Vamos a hacer una ley (y III)

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Para concluir esta serie, permítanme una larguísima, pero al mismo tiempo esclarecedora cita de por qué ciertos asuntos, empezando por aquellos a los que se refiere, pasando por el de Rato o Chaves-Griñán y terminando por todo el asunto de los Pujoles y CDC, que es en lo que estamos ahora, van por los carriles que van.

Los casos notorios de corrupción o de irregularidades de comportamientos se cuentan por millares y, a pocas indagaciones que se hiciesen, ascenderían a docenas de miles y, sin embargo, la mayoría quedan impunes. ¿A qué se deben entonces las escasísimas condenas que se producen? Pues desde luego no a la irregularidad de los asuntos sino a razones políticas o a ajustes de cuentas que se sirven cínicamente de los jueces para conseguir sus objetivos. No se sabe, en consecuencia, qué es más grave: si la abundancia de casos que no se persiguen o la rareza de los que se castigan.

Piénsese en lo que sucedió con Mariano Rubio, el tristemente famoso director del Banco de España. Su comportamiento era público y, no obstante, tolerado por el Gobierno hasta que llegó una coyuntura política que aconsejaba «dar la impresión» de que se estaba haciendo justicia, y más con los poderosos. A tal efecto, de la noche a la mañana, se desbloquearon los frenos del expediente y el señor Rubio —después de haber sido humillado ante las cámaras de televisión— fue a dormir entre rejas. Ahora bien, una vez conseguido el objetivo moralizante, regresó a su casa y se descubrió que buena parte de los delitos imputados ya habían prescrito.

El caso de Pascual Estevill no es menos escarnecedor. Hasta el último abogado de Barcelona, y buena parte de sus empresarios, conocía las prácticas delictivas de este juez y, sin embargo, no sólo se detenían las denuncias que contra él se presentaban sino que por recomendación de un político-abogado catalán (Joan Piqué Vidal, abogado de la famiglia), hecha suya por un partido nacionalista al que nada se escapa de lo que allí sucede, fue promocionado al Consejo General del Poder Judicial. La estupefacción que produjo tal nombramiento fue mayúscula; pero no pasó nada hasta que, sobrevenida una coyuntura política en la que interesaba poner en evidencia al partido indicado y a sus socios, se «descubrió» el escándalo y en un tiempo también brevísimo se desbloquearon los frenos del proceso y el señor Pascual Estevill dio con sus huesos en la cárcel ante una opinión pública desconcertada por el hecho de que con indicios delictivos al parecer tan notorios, eso no hubiera sucedido antes. Y sobre todo: ¿por qué en ese momento preciso? ¿Quién aflojó el freno y por qué razón? Pero ¿es que la Justicia puede bloquearse cuando interesa? Así parece y así es.

Alejandro Nieto, La «nueva» organización del desgobierno, p. 211,

7ª impresión, 2010

Sólo nos queda una pregunta: ¿qué pueden saber en CDC de trapos sucios del PP en Cataluña que impiden que el Gobierno de Rajoy siente la mano con la debida contundencia, más allá del carácter necesario de la participación de los independentistas en el consexo socialdemócrata para la gobernabilidad del Estado? Sólo así se pueden entender ciertas danzas, contradanzas y otras malas costumbres que imperan desde 1978. Malo cuando el ritmo judicial se ajusta demasiado al político.

Resumiendo: no son necesarias más leyes, sino más voluntad para cumplir y hacer cumplir las que ya se han promulgado. Una vez más, el consexo socialdemócrata nos toma por tontos.

Vamos a hacer una ley (II)

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Hagamos pues, una ley. ¿Quiere eso decir que en este momento no hay instrumentos legales suficientes para actuar contra Mas y su banda? Claro que los hay. Como expresa Ignacio Gomá, tenemos el art. 155 CE y diversos artículos del Código Penal, como el 410 respecto del incumplimiento de las resoluciones judiciales. No se puede, en cambio, de hablar de sedición aún, porque ésta exige «alzarse pública y tumultuariamente» (544 CP), cosa que aún no ha sucedido. Para ello, Mas debería sacar a pasear las tanquetas de los Mossos por la Diagonal y establecer el toque de queda militar, al modo de Milans del Bosch en Valencia el 23-F. Pero ya se cuidan ellos de no llegar a este punto.

El frente administrativo judicial no avanza a un ritmo más rápido. Para empezar, contemos los pasos: hace dos años L’Avi II confesaba públicamente que durante treinta y dos años había sido un ladrón. Da igual si lo hizo para acallar su conciencia —dudoso— o para proteger a la famiglia —mucho más probable— y evitar en lo posible que sus hijos oliesen los barrotes. Que al parecer podrían todos. Sin embargo, sepan ustedes que es notoria la diferencia entre Juan Español (o Joan Català) y un hijo de Pujol. Si Juan Español está en situación de cometer  y comete un delito de apropiación indebida, delitos societarios varios e incluso evasión y blanqueo de capitales, lo primero que se hace es retirarle el pasaporte y bloquear sus cuentas a medida que la investigación policial avanza, así como atornillarle (dentro de la ley, por supuesto), para que confiese.

Pero si uno tiene suerte y es hijo de Don Giorgio, no le pasará absolutamente nada. Todo lo más, que tendrá que ir a declarar ante el Parlament, o sea ante unos señores de quienes Papi sabe muchos trapos sucios o, porque son recién llegados, se les puede tapar la boca con un «ustedes no saben nada porque son nuevos en la plaza». Sobre todo si Papi ya tuvo que declarar ante ellos y además acabó abroncándolos (tots muts i a la gàbia, increíblemente).

Tampoco es que Hacienda se dé mucha prisa con ellos. No creo que ustedes conozcan a ningún particular o empresa cuya situación de embargo de bienes dure 5 años y no se haya ejecutado lo que se tenga que ejecutar. Pues eso es lo que ocurre con CDC. Nadie entiende por qué Montoro, además de soltar pasta cada equis tiempo a la Generalitat (que no «a los catalanes»), no ha dado luz verde a los correspondientes trámites para que el erario público se haga pagar lo que CDC le debe. Pero lo mejor son las declaraciones del propio Montoro, que dice que lleva siguiendo el rastro a la familia Pujoldesde 2000. Si consideramos lo que Hacienda tarda en levantar una paralela a Juan Español cuando advierte la más mínima discrepancia entre sus datos y los de la declaración tributaria, uno acaba concluyendo que «es otro nivel». Y si consideramos que a Pujol se le pudo echar el guante desde 1983 (caso Banca Catalana, carpetazo de Alfonso Guerra), es normal que crezca la indignación.

Vamos a hacer una ley (I)

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Estamos en lo que los pedantes llaman la rentrée (y Martes y Trece, más castizos, llamarían el retonno). Y nada podría empañar la alegría que se respira en la Plaça de Sant Jaume, Barcelona: «Somos la preocupación número uno del gobierno españolista del PP». O quizá no lo dicen, pero se les nota en esa sonrisa de satisfacción que cruza su cara de oreja a oreja. Porque vamos, el día que no lo son se les ve de capa caída, pobrets meus y se quejan de que el Gobierno do Hamlet das Rías Baixas les ignora. ¿Cómo se atreve, oigan?

Sea como sea, en Madrid las cosas discurren al ritmo pausado del fluir del río Lérez por Pontevedra. Por ello, y después de pasarse tres años y medio hablando de economía y esgrimiendo como mérito «habernos salvado del rescate» (que es cierto: nos salvaron del que se avecinaba en 2012; pero nadie dice que no podamos volver a caer en esa sima), lleva desde el 30 de marzo promulgando y reformando leyes como si fueran octavillas revolucionarias. Los trabajadores del BOE deben estar echando el bofe con tanto esfuerzo proveniente de las altas esferas. Y de los de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia (los que elaboran los Anteproyectos de Ley), tal vez alguno de los funcionarios haya considerado la posibilidad de tomarse un año sabático ante la sobrecarga y el estrés.

Todo esto ha convencido a esa tropa de leguleyos encaramados al poder que la ley, por sí misma, tiene un poder taumatúrgico suficiente para modificar la realidad y hacer que su cumplimiento sea imperativo. Sin embargo, nadie sabe por qué, eso no funciona en Cataluña. Las leyes no se cumplen, sin más, o son objeto de cumplimiento oblicuo (técnicamente, lo que se conoce como fraus legis). Lo mismo se diga de las sentencias de los tribunales: ahí, el criterio fue fijado por la alcaldesa podemita Ada Colau, respecto a no cumplir las leyes y/o sentencias «injustas».

Así que ahora, para seguir manteniendo la tramoya, Mariano ha decidido que es momento de hacer una ley para convencer a Artur Mas y al Capità Enciam II (el comunista madrilenyo de vía estrecha reconvertido a independentista Romeva; nada que ver con Pep Parés, el primer Capità Enciam, que aunque es de las mismas ideas al parecer, tiene el buen gusto de estar callado) de que es mejor para ellos seguir dentro del marco constitucional y no fuera. Como si no supiera Mariano que la postura de Mas es irreconducible, como nos chivó Revilla tras hablar con el Rey.

Perdiendo el miedo

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Artículo de Carolina Rodríguez-Cariño

Por su interés, reproducimos el artículo de Carolina Rodríguez-Cariño en El Demócrata Liberal.

Con un poco de suerte, esto lo leerán aquellos que hasta ahora no han creído que en Cataluña hubiera un verdadero problema de convivencia, o que han mirado hacia otro lado cuando alguien ha llamado a su puerta pidiendo ayuda. Y todo por esos pequeños y bastardos intereses, por ese «si te vas de la lengua tiro de la manta», por el pestilente «oasi català» que se ha cobrado víctimas de todos los tamaños y pelajes: empresarios no nacionalistas que han tenido que emigrar; periodistas que intentaron denunciar la merda y que han tenido que emigrar tras ser acallados por la picadora de carne periodística catalana, siempre atenta al aroma del poder; artistas que no comulgan con el «realismo socialista catalán»… y sobre todo, los ciudadanos de a pie, tantas veces metidos en el mismo saco que la canalla independentista con el rótulo «los catalanes». Gente que nos hemos tenido que ir de nuestra propia tierra porque no teníamos porvenir debido a nuestro ideario. Gente que se ha quedado, pero que no puede aprender en español porque «la nació política catalana está por encima de los individuos» (postulado que Hitler hubiera firmado encantado). Gente, en fin, a la que Madrit ha abandonado durante 30 años y a la que ahora Felipe González pretende recuperar(a buenas horas). Ésta es la voz de una de esas personas.

Es mucho más que un simple título o una frase hecha. Es una posición que cada día más y más personas que vivimos en Cataluña, seamos españoles o no, asumimos como forma de vida. Y es que estamos en un sistema donde el poder y el dinero son manejados por unos pocos con la venia de los diferentes gobiernos centrales, quienes han ido permitiendo una serie de hechos durante más de 35 años. Son tantos que sería más que imposible mencionar en unos cuantos párrafos.

Quiero indicar que este artículo surge a raíz de dos conversaciones: una con mi hijo, ya con 14 años quien asume posiciones y decisiones. Le expliqué de forma resumida lo referente al Tribunal Constitucional en relación al Estatuto de Cataluña y el uso del castellano (español) como lengua vehicular, y que esta vez, considerando que es mayor lo exigiré ante el Instituto donde cursa estudios. Al respeto sus palabras fueron precisas y concisas, “si está en la ley, que se cumpla, yo no tengo problemas”.

Mi hijo, como siempre, dándome lecciones.

Y no, no he tenido que recurrir a que es su lengua materna, sino que junto conmigo ha leído la Constitución de España, y por otro lado, conoce que el español es la segunda lengua más importante del mundo, que es un valor añadido que podemos y debemos tener.

La otra conversación fue con mis amigas, y quiero referirme a la última en particular, pues resume muchas charlas que hemos tenido a lo largo de estos 10 años y medio de mi vida en España. Va sobre el mismo tema y la secesión en general. Creo que podría resumir toda la conversación en una palabra: miedo. Y no sólo es el miedo a exigir los mínimos de la ley, o al menos los dictámenes del Tribunal Constitucional sobre el tema para con nosotras, sino para lo que pudiera ocurrirle a nuestros hijos, que puedan ser objeto de bullying, tanto por sus propios compañeros, quienes están “inmersos” en un adoctrinamiento desde todos los ámbitos del sistema, como de incluso sus propios profesores, quienes forman parte, sin duda alguna de esas 43 entidades que conforman el Som Escola, quienes sí reciben apoyo institucional y financiero por parte de la Generalidad de Cataluña.

El miedo es libre, dicen, pero cuando nuestros hijos pueden ser la diana de los llamados independentistas, nacionalistas o más bien, el nombre correcto, secesionistas, el miedo es aún mayor. Porque sabemos cómo actúan, estamos conscientes que no tenemos a quién recurrir, conocemos cuán solos nos encontramos ante el régimen. En esa conversación con mis amigas, madres de amigos y compañeros de mi hijo desde el parvulario, justo en este verano, les dije que iba a exigir el número de horas por semana en español que por ley deben dictarse, que contempla el 25% del total de la semana, y que no incluye en modo alguno como han querido hacer ver desde la Generalidad, las horas del patio. Les indiqué que existe una organización que guía en relación a ello (hablo de Convivencia Cívica Catalana), que podemos hacerlo a través de su página web, llenando los formularios, y a su vez exigir con ley en mano en el instituto que ésta se cumpla. Les invité a hacerlo junto conmigo. La respuesta fue “tenemos miedo“.

Es absurdo que siendo la lengua co-oficial y la vehicular de todo el Estado debamos exigir que nuestros hijos cursen el porcentaje mínimo de clases de español que deberían tener. Es impensable para quienes nos hemos criado con esa lengua como materna que debamos recordar que existen unas leyes, y más, un dictamen del Tribunal Constitucional que nos ampara (leer página 475).

Sin duda alguna, el trabajo es en extremo complejo.

Cuando sales de Cataluña y hablas con el resto de los españoles, te sorprendes que sólo se escuche una voz, y es justamente de quienes exigen la “secesión”. Nosotros, quienes pedimos que cese la impunidad somos silenciados. He llegado a escuchar que estamos “callados”, que “permitimos”, que “poco hacemos”, y en algún caso, que apenas se nos conoce. Luego de insistirles que el secesionismo es una minoría con mucho poder, me queda un sinsabor, esa sensación de pensar cuán solos nos encontramos.

Existen diferentes organizaciones, desde las más pequeñas a las más visibles mediáticamente, pasando por esas individualidades que se han atrevido a afrontar un monstruo que pisa y avasalla todo a su paso. Usa los medios del Estado para ello, imponiendo “su verdad” como posición única. No debe existir, ni se permite, la disidencia.

No puedo evitar pensar en las listas tan nombradas de “buenos y malos catalanes”, no pude evitar recordar que conozco personas que están en ellas y que han recibido citaciones ante los juzgados por defender a España. No pude evitar transportarme en tiempo y espacio, recordar el Castro-Chavismo y la llamada “Lista Tascón”, más que una simple lista es uno de los mecanismos que usa ese régimen dictatorial de mi tierra natal para coaccionar y reprimir a sus ciudadanos. Siento de cerca esas maneras de regímenes totalitarios en esta España democrática, y puedo entender el miedo. No es fácil de vencer. Quizás a quienes hemos perdido tanto, patria incluida, nos han quitado hasta esto, y por eso, tal vez, somos “más atrevidos”.

Uno de los organismos oficiales a los que deberíamos poder recurrir es al Defensor del Pueblo, en catalán el Síndic de Greuges. Más sin embargo, a raíz de la apertura de una investigación porque un médico habló en castellano a un paciente y, según éste y con el apoyo de entre otros del Síndic de Greugesvulneró su derecho a ser atendido en catalán, parecería más un “defensor del puesto” que del pueblo. Consultando la página web de esta institución catalana, encontré el “Informe sobre los derechos lingüísticos en Cataluña, claro, en catalán. He tenido que leer y releer cada párrafo, pues introducen artilugios jurídicos justificables sólo a la vista de los secesionistas sobre el sistema de inmersión lingüística, considerando desde dictámenes de tribunales del Estado Español a un sinfín de artículos procedentes de tribunales catalanes, señalando el por qué ha de ser usado el catalán como lengua vehicular en todos los ámbitos del “país”, entendiendo para este organismo “país” a la Comunidad Autónoma de Cataluña, es decir, a una región de España. Sí, justifican la “discriminación en positivo”, una aberración en cualquier lenguaje, cuando el realmente discriminado es el idioma español (o castellano), el cual es tratado como una lengua extranjera toda vez que se dictan dos o tres horas a la semana, es decir, en el mejor de los casos, contempla un 10% del pensum de estudios de colegios e institutos educativos. Ni qué decir en otros ámbitos donde señala que la lengua a usar ha de ser el catalán, vulnerando todos los derechos lingüísticos de millones de personas que conviven en Cataluña.

Sólo os dejo un par de citas del señalado “informe”, que en resumen señala que la “lengua propia” y oficial es el catalán, y que en relación al ámbito educativo, las quejas por el uso casi exclusivo del mismo en los centros de primaria y secundaria ha sido poco significativos:

1. “La Llei de política lingüística formula els conceptes jurídics de llengua pròpia i de llengua oficial. Així el concepte de llengua pròpia aplicat a la catalana obliga els poders públics i les institucions de Catalunya a protegir-la, a usar-la de manera general i a promoure’n l’ús públic en tots els àmbits” (pàgines 11 y 12: Llei de política lingüística).

2. “A Catalunya un dels àmbits en què, sens dubte, ha estat més polèmica la defensa dels drets lingüístics ha estat l’educatiu, tot i que també cal posar de manifest l’absència d’un conflicte social real, com ho palesa el fet que el nombre de queixes rebudes sigui molt poc significatiu, fins al punt que en l’apartat de drets lingüístics de l’informe anual al Parlament aquesta matèria no ha estat destacada en els darrers tres anys” (pàgina 22: II.2. Temes rellevants, II.2.1. Àmbit educatiu.

Revisando cada uno de estos organismos del gobierno catalán, de sus acciones y sanciones, cada vez entiendo más el miedo. Más aún de cara al 11 de septiembre, cómo toda la maquinaria desde el poder se pone al servicio del secesionismo impunemente, y aun más pensando en el próximo 27 de septiembre. Antes de ese día estaré con mi hijo en el instituto donde cursa clases, con mi ley en la mano, sentencias en la otra exigiendo mis derechos. Quizás con algo de miedo; pero en los bolsillos, mi hijo y su derecho a ser enseñado en su lengua materna, el español, bien valen la pena.

De hipocresías diversas y corrección política (II)

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Soluciones

¿Cuál sería la solución? Hay dos soluciones posibles. La primera es la solución final, que Hitler empleó por la vía rápida y el comunismo de una forma menos evidente pero igualmente mortífera (pregunten a los ucranianos o busquen el significado de las palabras Gulag u holodomor).

Dentro de las otras soluciones existe una posibilidad factible: ayudar a esas personas en sus países de origen. Esto sería lo ideal. Aprenden así a labrar una tierra que, salvo excepciones, suele ser fértil (miren, en otro caso, a Israel: ha conseguido tener agricultura en medio de un desierto). Aprenden a sacar provecho de sus recursos naturales, habitualmente enormes. Educan a la juventud para que en un futuro el país pueda prosperar o seguir haciéndolo en ese círculo virtuoso. En este sentido apuntaría el libro Dead Aid (literalmente, «Ayuda Mortal»), de la economista zambiana Dambisa Moyo y que aquí se ha traducido a lo cinematográfico: «Cuando la ayuda es el problema».

¿Cuál es el problema? Que eso engrosaría la lista de nuestros enemigos. De todos aquellos con trastienda, se entiende. Un ejemplo: a todos los políticos de izquierdas que hacen negocios con el régimen corrupto y dictatorial de Obiang Nguema les importa un carajo el pueblo oprimido guineano. «No es personal, sólo negocios» dicen, como excusándose. Las empresas multinacionales que extraen recursos naturales, como el superconductor coltán, también nos incluirían entre sus enemigos. Les interesa un gobierno títere en sus manos y que los naturales del país, normalmente de etnias distintas, estén entretenidos dándose palos unos a otros mientras a ellos les dejan robar en paz.

Por supuesto que eso crea bolsas migratorias ingentes. Alguien tiene que conducir a ese montonazo de gente a donde quiere ir. ¿Y quién posee la necesaria estructura para ello? Las mafias de tráfico de personas. Que no serían tales si no tuvieran contactos gubernamentales allí donde hace falta, a saber, países de origen y de paso. Con el agravante de que en esos países, normalmente musulmanes, el tráfico de personas —vulgo esclavitud— no está mal visto porque da dinero aunque éste no se pueda declarar oficialmente debido a la vigencia también oficial de unos muy molestos derechos humanos. No es muy diferente a conducir reses a través de las inmensas llanuras americanas; ¿pero a quién de estos millonetis izquierdistas le importa?

Por tanto, nos guste o no, vienen aquí. A esta parte de Occidente que aún es sociológicamente católica por mucho que los masones y los socialcomunistas se empeñen en arrancar esa parte del espíritu de la nación. Ahora bien: se les recibe y se les auxilia, pero al cabo de un tiempo uno debe llegar a un pacto si no quiere que le echen de su propia casa. Al igual que ocurre a nivel individual, el Gobierno español debería poder decir: «Mi casa, mis reglas» sin que los de siempre le tachen a uno de «fascista» (acusación siempre a mano) simplemente por proponerlo.

La pregunta es ahora para los de izquierdas, que suelen invitar a la fiesta con dinero que no es suyo: ¿cuántos niños podrían comer en España y en los países de origen de esos reclusos? ¿Por qué tanto interés en no ayudar en el sentido que proponemos? Porque lo que así se consigue es la igualdad, pero en la pobreza («La izquierda ama a los pobres; por eso los crea por millones»). Y todo, como siempre, regado con ese dinero que no é de naide. Estén ustedes tranquilos, que ningún comunista de visa oro, de ésos que tanto abundan en las Batuecas, pondrá un céntimo de su bolsillo. Aunque, eso sí: se les llena la boca con esas chorradas de «estamos en el mismo barco», «no creo en las fronteras, soy ciudadano del mundo» y otras de jaez semejante. No son, en realidad, tan diferente a aquellas beatas que estaban convencidas de que iban a ir al cielo por «ocuparse de organizar el ropero parroquial» y nada más que por eso.

Dejemos, pues de marear el diccionario. No podemos robar a nuestras futuras generaciones para dar de comer a traficantes y a personas que no quieren integrarse. Eso no es ser «solidario»: es ser gilipollas. Por el contrario, proteger a nuestros hijos y nietos es de persona sensata y de ningún modo amerita que uno sea llamado «fascista».

De hipocresías diversas y corrección política (I)

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Tomando como base un escrito de mi amiga Pilar me ha salido esta macroentrada, que voy a dividir en dos partes.

La cuestión

Hablamos de los manteros. ¿Dónde están Ramoncín, los Bardem, Teddy Bautista y todos ésos que cobraban hasta de las bodas que llevaban música previa inspección? Pagaban los bares, las peluquerías… en suma, todos los establecimientos que pretendían ambientar el local con música. ¿Dónde están, eh?

Pero la lógica progre es lo que tiene. Si ustedes son propietarios de un local y pretenden alegrarlo con música, ustedes han de pagar un canon a esos comunistas y socialdemócratas de medio pelo que reinan en la SGAE, como se explica perfectamente aquí, ajustados perfectamente a aquello que cantaba Serrat en su vida anterior de cantautor…

Bien me quieres,
Bien te quiero,
No me toques el dinero.

Así, pues, deben ustedes pagar ese canon. Y que Dios y todos los santos del calendario les amparen si no lo hacen: tendrán derecho a que se les imponga una multa y a las habituales facultades de embargo en caso de que ustedes se resistan. También pueden verse en ese brete si se les ocurre llevar un pendrive de 16 GB en el coche (hoy la técnica lo permite) lleno de música gravada con canon. ¿Que con ello se han cargado a muchas orquestas populares cuyo modus vivendi era acudir a las fiestas patronales de los pueblos? Al carajo. Todo el mundo pasará por caja, que si no el chiringuito no se mantiene. Y va usted a declarar ante la policía, señor Juan Español, por pirata. ¡Faltaba más!

Toda esa argumentación y esas amenazas, sin embargo, se evaporan como rocío al sol cuando se trata del top manta. Al parecer, cuando se trata de inmigrantes en situación irregular «senegaleses», a estos IN-TE-LEC-TU-A-LES progres no les importa que vendan su música y sus películas sin canon. No les importa que se vendan imitaciones de bolsos o de ropa de marca «diseñada» por ellos. Son «pobre gente» y «tratan de ganarse la vida frente a la brutalidad policial» (eso, que no falte). Alistados en el banderín de enganche del buenismo y de la corrección política, resulta que si uno no piensa como ellos es un facha (bien saben ellos qué es un «facha»: en su familia o en ellos mismos hay ejemplos de sobra).

Y bien, pongamos que la pesada maquinaria judicial se pone en marcha y les echa el guante. Sí, son inmigrantes ilegales (sin papeles). Sí, han cometido un delito (concretamente, el del art. 270 CP; y también el del 550 CP si se resisten a la detención). ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los expulsamos? Ya estoy oyendo a esos progres: «¿Expulsarlos, dice usted? Es usted una alimaña sin corazón, un racista, un xenófobo…» y toda la retahíla. Algunos hasta se acuerdan de la madre de uno (la mía ni me la toquen, que descansa en paz). Solución salomónica: como no podemos echarlos a patadas ni tampoco podemos dejarlos libres, los metemos en la cárcel. Que es como meter la porquería debajo de la alfombra. Sigue existiendo, pero ya no se ve.

Y aquí paz y después gloria. Se acaban los problemas para todos, excepto para los españolitos de a pie. ¿Por qué? Porque aunque ya no se percibe el problema, éste sigue existiendo en forma presupuestaria. Es decir, que la estancia en la cárcel se la pagamos todos los españoles. He aquí un cuadro de lo que nos cuesta mantener a la población reclusa en España, calculada en 6 millones de personas más o menos, sobre un total de población de 47,6 millones de personas (datos oficiales):


El gasto es de lo más llamativo. Pero claro: uno sigue leyendo y encuentra aún más llamativas las comodidades de que algunas prisiones disfrutaban desde que Rubalcaba decidió humanizarlas (¿tal vez en previsión de los compañeros suyos que podrían ir a la cárcel?). Cuando leo y veo estas cosas, me acuerdo del zulo en que durante 532 días José Antonio Ortega Lara se preguntaba cada noche si al día siguiente viviría o no.

El gasto desglosado podría ser éste: 1.900 €/mes, que multiplicado por 12 meses son 22.800€ —y en ese coste no entran las infraestructuras—. En definitiva, cada preso pasa de los 50.000€ al año.-Si tomamos la cifra menor, que es 22.800 € (2013) y la multiplicamos por 21.116, que es el número de reclusos de 2013, la cantidad asciende a la friolera anual de 481.444.800 € que nos cuestan los delincuentes que vienen a España y a los que según la izquierda tenemos que ayudar y respetar sus derechos. En sus países esa gente vivirían como reyes ganando al mes 100 o 150 €; pero aquí nos cuestan un dineral, no solucionamos su problema y acrecentamos además el nuestro.

Las 3 características del nacionalismo según Orwell

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Aguador:

Ilustrativo. Nadie mejor que Orwell, que tuvo que salir por piernas de España para que no le pelaran por “trosko” los comunistas, puede describir de forma tan exacta la situación que se vive en Cataluña….

Originalmente publicado en :

Obsesión, inestabilidad y alienación. Bingo.

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El 1 de octubre de 1945 George Orwell, el gran descriptor del totalitarismo, publicó unas interesantes Notas sobre el nacionalismo. Definía con estas características el pensamiento nacionalista:

“La obsesión”: “Ningún nacionalista piensa, habla o escribe jamás sobre nada que no sea la superioridad de su propia entidad de poder. (…) Todos los nacionalistas consideran un deber difundir su lengua en detrimento de las lenguas rivales”. No hay más que darse un baño de medios del Règim o escuchar a los ideólogos de laimmersió.

“La inestabilidad”: “Es habitual descubrir que grandes líderes nacionales, o los fundadores de un movimiento nacionalista, ni siquiera pertenecen al país que han buscado glorificar. (…) Ejemplos de lo anterior son Stalin, Hitler, Napoleón, De Valera, Disraeli, Poincaré o Beaverbrook”. Es un “nacionalismo transferido”. “Lo que permanece constante entre los nacionalistas es su…

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