Otra gallina cacarearía en el corral de la política catalana si tuviéramos al frente de aquella Comunidad Autónoma al Pujol de los años 80.

Si hubieras vivido en aquellos años en Cataluña, Luis María, sabrías de sobra que en el «corral de la política catalana» de entonces no cacareaba otro gallo más que él. Las gallinas que cloqueaban lo hacían con su estricto permiso. Y la gallina que no pedía permiso para abrir el pico era expulsada sin contemplaciones de la corralina. Puedes preguntar en Madrit a muchos escritores y artistas catalanes que tuvieron que emigrar para poder sobrevivir lejos del manto pestilente del nacionalismo.

Naturalmente que Pujol contribuyó a la gobernabilidad del Estado. Por citarte dos ejemplos: fue él quien en 1993 introdujo, vía Felipe González, los contratos basura para jóvenes, esos contratos que en Francia hubo que retirar porque todo el mundo salió a la calle para protestar contra ellos —y aquí nadie dijo ni mú; ni siquiera los sindicatos, que ya es decir—. Y en segundo lugar, fue él quien en 1998 exigió a Aznar que eliminara el servicio militar (ya que no pudo eliminar la AGBS porque todos los comerciantes de Tremp se le echaron encima y le dijeron que si se quitaba la AGBS nunca más le iban a votar), algo que ha hecho muchísimo daño a la defensa nacional. Y Aznar, que en ese momento no se podía permitir una moción de censura, cedió.

Hablas de «servicios a España», Luis María. No te estarás refiriendo a que impidió que en Cataluña echara raíces una banda terrorista como la ETA en Vascongadas, ¿verdad? Porque si te refieres a Terra Lliure, es verdad que lo cortó de raíz. Pero no tanto por el interés general de España y los españoles, sino por dos motivos menos nobles: primero, porque alentar una banda terrorista en tu propio territorio sale carísimo (es decir, el primer no interesado era él); y segundo, porque eso hubiera ahuyentado sin dudarlo la porrada de millones que caía en Barcelona a cuenta de la próxima celebración de los JJ.OO de 1992. I la pela és la pela i el negoci és el negoci.

¿Y qué es «lo que aconseja la objetividad», Luis María? Aconseja observar que durante 23 años él fue el cacique absoluto de Cataluña, mientras en Madrit le reíais las gracias y le nombrabais cofrade de esto y de lo otro. Y él sonreía encantado de que os dejarais engañar tan bien. Y que si no vamos a hablar de la mama —más peligrosa que él, por cierto— y de los hereus, ni del padre, Don Florenci, de herencia desconocida pero sí conocido —y de antiguo— de la policía franquista por evasor de divisas, al menos no digas que aconseja «tratarle con el respeto que su nivel político y sus servicios a España exigen».

Yo no sé por qué has escrito estas barbaridades, Luis María. ¿Pretendes acaso que olvidemos que en 1984, el año orwelliano por excelencia, concediste a este espécimen el premio ABC al Español del Año, nada menos? ¿Crees que nos chupamos el dedo, Luis María, y que no sabemos que este espécimen, al igual que Ana Sagasti y otros especímenes que sería ocioso mencionar aquí, son españoles previo pago? ¿Y que, siéndolo previo pago, podrían ser igualmente nacionales españoles que de la Mongolia interior?

Lo que no es un «ejercicio intelectual serio», Luis María, es dejar de decir lo que uno conoce bien y dejar de usar el cerebro. No nos tomes por tontos, por favor. Ya lo hacen bastante los políticos. Y no vamos a dejar de decir que el Rey está desnudo cuando efectivamente es así, en vez de humillarnos y lanzar el botafumeiro. Claro que cuando en el camino al sillón «de la Real Academia Española» uno tiene de cortejo a Janli Cebrián, director que fue de los Servicios Informativos de la TVE del «odiado dictador», cualquier cosa es posible. Si hubiera sido mi caso, hubiera preferido de cortejo a A Santa Compaña. Hubiera sido menos horripilante.

¿Qué habéis hecho con nuestros hijos?

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Dado que los peperos y sus palmeros no debaten más que de «economía», hoy quiero traer a su consideración un tema que normalmente no aparece en los debates, ni del estado de la canción ni, por desgracia, de otro tipo. Es un tema fundamental y quizá por eso no se presta al pim-pam-pum de hunos y hotros.

Así que ahí va la pregunta que reza en el titular, O más exactamente: ¿qué os hemos permitido hacer con nuestros hijos? Porque sin duda, la primera responsabilidad en la educación de los hijos es de los padres. ¿Y dónde han estado los padres? Ausentes totalmente. Unos porque la rutina diaria (utilizada contra la institución familiar) no les ha permitido ocuparse de ellos y otros porque han sido apartados brutalmente por las instituciones.

¿Cuál ha sido y es la misión de la educación en España? Segregar a la futura población en dos clases: la élite y el rebaño. Desde que en 1983 José María Maravall pronunciara aquella terrible frase de «Hay que secuestrar el alma de los niños», el proceso que se ha seguido ha perseguido única y exclusivamente esa finalidad. El Estado socialdemócrata del Bienestar ha orillado a los padres una y otra vez, al efecto de que no supusieran una interferencia en dicho proceso. El resultado, por ahora, es que en España ya hay dos generaciones de idiotas funcionales, que no conocen la lista de los reyes godos (por franquistas) o los afluentes del río Segura por la derecha (eso es geografía española fascista), pero que sí son muy concienciados (o concernidos, como dice algún tertuliano idiota y pedante por ahí) con el medio ambiente o la igualdad.

Centrándonos en el rebaño, les recomiendo muy encarecidamente el libro de Mercedes Ruiz Paz (apenas 150 páginas) titulado La secta pedagógica, en el que explica con detalle varios temas: la usurpación de las funciones del profesor por el psicopedagogo, trasunto de comisario político, la letal educación que se proporciona a los jóvenes en las CC.AA. nacionalistas desde que se les transfirió (gracias, Aznar) la competencia sobre educación, que hubiera debido quedar como exclusiva del Estado y ser absolutamente intocable; y en tercer lugar, el fracaso absoluto de la comprehensive school importada de Inglaterra, en la que todos los alumnos son igualados desde abajo y el que quiere destacar es un fascista, un elitista y un antidemócrata. Porque sepan ustedes que no hay que destacar «para no ofender a los compañeros (y compañeras) menos dotados». Ni mucho menos estimular el esfuerzo y premiar el sacrificio. No es de extrañar que se manifiesten con tanta saña contra el homeschooling: nadie debe escapar de la centrifugadora socialdemócrata.

Y sepan ustedes que es lamentable. Es lamentable que diez años después de su edición debamos citar el libro de Mercedes Ruiz Paz para decir que el estado de la cuestión sigue sustancialmente igual. Sigue importando más que el chaval «progrese adecuadamente» en vez de que aprenda algo verdaderamente útil. Sigue importando más, en suma, lo que Larra denunciaba hace ya doscientos años con su gracejo habitual: esa ignorancia atrevida y chulesca de la que hacemos gala los batuecos cuando nos ponen el espejo y vemos nuestra imagen.

Hoy las cosas no han mejorado mucho. Tenemos un ministro miedoso, que gracias a los traspasos educativos, no puede dar un paso sin consultar a las CC.AA., que encima son las que le dicen cómo tiene que llevar el ministerio. Dejemos aparte el hecho de que a la consellera Rigau debían haberla crujido y juzgado por delito de desobediencia a los Tribunales. Prácticamente en todas las CC.AA. bilingües se padece la imposición totalitaria de la segunda lengua en detrimento de la primera, que es el español. Pero eso no le importa al ministro. Lo que le importa es, según la venerable consigna mariana, tener la fiesta en paz.

Volviendo al rebaño, gracias a esas dos generaciones LOGSE tenemos hijos LOGSE, nada interesados en aprender y rápidos en señalarte con el dedo si no te has enterado de la última gilipollez que ha dicho Belén Esteban. Sí, esa señora que se levanta entre 50.000 y 60.000 euros al mes por poner cara de asco y ser observada durante veinticuatro horas en una casa llena de cámaras.

«Nadie» es culpable de eso. La tipa, porque se lo pasa pipa. La cadena de televisión porque, ¿quiénes son ellos para discutir el buen o mal gusto de la gente? Ellos «dan al pueblo lo que éste pide». Y «el pueblo» (masa borrega), porque quiere entretenimiento completo. Nada que cueste esfuerzo, ¡que ya se esfuerza uno por mantenerse en un trabajo de mierda por un sueldo de mierda a las órdenes de un jefe de mierda y rodeado de compañeros de mierda, oiga! No me den la brasa y no me hagan pensar: sólo quiero divertirme.

¿Dirían que muchas personas que pensaran así forman parte de una nación enferma? Si su respuesta es afirmativa, les lanzo otra pregunta: ¿a quién creen ustedes que beneficia que tengamos esta ciudadanía estabulada y alienada?

La educación es el futuro. Un país que no cuida su educación (y no digamos su demografía) está abocado a la desaparición. Gracias a Mariano y a su cuadrilla por continuar la obra destructora de ZP. Y gracias también por no mencionarlo como uno de los problemas más importantes de la Nación en el debate que supuestamente iba a tratar de eso, del Estado de la Nación.

Y ahora, los peperos y sus palmeros pueden seguir hablando de economía

Rumore, rumore

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Créanme ustedes que es una lástima que la corrección política por un lado y la censura por otro impidan escribir y/o subir a los escenarios sainetes o culebrones con los episodios más chuscos de la política española —que desde que estamos en democracia, unos cuantos, oigan— Tendríamos para reírnos durante una buena temporada. Del último hemos tenido noticia ayer. Pedro Sánchez, dando un glorioso puñetazo en la mesa, ha borrado de un plumazo a la ejecutiva del PSM y ha decidido que se constituya una comisión gestora. De este hecho, que dará para unos días —afortunadamente para unos y para otros no—, surgen varias preguntas.

Primera, ¿por qué ahora, justo tres meses antes de las autonómicas? Las voces críticas dicen que no está bien que el espadón de Mojácar haya propinado semejante mandoble a la FSM y que lo haya hecho «en base únicamente a un rumor». Me da la risa: justamente aquellos que poco menos que entronizaron el rumor como fuente del Derecho y le dieron carta de naturaleza como modo de iniciar un proceso penal (siempre que se tratara de otros, claro), se quejan ahora de que «la Justicia no se ha pronunciado aún» sobre el asunto del tranvía de Parla. Dicho tranvía, que los parleños no necesitaban, ha costado la friolera de 153 millones de euros sobre un presupuesto inicial de 40 millones, de los que no se sabe aún a qué manos han ido a parar determinadas cantidades distraídas. Aunque eso sólo es una parte del agujero que dejó Gómez cuando saltó de Parla a la ejecutiva del PSM, que  si no voy equivocado, llega hasta los 300 millones.

Una primera respuesta es que, teniendo tanto por donde cortar, Pedro Sánchez ha empezado por lo cercano. Se vislumbran a nuestro entender dos motivos: el primero, que ninguna de las caras conocidas del PSM tiene nada que hacer contra Ignacio González en la CAM o contra Esperanza Aguirre si finalmente es designada por el garrulo de Mariano como alcaldable por Madrid. Madrid es inexpugnable, a pesar de que ZP la castigara con partidas presupuestarias «para vigilancia de playas y costas» en 2010.

El segundo, que no quiere ser Borrell II: las bases le quisieron, pero el aparato, al ver que no salió su candidato (Madina), empezó a segarle la hierba bajo los pies. De ahí la sobreactuación del secretario general, de quien empiezan a decir que puede que no coma las uvas en Ferraz. Así, pues, necesita ejercer una autoridad que todavía no le han reconocido quienes le eligieron porque piensan que es un pipiolo; pero al parecer se ha pasado de frenada.

La tercera y tal vez no menos importante, que Pedro Sánchez siente en el cogote el aliento de los Pablemos boys. Éstos, a lo que se ve, aspiraban a convertirse en la referencia única de la izquierda, aunque empiecen a tener «más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela». Se han comido a IU en Madrid (#gracias_Tania) y ahora van a por el PSM. La debacle, no obstante está anunciada y veremos si salvan todos los muebles o les van a dejar sin mesa en la que comer (y rumiar su fracaso).

Faltaría una razón, tal vez: que se tratara de un mandoble propinado por mano interpuesta. Rubalcaba será todo lo profesor de química que él quiera, pero aún tiene mano y contactos en la Policía. Y puede ser él quien haya sostenido y dirigido la mano del espadón de Mojácar. Sería una última venganza de nuestro petit Fouché, a quien nunca le gustó el culturista de Parla. Aunque no podamos estar por supuesto seguros, si fuera así a un servidor de ustedes no le extrañaría.

En Madrid los ánimos están exaltadísimos: las vacas sagradas y a su frente Maru Menéndez, la flecha, se habían resignado a ser cómoda oposición, y ahora se ven de patitas en la calle. Todos juntos truenan algo parecido a «esto no va a quedar así, no sabes con quién te has metido». Un poco al estilo de Emilio Aragón, de cuando los buenos tiempos: «Nosotros somos el PSM y tú no lo eres». El asunto promete estar entretenido, tanto más cuando el hermano Gabilondo ha aceptado ser candidato en lugar de Fostiatus. Nunca habíamos visto a Maru Menéndez tan cabreada, echando un discurso sin papeles y hablando con fluidez y verbo rotundo. Para recordar algo parecido hay que retrotraerse a los tiempos de Juan José Güemes y su progresí.

Desde el palacio de San Telmo, por su parte, no se oye ná. Silencio absoluto. La patrona deja claro que no se mete… pero con su silencio apoya a los rebeldes. Bastante fregao hay en Sevilla: Susana debe vigilar para que Alaya no le deje sin colaboradores y aun socios de gobierno. Así que tiene un ojo puesto en la Junta y otro en Ferraz,

No tengo el don de la profecía. Pero si se me permite, en mi opinión preveo una larga marcha, un largo peregrinaje por el desierto del partido que aún se llama PSOE. El batacazo servirá, no obstante, para que los trepas, mediocres y lameculos se bajen del «caballo perdedor» que es ahora mismo el PSM. Si se irán a su casa o con Pablemos da igual. Tomás Gómez volverá al gimnasio y posiblemente mejorará sus marcas, lo cual será un gran consuelo para la humanidad en general y para sus correligionarios en particular, sobre todo si lo hace en Alcalá-Meco. La socialdemocracia entendida como voto clientelar está viviendo horas muy bajas y ya nadie quiere eso, sabiendo como sabe que es esclavo y que lo que a uno le dan es porque se lo han quitado a otro.

El carajal, de momento está servido. Tráiganse la silla y las palomitas.

Sopakonondas (y III)

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Reacciones


Por supuesto, los peperos apocalípticos se han lanzado al ataque en las redes sociales. «Ya veréis… Tsipras va a llevar al desastre a Grecia… uuuuuuuhhh qué miedo… Hay que votar al PP si no queremos ir al desastre». Partiendo de la base de que Syriza y Pablemos no son en principio comparables, me apena que ese miedo haya hecho mella en el ánimo de personas básicamente sensatas.

Ítem más, Génova se ha lanzado también al ataque institucional. Más allá del vídeo que han puesto en circulación comparando a Mariano con «la señora del Avon» (si me ocurriese a mí no le abriría la puerta), más sustanciosas son presuntamente las facilidades que pretende dar Montoro a la economía, el caballo de batalla del PP (que hoy, mirado a ras de suelo, parece más bien mula renca). El truco de esas medidas es que se proponen hoy… pero tendrán eficacia el año que viene. Que es lo que vienen prometiendo desde 2013.

Pero la reacción más curiosa a ese respecto ha sido la de Ferraz. Por boca de una representante de la vieja guardia zapaterista, la Trujillita, se esfuerzan y se desgañitan en afirmar que «ellos no son el PASOK español». Si no fuéramos malpensados, diríamos que eso no tiene que ver con el descalabro electoral del otrora poderoso partido de los Papandreou, ni que por eso mismo niegan toda proximidad ideológica con éste. Y que tampoco tiene que ver, suponemos, con las magras expectativas electorales del PSOE a nivel nacional, empujados por un partido como el de Pablemos.

En cualquier caso, como hemos dicho siempre, no se dejen ustedes llevar ni por el voto del miedo, ni por el del cabreo. Optar por uno o por otro es optar porque les den pan (o medio pan, o nada de pan) y además les llamen tontos. A diferencia de lo que ocurre en Grecia, hay más opciones y no deben ser remisos en revisar programas y ver cuál es el que les convence más, más allá de los partidos del consexo.

De no ser así, sí que puede ser que nos den sopas con ondas a todos.

Sopakonondas (II)

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Transposición

La pregunta del millón para nosotros es ahora si se puede transponer lo ocurrido en Grecia a las Batuecas. Mi respuesta es no, pese a que algunos hablan de precisión milimétrica. O sí, pero con diferencias significativas.

Ahora mismo hay una diferencia fundamental, para empezar: Tsipras es un griego que no se avergüenza de ser griego. Grecia es un país que ahora mismo está en el Tártaro socioeconómico, pero eso no le impide a Tsipras sacar pecho y decir que pese a todo, él es griego. Si lo comparamos con Pablemos… bueno, la comparación cae por su propio peso. Al lado de Tsipras, Pablemos y su gente parecen unos zascandiles de cuarta y poco más. Sin ir más lejos, en la manifestación de ayer se vieron banderas republicanas (cómo no), banderas rojas con la hoz y el martillo (cómo no), banderas griegas (¿eeeeh?),,, y ni una sola bandera española oficial. Gracias, casta, por educar al pueblo en el antipatriotismo. O por haberlo permitido (gracias también, PP). Después de ZP, a la casta política batueca tiene dificultades notorias para pronunciar la palabra «España» y prefiere sustituirla por la no menos tradicional Estepaís, conocida por lo menos desde Larra.

Eso nos lleva a otra afirmación dentro del mismo punto: a diferencia de Pablemos, Tsipras no ha pactado con filoterroristas (Herrira) ni con grupos que amenacen la soberanía griega con aspiraciones independentistas (representados en la formación podemita por Gemma Ubasal). Pablemos no sólo no tiene problema en hacer ambas cosas sino que además se ha pasado por la piedra a Enric Martínez, candidato a primarias en Cataluña. El señor Martínez ha cometido dos imperdonables errores: acudir a dos tertulias fachas (Sin Complejos, de Luis del Pino y La Marimorena de Carlos Cuesta) y además, defender la unidad de España, ambos gravísimos pecados contra el Padrecito. Ni siquiera le han dejado presentarse, que tiene narices la cosa en un partido que pretendía agitar la bandera de la regeneración. Nada tiene de extraño cuando recordamos que la Constitución es para ellos ese papelucho y que por tanto su art. 6 no vale absolutamente para nada.

Segunda e importante diferencia: ni a Tsipras ni a ninguno de los miembros de su nuevo gobierno les han encontrado pifias. A Pablemos y su banda, en cambio, ya les han encontrado varios expedientes X. Actuaciones que no pueden explicar, dineros que no pueden justificar y facturas que «no pueden enseñar sin permiso» (¿mande?). Y todo ello antes de tener verdadero mando en plaza, porque bien se puede decir que en la República Bolivariana de Somosaguas (aka Facultad de Políticas de la Complutense) son los putos amos, gracias a Carrillo II. Así que no quiero pensar en lo que ocurriría si estos señores llegaran a manejar el BOE.

Sopakonondas (I)

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Por fin han ocurrido las elecciones griegas. La casta política europea y las subcastas nacionales estaban pendientes de ella, por interés propio, y el tema corría el peligro de convertirse en el tema del mes. Vamos a ir por partes, como siempre.

Lo primero, la previsible victoria de Syriza, a cuyo frente está el comunista confeso Alexis Tsipras. Dicho partido ha arrasado con todo lo que había anteriormente, incluso con el bienintencionado Samaras. Esto ha puesto de los nervios a muchos, que auguraban una catarata de desgracias y penalidades sin cuento durante la campaña electoral a quienes votaran a Tsipras. Como dice D. Luis del Pino, rebasado cierto punto el argumento del miedo no tiene ninguna eficacia. Después de haber soportado a una casta ladrona durante treinta años (empezando por los Papandreou, padre e hijo), los griegos querían algo diferente porque pensaron que no podían estar peor y que en adelante sólo podían mejorar.

En segundo lugar, se ponen de manifiesto las «diez mil leguas de mal camino» que hay entre teoría y práctica, o entre mítin de campaña electoral y el diario oficial correspondiente. Tsipras prometió que «no iban a pagar la deuda», y poco menos parecía que iban a salirse del euro, «lo cual iba a ser una desgracia no sólo para Grecia, sino también para la UE». Así que nada más ganar las elecciones, Bruselas se pone en contacto con el nuevo Primer Ministro griego y le dice: «Serás todo lo comunista que quieras; pero a tu país le prestamos un dinero y vas a tener que devolverlo. Nos da igual que tus antecesores lo malgastaran a espuertas. Ahora estás tú y te lo exigimos a ti. Los compromisos se han de cumplir». Respuesta curiosa de Tsipras, en dos tiempos. Primer tiempo: «No vamos a negociar con la troika (traducción: con unos funcionarios de tres al cuarto y de nivel insuficiente para un Primer Ministro de una nación soberana)… pero estamos dispuestos a hablar». Segundo tiempo: «Reconocemos el compromiso (la deuda), pero dennos tiempo para empezar a estructurar un plan de pagos».

En tercer lugar, Tsipras se ha apartado de la ortodoxia comunista al pactar nada menos que con unos nacionalistas de extrema derecha (Griegos Independientes) para poder formar gobierno. Lo suyo hubiera sido haber pactado con el PASOK, que es de la misma familia… pero es un pacto que ningún griego le hubiera perdonado jamás.

De manera que, por ahora (remarco lo de «por ahora»), lo único reprochable a Tsipras son dos cosas: la primera, que no jurara su cargo en forma religiosa. Cosa con la que podemos estar de acuerdo o no, pero que es lógica en un señor que se dice comunista, por más que haya intentado camelarse al patriarca de Atenas prometiéndole poco menos que leche y miel en las relaciones Iglesia-Estado. Y lo segundo, que no haya ninguna mujer en su nuevo Gobierno (¡pecado de leso feminazismo!). Pero da la casualidad de que fuera de Grecia están más preocupados que dentro. Y curiosamente, las de la «paridad» están muy calladitas, en línea con ese «silencio selectivo», que sólo se desactiva «cuando toca».

Posiblemente y aunque ya hay quien no le concede los cien días de gracia, Tsipras sea más griego que comunista. Y ésa, tal vez, sea su mayor ventaja.

Je ne suis pas Charlie Hébdo (y V)

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¿Qué hacer?

No vamos a caer en el populismo de proponer soluciones sencillas a problemas complicados, como ese parroquiano de bar —también de red social— que abunda mucho y muestra mucha adrenalina y pocas luces. Alguien que afirma enfáticamente «Yo esto lo arreglo en cuatro patadas». Añádase un juramento y/o un puñetazo en la barra, según los casos.

Sin pretensiones, pues, de «arreglarlo todo en cuatro patadas», intentaremos responder a la cuestión implícita en las entradas anteriores: «Sí, mucho criticar, ¿pero qué propone usted?». Ahí va mi propuesta.

De puertas adentro

En primer lugar, Europa debe recordar quién es y por qué existe. No se trata de remontarnos a los años del pacto entre Adenauer y Schuman, sino bastante más atrás. Se debería recordar —también en las escuelas— que Europa, como entidad, se formó contra el Islam. En sus fronteras occidentales, porque en España el rey asturiano Pelayo decidió que no quería vivir bajo el yugo ni las costumbres musulmanas y porque Carlos Martel frenó en seco en Poitiers el avance musulmán hacia el centro de Europa. Gracias a él los alemanes no han sabido qué es convivir al lado del Islam hasta que en fechas relativamente recientes han llegado los turcos. Y en sus fronteras orientales, griegos, húngaros, búlgaros y rumanos se las tuvieron muy tiesas con el imperio otomano. Ahí está el rumano Vlad Dracul, llamado el Empalador porque empalaba turcos como churros. Y no precisamente como deporte, sino como defensa ante las continuas incursiones otomanas.

En suma, abogamos por un rearme moral de Europa: no tanto por «recordar quienes fuimos» (agua pasada no mueve molino) sino para que no nos obliguen a dejar de ser quienes somos. Sería interesante que esa «Unión Europea de mercachifles» y de principios vendibles al mejor postor recuperara un poco de la dignidad pasada que predica a sus ciudadanos al mismo tiempo que la conculca en sus trastiendas (la más significativa, África). No me vale esa casta política europea que ha convertido el ¿gobierno? de 350 millones de personas en una continua querelle des buffons por ver quién va al frente del desfile, cuando no entona el qué hay de lo mío.

Y, sintiéndolo mucho pero así es mi opinión, ese rearme moral sólo es posible recristianizando Europa. A la religión-sistema sociopolítico islámico sólo puede enfrentársele el cristianismo en el plano de las creencias. Vean ustedes que cuando la Alemania nacionalsocialista invadió la URSS en 1941, Stalin tuvo que dejar a un lado el «proletarios de todo el mundo» y el ateísmo comunista rampante. Tuvo que apelar a la eterna «madre Rusia», que no era otra que la de la religión (ortodoxa) y tuvo él mismo que convertirse en un icono por el cual matar y dejarse matar (lo que después se denunció como «culto a la personalidad» y que no es más que otra forma de idolatría contradictoria con el ateísmo oficial). El hedonismo-nihilismo actual nos lleva hacia la nada y nos deja inermes frente a un enemigo moralmente superior debido simplemente a que tiene un por qué, tal y como dijo Nietzsche.

De puertas afuera

De puertas afuera es otro cantar. Que la UE es la «Europa de los mercachifles» tiene su prueba palmaria en el principio no escrito de first is business. Hacemos negocios con países musulmanes a los que los derechos humanos les traen al pairo e hipócritamente decimos: «No es personal, son los negocios. Lo que hagan ellos en su casa es asunto suyo». Es decir: en Francia «somos todos Charlie», pero en Arabia Saudi no somos Raïf Badawi, ni siquiera en nombre de la tan cacareada liberté d’expression.

Compramos su petróleo y dejamos que poco a poco se vayan apoderando de nuestros iconos, deportivos o de otra clase, Por si faltara algo, nuestra prensa, presuntamente independiente, es descaradamente favorable a los intereses árabes en perjuicio de los israelíes. En nuestra demediada televisión pública el tratamiento que reciben las noticias de «Oriente Medio» es vergonzoso. Bien es verdad que el conflicto ha llegado a un punto en que es difícil saber quién es víctima y quién no (yo diría que lo son los que en ambos bandos sólo desean vivir en paz y ver crecer a sus hijos libres de misilazos y de terroristas suicidas). La última genialidad de la UE ha sido eliminar, a través del TJUE, a Hamás de la lista de organizaciones terroristas. ¿En qué estarán pensando?

Para mí, pues, un asunto fundamental sería dejar de depender energéticamente de ellos. Ya sé que es ciencia ficción; pero hay posibilidades. Otra cosa es que el entramado de intereses alrededor del oro negro haga imposible este camino. Camino sembrado de patentes compradas por las grandes petroleras, por ejemplo, de automóviles que funcionan a base de electricidad u otra clase de combustible no petrolífero. Se deberían potenciar esas vías de investigación que nos libren del chantaje a que se nos somete por parte tanto de esos países como de esas empresas.

En segundo lugar, atender al criterio de reciprocidad religiosa y cultural. Ellos castigan prácticamente con la muerte lo que ellos llaman «proselitismo» y la «apostasía» y, en consecuencia, no permiten que se construyan centros de culto en su territorio. Nosotros deberíamos hacer lo mismo, pero siguiendo la máxima de John Locke: «Hay que ser tolerantes con los tolerantes e intolerantes con los intolerantes». Der Multi-kulturalismus ist tot.

Quizá podríamos seguir. Pero ya la plancha va demasiado grande y con las sugerencias que se dejan ya podrán hacerse una idea. De momento nos va el bolsillo. En un futuro no muy lejano nos puede ir la vida.