Oraciones fúnebres

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El diario ABC nos tiene acostumbrados a que, de cuando en cuando, algún personaje de campanillas dé una opinión sobre algún tema interesante y de actualidad. Ayer le tocó el turno a Lorenzo Martín-Retortillo Baquer, Catedrático emérito de Derecho Administrativo. Dedicó su Tercera a loar las maravillas que nos ha procurado la muerta en este primer período de 39 años «democráticos», de tal modo que parece el panegírico que se les hace a los difuntos en las películas americanas. Quisiera comentar algunas de las afirmaciones que hace este señor en su artículo.

La primera de todas:

De destacar, ante todo, el clima general de libertades, afianzado por aquella que ha penetrado en la sociedad española, y que ha permitido que las más diversas alternativas y propuestas pudieran ser ofrecidas con toda naturalidad en la campaña.

Sin duda esto entra dentro de la “mitología del 78”. Desgraciadamente, tengo que discrepar con D. Lorenzo. No somos ahora más libres que entonces. Y diría que bastante menos. Sin ir más lejos, una de las libertades fundamentales que «garantiza» la Constitución, a saber, la de información, sigue siendo cercenada sin piedad. No sólo —que también— porque no todas las opiniones se pueden verter en todos los sitios. Ejemplos hay: sin ir más lejos, la imposición y/o veto de tertulianos en esas dizque tertulias televisivas y la sumisión perruna de los medios al poder que les da de comer o les permite respirar. Del sombreado y de la infame campaña que se ha sometido a C’s desde la derecha socialdemócrata en el poder en favor de Pablemos mejor ni hablamos.

Pero prosigamos:

Hay que anotar especialmente el masivo interesamiento por la política de parte muy destacada de la juventud, desde el interés de apostar por sus propias ideas, que se ha incorporado así al sistema constitucional, un sistema con evidente vocación de futuro, abierto por tanto al ingreso de las nuevas generaciones.

Siento desilusionar a D. Lorenzo, pero ese «masivo interesamiento» no lo es tanto porque exista un verdadero interés (con las debidas excepciones) por la política en cuanto noble arte de gobierno, sino porque el rechazo tradicional de los jóvenes a la política ha sido capitalizado por un partido de corte comunista con perifollos caribeños y 2.0, dirigido por un flautista de Hamelin con coleta. Y no tengo ninguna duda de que si ese partido llega alguna vez al gran poder (de momento ha llegado a algunos ayuntamientos y la palabra que por ahora define su gestión es «desastre»), nos va a dar más de un disgusto a quienes no comulgamos con las ruedas de molino comunistas.

Aún más:

Otro logro, la presencia de nuevas fuerzas que antes no hablan tenido oportunidad de saltar a la palestra, donde sobresale la amplia capacidad de convocatoria lograda por los penenes de Políticas, con su Podemos (y hablo de Políticas y no de la Complutense. pues como se sabe la Facultad de Políticas tiene unas características muy especiales que no se dan en los demás centros de la Universidad madrileña), así como el triunfo del patriotismo y del buen hacer que han sabido imbuir los de Ciudadanos.

Habrá que recordar a D. Lorenzo que las «nuevas fuerzas» surgen de la mal llamada sociedad civil, que algunos quisieran estabulada y poco más. Y lo más importante: Ciudadanos recogió el descontento en Cataluña por una situación de abandono y/o traición de los castellanohablantes por parte de los partidos presuntamente «constitucionalistas» (PSC y PP), mientras que Podemos recogió el descontento y la rabia ante una casta política que vive de espaldas a aquellos a los cuales presuntamente gobierna y cuyo abandono de responsabilidades hizo que capeáramos mucho peor la crisis que afectó a toda Europa. Esas fuerzas políticas no hubieran tenido ocasión de surgir si todos se hubieran mantenido en su sitio y hubieran cumplido con su obligación. Es decir: de haber cumplido y hecho cumplir la Constitución.

D. Lorenzo y otros como él pretenden aún que «Camelot sigue vivo». Un poco más y nos recuerdan los «25 años de paz y ciencia» que pomposa pero justificadamente celebró el régimen franquista en 1965. Este primer ciclo de 39 años (1975-2014) nos recuerda que durante el reinado de Juan Carlos I pasamos del Estado del Bienestar al Estado negocio (Alejandro Nieto García) y al 5% de comisión. Que ahora tengamos un Jefe del Estado bastante más decente que el emérito significa que efectivamente puede haber un cambio de ciclo.

A nadie se le oculta que los ladrones, antes o después, tendrán que rendir cuentas ante el juez, como establece el sistema constitucional.

Ésta es otra que me da la risa. Si fuera así, las cárceles estarían llenas de delincuentes de cuello blanco, como dicen en los USA. Sin embargo, vemos cómo esos procesos se alargan de forma interminable no tanto por el funcionamiento de la máquina judicial (¿para cuándo una nueva LECrim? Hartos de parcheo, oigan, y de una ley cuya base data de 1882. Sin ir más lejos, su homónima alemana es de 1987), cuanto por presiones políticas, que hacen que las pruebas se demoren (o literalmente desaparezcan de los Juzgados), las listas de imputados no sean todo lo completas que debieran o a determinados imputados ni siquiera se les señala medida cautelar alguna, por ser Vos quien sois.

En lo único en que podemos estar de acuerdo D. Lorenzo y yo es que, más que reformar la Constitución (que sólo son ganas de tocar lo que ustedes se imaginan), lo necesario es cumplirla y hacerla cumplir, reforzando sus mecanismos de cumplimiento. Para ello no necesitamos a un gobernante pusilánime, sino a alguien que esté dispuesto a hacer lo necesario y emplear todos los medios para que se cumpla. De otro modo se seguirán dando puñaladas al cadáver cada 6 de diciembre. Un espectáculo poco edificante para los que tenemos alguna idea sobre este primer ciclo… este… «democrático».

Caciquismo 2.0 (II)

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Responsabilidades

Sentado todo lo anterior y dejando aparte las correspondientes responsabilidades penales, que corresponde a los Tribunales determinar, está clarísimo que existe una culpa in vigilando. Culpa que deriva de un axioma no escrito pero muy vigente en el PP: «Puedes hacer lo que te dé la gana; pero si te pillan, nadie te va a conocer». Claro que hay «Comisiones de Derechos y Garantías» en todos los partidos, y en el PP también. Pero el axioma citado es el que determina que esos organismos no hagan su aparición hasta que lo hace la Justicia. Es la Justicia la que hace el trabajo de esos organismos, cuyos miembros cobrarán mucho pero se rascan lo que ustedes se imaginan hasta que un Juez no pilla a alguien del Partido cometiendo una pifia.

El proceso debería ser justamente el contrario. Una Comisión de Derechos y Garantías que se respete debería actuar antes de que lo hiciera la Justicia y no después. Da la impresión de que un mindundi militante de base del partido X ya no tiene confianza en que su propio partido actúe frente a un cacique de éstos. Cabría esperar que el Partido suspendiese cautelarmente al cacique, aun a costa de perder influencia en la zona; y cabría esperar que, tras una investigación interna, el propio Partido se personara como acusación particular en el proceso que se incoe. Pero justamente eso es lo que no espera ese militante de base y por ello acude directamente a los Tribunales. Sin mencionar que es mejor así por el miedo a las represalias (¿«estructura y funcionamiento democráticos»? Venga, que nos da la risa a ustedes y a mí).

En el caso particular del PP valenciano, la pregunta es: ¿cuándo se jodió el PP valenciano? mi impresión es la siguiente: que todo iba «bien» con Zaplana y que el PP de Valencia empezó a joderse con Camps. A éste le apartaron tras un proceso-farsa (creo que no hace mucho ha defendido una tesis doctoral) y colocaron a Alberto Fabra, que no supuso modificación en el estado de las cosas por mucho que tuviera valor para cerrar la ruinosa televisión autonómica. Con él, los negocios municipales continuaron. Han tenido que caer los tres presidentes de las Diputaciones Provinciales (Carlos Fabra hoy en la cárcel) para que se abriera el melón. Y luego un señor, hoy en paradero desconocido (represalias, ya saben), que se dedicó a grabar al presidente de la Diputación de Valencia contando billetes.

Conclusión y pregunta: ¿En el PP ha habido tres presidentes: uno pringado, otro que no se enteraba o no tuvo valor para hacer más de lo que hizo y otra que, ante la enormidad del escándalo, ha tenido que hacer lo que no hicieron los dos anteriores? Y aún más. ¿Desde cuándo conocía Génova, 13 el desaguisado? Porque da la impresión de que creyeron que descabezando a Camps y a alguno más (Ric Costa, por ejemplo), bastaría y se iban a calmar los ánimos. Han pasado cinco años desde entonces. Si ahora se ha producido una mascletà y, como diríamos en Cataluña, el PP valenciano ha fotut un pet com una gla, o no sabían hasta dónde llegaba el olor de la mierda o es que lo sabían y consintieron. Ha tenido que ser Isabel Bonig (acento prosódico en la segunda sílaba, señores periodistas) quien diera un puñetazo en la mesa y dijera «Ché, s’ha acabat la broma!», para que nadie creyese que también estaba en el ajo.

Caciquismo 2.0 (I)

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Saltaba hace tres días la noticia de la disolución del PP valenciano. Es algo terrible y sin precedentes: así como el PSOE ostenta el dudoso honor de haber sido el primer partido condenado por corrupción, el PP ostenta ahora el honor de haber sido el primer partido que tiene que disolver una sucursal autonómica por la misma razón. En el PSOE tenemos el precedente de Estepona, provincia de Málaga, entre otros. Se tuvo que cerrar la Agrupación porque el miembro de la ejecutiva local que no estaba pringado por una cosa, lo estaba por otra. Pero lo de Valencia es algo de mayor fuste y hemos de detenernos un poco más en ello.

A estas alturas de la película, a muchos ya no nos vale el “y tú más/y tú también”. Todos los que han tenido mando en plaza están manchados, con manchas de diverso calibre. Y, como tal fenómeno general, es menester echar una mirada más detenida, como les decía.

Lo primero y principal empieza con la estructura y organización de los partidos implantados a nivel nacional. Léanse el artículo 6 de la muerta y les entrará la risa, si conocen algo el paño de la política municipal. Su base, tal y como está ahora, es el cacique, que suele ser el Alcalde de un municipio. Suelen ser líderes naturales, sí; y por eso también se les escoge: porque son capaces de llevar tras de sí a mucha gente («Hay que conquistar las locomotoras, que son las que tiran de los vagones», principio opusiano pero aplicado largamente en política).

El problema: que el servicio público es muy sacrificado y mal remunerado en relación a ese sacrificio. ¿Qué hace el político? Para no caer en la aplicación de la ley de hierro de los salarios (“El trabajador ajusta su rendimiento al salario que recibe en relación al que debería recibir”), el político local se busca compensaciones. Para evitar que después de los cuatro años de rigor vuelva a la nada, el político siempre encuentra a un empresario dispuesto a hacerle el favor. Eso, cuando no es el político el que directamente fuerza el favor a través de la correspondiente y obligada comisión.

Otras veces es el empresario el que corrompe al munícipe. Total, son unas perrillas, un complemento salarial al magro sueldo de munícipe. El político “práctico” se deja corromper porque: a) cuando se marche nadie le va a agradecer lo que ha hecho por el pueblo o ciudad; y b) la vuelta al anonimato es durísima, sobre todo cuando ya no te llaman, no te invitan a los saraos, no tienes puesto de preferencia en las celebraciones ni una corte de lameculos, aunque sean de los que aspiran a ocupar tu puesto en cuanto te despistes.

En este segundo caso nos podríamos encontrar con lo siguiente: el empresario es un corrupto y tienta al munícipe porque con sus antecesores ya funcionó. Si el munícipe no es corruptible y se niega a hacer negocios con el empresario, éste, seguro de sí, le espetará: «Usted no sabe quién soy yo/Usted no sabe con quién está hablando». Y encontrará en algún nivel superior otro responsable de partido más… este… flexible, que además se encargará de hacer la vida a cuadritos al mindundi de Alcalde que ha frustrado el negocio del pez gordo. Así, hasta que el munícipe decente acabe presentando su dimisión «por motivos personales». Con el agravante de que en España la oposición municipal no está más que para alegrarse con los problemas del partido rival, sin poner por encima de la contienda el interés de los vecinos del municipio.

En mi opinión, esto es lo que ha ocurrido en Valencia, a escala mucho mayor que la municipal, naturalmente. Gente que sólo quiere desalojar a otra gente porque les impiden hacer los negocios que les interesan. Las tramas se extienden a lo largo y ancho de la bella región valenciana. Ha habido para todos: pa-ella y pa-él. Negocios, muchos negocios; y dinero, mucho dinero. Hasta el caso Nóos, que creíamos limitado exclusivamente a Baleares, salpica con su chapapote a Valencia. Quizá pudiera abrir la boca Esteban González Pons, conseller de Vicepresidencia cuando su jefe era Francisco Camps y que, al parecer, echó la firma en varios documentos comprometedores de ese asunto. Hoy el señor González Pons está en Europa, como o pasmo de Palas do Rei, que no ha sido juzgado por el caso de las gasolineras. Ésa es la utilidad del Parlamento de la UE.

Circolegislatura (y III)

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Después de la pequeña interrupción que ha supuesto el artículo que les compartí en la entrada anterior, retomamos la marcha. Les decía que quedaba un tema, que ahora se ha puesto en sordina: la sucesión. ¿Dónde? En los dos grandes partidos. Se empezaba a hablar de ello, pero de golpe ya no se habla.

En el PP y como es natural, tras la pérdida de 60 escaños de una sola tacada (más o menos en paralelo a CiU, ahora Democràcia i Llibertat) la capa superior de la militancia empieza a dudar de las capacidades del líder para el liderazgo. En la empresa privada, en general, si un señor hace una pifia le echan. Mucho más si la pifia cuesta mucho dinero. Pero en política española no ocurre así. Un señor candidato pierde 60 escaños y, como controla al órgano que rige los destinos del partido (quis custodiet ipsos custodiet), nadie se atreve a decirle que se vaya.

No me resisto a citar el chiste que corrió no hace mucho, comparando a Rajoy con Stalin (comparación que no valdría sólo para Mariano). Murió el dictador de un ataque de apoplejía, quedando tendido en el suelo de su despacho. Los gerifaltes del Partido, pasadas unas horas, estaban seriamente preocupados y nadie se atrevía a entrar en el despacho del padrecito, por miedo a interrumpirle y que éste los mandara a Kolymá. Al final, quien entró después de veinticuatro horas de angustiosa espera (curiosa paradoja de las dictaduras) fue el valiente camarada Beria, el jefe de la NKVD, la terrorífica policía política de Stalin.

Para la militancia de bajo nivel y la votancia (que para los de la planta noble de Génova, 13, son asimilables), empieza a correr la idea también. Se oyen voces (no, no llamen a Íker Jiménez) de que a lo mejor habría que llevar adelante un Congreso. Pero Mariano se planta y dice que no. Él es el mejor candidato (pese al bofetón electoral) y por tanto nadie dentro del partido le va a discutir su derecho. Der Führer hat immer recht. Por si faltara algo, las ruedas que dicen que se movían para tentar la sucesión se han parado en seco después de aflorar el caso Acuamed, del cual los medios se han encargado de machacar que «afecta al número 3 de Soraya». Oli en un llum y aviso a navegantes. Los nombres de Feijóo y de Cifuentes, de momento, guardados en el cajón.

En Ferraz la cosa no anda mejor. Ya les decía que Pdr Snchz tira por un lado (presidente a todo trance, pactando con quien sea) y los barones por otro (no pactamos con el PP, que es el enemigo, pero tampoco con Podemos, que amenaza con fagocitarnos al igual que a IU). La vieja guardia, les decía también, ha querido dejar de ser un jarrón chino y decir algo. Posiblemente tengan razón; pero ni César Luena ni su jefe están para escuchar la voz de la experiencia, a pesar de haber horadado el suelo de Rubalcaba. Justamente eso les decía en la entrada anterior: qué raro suena que sea la vieja guardia socialista, la de Felipe, la que hoy no pinta gran cosa en el PSOE salvo como consejo de ancianos (en el peor sentido de la palabra), la que advierta de los peligros que acechan al candidato Snchz. Y todo ello poniendo cara de patriota nacional.

La situación es de enroque en ambos partidos. Para meter más presión, se emite un vídeo en televisión de origen desCNIonocido. En ese vídeo se ve a representantes tanto de Pablemos como de la CUP (aparece en él hasta Anna Gabriel, la egipcia) en el avión de Estado de presidencia de Venezuela. No sabemos qué negoci tiene la CUP con Maduro; pero el vídeo se emite con la clara intención de despejar dudas. Barrita el paquidermo venezolano y chillan los de aquí. También despeja dudas el comentario de uno de los periodistas que emite el video, Sandra Golpe: «Nos van a dar pero bien». Despeja dudas sobre el estado de la libertad de expresión cuando no se habla de los líos del mundo del petardeo (o del fúrbo) y se mete uno en lo que los partidos hacen cuando creen que nadie les ve.

En resumidas cuentas, la situación comienza a parecerse a la de Bélgica, que estuvo un año sin Gobierno porque flamencos y valones no se entendieron. Y a falta de otra cosa, las instituciones siguieron funcionando porque el Gobierno puede estar en funciones, pero la Administración no. A Dios gracias, hay unos presupuestos aprobados y eso, al menos, significa que hay acción de gobierno cuando menos, publicada. Mientras tanto y dado que nos obligan, habrá que estar pendientes de este circo, más allá de las apelaciones a la seriedad de algunos.

La desvergüenza de MAFO

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Por su interés, reproducimos este artículo de Jesús Cacho en Vozpópuli. Original aquí.


Ayer supimos que la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo dio vía libre para que todos aquellos que adquirieron acciones de Bankia con motivo de su salida a Bolsa en julio de 2011 puedan recuperar el dinero invertido en el lance. El tribunal basa su decisión en las “graves inexactitudes” incluidas en el folleto de la OPS emitido por la entidad. Se acordarán, seguro, de la imagen del señorito Rato tan sonriente, tan satisfecho, tan campante, tocando la campanita el día de marras, con el letrero verde de Bankia detrás. Aquella salida a Bolsa había sido aprobada por el Banco de España que entonces gobernaba Miguel Ángel Fernández Ordóñez, alias MAFO, militante del PSOE, el mismo que, con un desparpajo solo concebible en un país cuyas supuestas élites han perdido la vergüenza, acaba de publicar un libro autoexculpatorio titulado Economistas, políticos y otros animales, en el que viene a decir que a mí que me registren, yo no soy el culpable del desastre de las Cajas de Ahorro (más de la mitad del sistema bancario), no me siento responsable del rescate que obligó a España a gastarse cerca de 46.000 millones de euros para evitar la quiebra del sistema financiero español.

Pero lo es. No el único, cierto, porque cuando el pollo llegó al caserón de Cibeles, la economía española venía ya muy recalentada. La burbuja había adquirido proporciones alarmantes sin que Jaime Caruana, puesto en el cargo por el Gobierno de José María Aznar, hubiera tomado ninguna decisión drástica para enfriar ese calentón y evitar el riesgo de estallido. No es el único culpable, cierto, pero sí el más importante. Porque al sujeto, experto en dar conferencias y escribir artículos en El País acusando al Gobierno Aznar de ser poco exigente y muy gastón, poco ortodoxo con los superávits que estaba generando el boom del ladrillo y el aluvión de ingresos fiscales consiguiente, el sillón del Banco de España le supo a poco. Él quería ser ministro, y aquello le parecía oficio de menestral, de modo que desde el banco central se dedicó a seguir escribiendo artículos, ahora sobre la necesidad de una reforma laboral de la que Zapatero no quería saber nada, y a mirar para otro lado sin percatarse de lo que se estaba cociendo. Hay, de hecho, quien sostiene que, como un niño chico —como un chico tonto—, MAFO no se enteró de la misa la media durante los seis años (2006-2012) en los que estuvo al frente del BdE.

Lo cual no le exime en absoluto de culpa. De la culpa in vigilando a que se hace acreedor el responsable de cuidar de la salud del sistema financiero que no cumple con su tarea, el jefe de policía cuya misión consiste en evitar el atraco al banco y cuya laxitud e impericia permite el saqueo. Porque, por encima de otras direcciones generales a su cargo, MAFO tenía en la Dirección General de Supervisión Bancaria un arma letal para evitar cualquiera de los gatuperios que en bancos y cajas, sobre todo en cajas, se cometieron durante el boom; y ello gracias al Cuerpo de Inspectores, auténtica policía del sistema. Esos brillantes y bien preparados Inspectores del Banco de España, obligados a superar una dura oposición y que durante tantos años, tantos mandatos, causaron tanto pavor en los consejos de administración, ataron en corto a presidentes y consejeros delegados impidiendo que nadie se desmandara, que nadie cometiera las tropelías que luego iríamos viendo aparecer.

Con el aplauso de la gran banca

Nada más tomar posesión, julio de 2006, Fernández Ordóñez puso manos a la obra para acabar con las provisiones genéricas que en 1999 Raimundo Poveda, entonces director general de Regulación, había impuesto como nuevo tipo de provisión anticíclica capaz de incrementar las reservas de bancos y cajas en época de vacas gordas, ello al margen de la provisión específica obligada ante cualquier impago. Además, y con el aplauso de la gran banca, se cargó al hombre que las había mantenido contra viento y marea: el exdirector general de Supervisión, Pedro Pablo Villasante. MAFO entregó la porra de la Supervisión a su amigo Francisco Javier Aríztegui -luego subgobernador-, después a Jerónimo Martínez Tello, y él decidió echarse la siesta. Ellos se iban a encargar de desmontar el Servicio de Inspección, ellos limaron los dientes a los inspectores para que no pudieran morder, ellos incluso les quitaron la firma, porque los informes de la inspección empezaron a no llevar la rúbrica del jefe del equipo, es más, a los inspectores que cumplían con su deber se les marginaba, mientras a pelotas y sumisos se les premiaba con ascensos. Ese ha sido el Banco de España de MAFO que permitió el desastre consentido de las Cajas de Ahorro.

De modo que mientras en España se construían autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones, tranvías sin viajeros, museos sin cuadros, pabellones deportivos sin deportistas, edificios singulares para epatar a patanes; mientras los jefazos de las cajas y sus enchufados se concedían créditos en condiciones más que ventajosas para ellos y toda su parentela, y prejubilaciones millonarias e indemnizaciones escandalosas; mientras los presidentes de las Comunidades y sus adláteres obligaban a financiar tal o cual proyecto ruinoso; mientras unos y otros se lo llevaban crudo y engendraban el mayor agujero financiero de la Historia de España, el gobernador Fernández Ordóñez se dedicaba a tocar la lira, ajeno al incendio que se estaba preparando. Como si de una comedia se tratara, más bien una tragicomedia, en noviembre de 2008, después del terremoto Lehman Brothers, Zapatero se fue de viaje a Washington para asistir de convidado de piedra a una cumbre del FMI y vender la maravilla de BdE que teníamos, “el mejor banco central del mundo” en su opinión, “y el sistema financiero más sólido del planeta”.

Cuando MAFO quiso darse cuenta del desastre ya era demasiado tarde. La altura de las llamas ya sobrepasaba el antiguo palacio del marqués de Alcañices, el recio caserón que sirve de sede al banco en la plaza de Cibeles, iluminando con su resplandor la larga noche de los ajustes en sanidad, en educación y en tantas otras cosas que fue obligado afrontar por culpa de la pasta que se fue en evitar la quiebra del sistema de pagos. Y cuando por fin estalló, nuestro hombre pareció preocupado sólo por proteger al Gobierno ZP y mitigar en lo posible los daños electorales que la crisis pudiera producir al PSOE. Este es MAFO, el sectario por antonomasia, el desvergonzado que ahora, cuatro años después de dejar el cargo, se atreve a sacar libro lanzando insidias sobre presuntos culpables, siempre otros, mintiendo descaradamente, y diciendo que él no ha tenido nada que ver en el hundimiento del Titanic de nuestras cajas. Es la España de servidores públicos dispuestos a servirse del cargo y a deshonrar las responsabilidades inherentes al mismo, a no cumplir con su deber y a reclamar que ellos, tan sabios, tan listos, tan leídos, merecen más, muchísimo más de los sufridos españoles que silenciosamente les soportan, sin hacer lo que, en el fondo, tendrían que hacer: sentarlos en el banquillo de los acusados y, en su caso, meterlos en la cárcel.

Comentario nuestro. Mira tú por dónde, al cabo de los años, un artículo nos da la razón. Hace mucho que preguntamos dónde estaba MAFO cuando Rato tiraba tan alegremente de la campana. Hoy quiero preguntar, a la vista de este artículo, dónde están ahora aquellos que infestaron las redes sociales con chistes de a cuarto el kilo sobre Bankia y Rato. Personas manipuladas sin saberlo (o manipuladoras a sabiendas de que no decían toda la verdad):

—¡Ehhhh, que hay que dar caña a Rato y al PP por lo de Bankia!

—Oyes, ¿y MAFO? Porque alguna responsabilidad tendrá ése en el fregado, ¿no?

—¿Y ése quién es?

—El director del Banco de España cuando Bankia salió a Bolsa, nombrado por ZP.

—Pero ya no lo es, ¿verdad? ¡Entonces no nos importa! ¡Hay que dar caña a Rato y al PP por lo de Bankia! Venga, canta conmigo: “Al pasar por Bankia / me dijo el bankiero…”.

A este nivel, ni falta que hace preguntar a esta gentecilla por Caixa Catalunya, “dirigida” por Adolf Todó y por el otrora todopoderoso vicepresidente felipista Narcís Serra… Ah, no, que ya no están. Conseguido el objetivo de echar cubos de mierda sobre «Rato y el PP», los mandaron a hibernar (o algo así)…

Circolegislatura (II)

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En la entrada anterior hablábamos del espadón de Mojácar. Y vamos a introducir un nuevo enunciado: es una mengua que la estabilidad de un sistema político dependa de que uno de los dos partidos que lo sostiene decida si se echa al monte o no. O que decida que hoy se echa al monte y mañana se desdiga.

Dicho esto, sepan ustedes que lo que preocupa en Ferraz y en Génova, 13, al parecer, es el plazo. Veamos de qué plazo se trata:

Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso (art. 99.5 CE).

Ésta es la razón por la cual tanto O Hamlet das Rias Baixas como el Espadón de Mojácar se retuercen como culebras antes de dar su brazo a torcer: primero el uno, cuyo movimiento ha pillado de sorpresa a todo el mundo: «Puesh ahora no voy al debate de inveshtidura». Dejemos de lado las chorradas que ha dicho César Luena acerca de la obligación moral de Rajoy de afrontar el debate y que suenan a: «No te puedes escapar de que te partamos la cara en ese debate» (en realidad dos). Porque mientras no haya debate de investidura, si nos atenemos a la letra del artículo, el plazo no empieza a correr. Y luego Snchz, pues al no lograr el apoyo de los rastafaris podemitas y menos el de C’s, se arriesgaría otro tanto.

No sé si, como dice Curri Valenzuela en ABC, el objetivo de Mariano son unas elecciones en mayo. Un servidor de ustedes no ve claro que eso sea beneficioso para los dos grandes. No obstante, si ése es el objetivo, caben dos posibilidades:

a) Una, con la que Mariano cuenta: que los votos que se le fueron a C’s y otras formaciones vuelvan, ante el espantajo de Podemos-que-vienen-los-rojos.

b) Dos, que el órdago planteado le salga mal y que, en tal caso, no sólo no recupere los votos perdidos sino que además añada pérdidas. Lo cual, sobre todo, podría ocurrir porque Lagente (ya no somos “pueblo”, al parecer) no olvide sus pifias causadas principalmente por omisión.

En segundo lugar, en la orilla de Snchz el río baja revuelto. Pablemos ha tentado a Snchz como Lady Macbeth… pero a cambio de propuestas inasumibles. Como por ejemplo, que medio futuro gobierno sea de color violado. O, según parece, a cambio de iniciar «el proceso de la Tercera», como si un sistema político (República) se pudiera comparar con un trofeo furbolero. Por alguna oscura razón, que no se refiere sólo a su propio y personal interés, Snchz necesita ser presidente del Gobierno. Y no sólo porque Susana o los barones estén afilando la cuchilla.

El caso es que ahora en Ferraz hay una oleada de miedo escénico. Ya dijimos en su momento que Pablemos quiere ser el partido único de la izquierda en España. Prácticamente se ha comido a IU y el PSOE sabe que Pablemos va a por ellos. García-Page, en particular, sabe que su gobierno depende del pacto que tiene con la formación violeta. Por ello la comisión de notables de Ferraz ha dicho que quiere atar en corto a su secretario general. No fuera a ser que, por quererlo todo a todo trance, acabaran en la panza del cachalote.

Sin embargo, en estos tiempos revueltos que corren hemos visto cosas rarísimas en la margen izquierda del río. El bellotari, Rodríguez Ibarra, ¡escribiendo una Tercera de ABC a cuenta del mercadeo de escaños (y opinando en contrario)! Para no creerlo. Si esto se lo hubieran dicho a un servidor cuando el susodicho estaba en activo, jamás lo hubiera creído. Unglaublich!, que hubiera dicho mi costilla. No menos curioso es el caso de José Luis Corcuera, el ministro de la LOSC de 1992, la «ley de la patada en la puerta», ¡metiéndole zascas en toda la boca al comunista Alberto Sotillos! Noch unglaublicher! Y sobre todo, Susana hablando de la «unidad de España» con más unción que cuando miraba a Francisco Rivera

El principio general, no obstante, se sigue cumpliendo: no se habla casi nada de lo que España necesita, salvo lo de «lo que España necesita es que gobernemos nosotros», que es lo que dicen los dos tenores. La soprano (Pablemos) está en la región de coloratura y la contralto (C’s) va dando unas pocas notas. Al bajo, que es el que aguanta el edificio sonoro, nadie lo espera. Pero aún nos queda un tema más por tratar en este punto de la actualidad.

Circolegislatura

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Con la mayor de las perezas me dispongo a abordar el asunto del circo que se ha montado en el panorama político nacional tras el 20-D y la rentrée en la vida política tras el período vacacional, que nuestros políticos todavía no se han atrevido a rebautizar como «vacaciones de invierno». Para más inri, es doblemente vacacional, porque los períodos de sesiones de las Cámaras son dos: de septiembre a diciembre y de febrero a junio. Luego sus señorías estarían aún de vacaciones cuando el resto del país ya hace rato que funciona.

Es un tiempo apasionante para los tertulianos: pueden decir cualquier barbaridad sin consecuencias acerca de lo que va a ocurrir en España en los próximos meses: «porque si el partido A pacta con el B, puede pasar esto. Y si el partido C pacta con el B y hace un arreglo con el A, pasará esto otro. Yo creo que…». Y venga a marear la perdiz. He perdido toda afición a las tertulias desde el momento en que supe que los tertulianos se imponían y se vetaban en la cadena X o Z, dependiendo del color político de la misma (viva la objetividad periodística y el artículo 20 de la muerta).

Pero partamos de donde hemos de partir: los resultados electorales. Vistos los cuales, no nos queda sino repetir algo fundamental, pero que a los trolls y los palmeros pro PP les sienta como a un vampiro el agua bendita: «Gana quien forma gobierno, no la lista más votada». Si al menos se leyesen la LOREG (Ley Orgánica 5/1985, de Régimen Electoral General)… Vamos, que les reto a que encuentren un artículo de la LOREG en que se especifique que es la lista más votada la que gana. Pero no: la LOREG exige que, para ganar, uno haya obtenido la mayoría absoluta (es decir, al menos el 51% de los escaños, que no de votos). Y es extremadamente generosa respecto a la formación de pactos para llegar a esa mayoría, pero nada más.

A partir de esos resultados electorales, que demuestran de sobra que no ha ganado nadie, se mueven las maquinarias de los partidos alrededor del artículo 99 de la Constitución. Transcribo el primer párrafo del precepto porque ésa es la fase en la que estamos ahora:

Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Antes de eso, no obstante, quiero referirme a un momento anterior: el de la constitución de las Cámaras. Esa fase previa nos ha deparado dos de los espectáculos más lamentables de la nueva legislatura (por ahora): la falta de respeto de los neocomunistas hacia la Cámara y el mercadeo de escaños entre formaciones políticas (que en algún caso ha fracasado y en otros no).

Es hasta cierto punto lógico que esos neocomunistas, que hablan del capitalismo como su mayor enemigo pero que no se descuelgan de su iPad 3 y su iPhone 6S («o sea, ¿saes cómo te digo, tía?»), no le tengan respeto alguno a la Cámara cuando aspiran a cerrar la barraca. Lo que les gustaría es que su Líder Brillante tomara el poder por medios legales e hiciera lo que hizo Hitler el 30 de marzo de 1933. Pero por ahora y gracias a Dios, no tienen aún el peso ni la masa crítica necesarios para llevar a cabo semejante proyecto. Para ser suficientemente progres y modernos, dejemos a un lado las cuestiones indumentarias y pediculares:


Éstos son los que se enfadan cuando uno les llama simplemente guarros y no «señorías» (uno se acostumbra rápidamente a lo bueno). Pero es lo de siempre: si al hemiciclo uno acude con rastas, un jersey, unos vaqueros y unas deportivas, no se le puede tomar por «señoría». Siendo benevolentes, habrá que tomarle por turista o así. Y sí, es una falta de respeto al recinto. Poco importa que fuera Celia Villacandycrush la que se lo afease, con lo mucho que tiene que callar. Cuestión de formas: antes los delincuentes iban de traje y ahora no se molestan en disimular. Nueva política, ya saben.

Igual falta de respeto mostraron en la jura del cargo. No podían limitarse a jurar defender la Constitución. Qué va. Tenían que dar el mítin:

—¿Jura o promete usted ejercer fielmente las obligaciones de su cargo, con lealtad a la Constitución y al Rey?

—Juro que… esteee… voy a trabajar para reformar y derogar la Constitución como expresión de la lucha de clases y de la dominación de la Iglesia, el Ejército y la burguesía sobre las empobrecidas clases trabajadoras por el capitalismo opresor de los mercados. (Pausa. Lo ha dicho prácticamente sin respirar). Ah… y otra cosa: ¡viva la Tercera República!

—Bueno, ¿pero jura o no?

—Eeeeeh…, sí, juro, juro.

«Ni de coña me pierdo el áipad, el áifon y la conexión gratis a Internet», piensa el imberbe y flamante padre de la patria.

En cuanto al mercadeo de escaños, ha ocurrido en la Cámara Alta. El PSOE ha cedido cuatro escaños para que los secesionistas, enemigos de España en tanto en cuanto quieren reventarla, puedan formar grupo parlamentario propio en vez de ser relegados al Tártaro del Grupo Mixto. Se ha levantado alguna vocecilla en contra, pero parece ser que el espadón de Mojácar ha hablado y ha sido como la Blasa: tós pa casa. Pero de eso hablaremos en la entrada siguiente.