Más de lo mismo, pero distinto (y III)

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Lecturas en clave nacional

Si no se tratara de una resignación suicida, cosa que creo a nadie conviene, se diría que hay gato encerrado. En mi opinión, éste es el gato encerrado: uno de los consexos básicos del régimen de 1978 se asienta sobre una especie de Pacto de Tordesillas entre los máximos representantes de la «derecha» y la «izquierda». Es decir, el reparto de territorios. Tú no me tocas las narices en Sevilla y yo no te las tocaré en Madrid. Tú no me tocas las narices en Galicia y yo no te las tocaré en Asturias.

Por eso Arenas fue «el hombre que pudo reinar en Andalucía» y al que Thor Montoro, con el consentimiento de Wotan Mariano, hizo caer del caballo de un rayo. Y por esa misma razón Moreno Bonilla ha aceptado que le partan la cara a la orilla del Guadalquivir. Mariano sabe que pintan bastos para él en noviembre y que no va a revalidar la mayoría absoluta. Así que ya desde ahora se esfuerza en buscar apoyos. ¿Que eso significa permitir charlotadas como la del refotèndum en Barcelona? Pase. ¿Que hay que renunciar a que Andalucía pueda ser gobernada por el PP? Pase también. Lo importante es que el líder pueda seguir en la poltrona. Curiosa aplicación del Führerprinzip en un contexto de democracia de mínimos.

Por la parte de Ferraz, hay quien dice que Susana ha aplazado el asalto a Ferraz —y por ende, a Moncloa—. Puede que por un tiempo sea así, sobre todo cuando aparezca el shishariyo. Pero más vale que el espadón de Mojácar no se duerma, no sea que coma las uvas en casa y no en Ferraz.

Para los demás ha sido el pistoletazo de salida. Saben que, ante la debacle a cámara lenta del bipartidismo, tienen posibilidades de entrar en las Cortes y de ocupar un número representativo de escaños. Vamos a ver las carreras y las puñalás en las respectivas formaciones para ocupar puestos de salir.

Más de lo mismo pero distinto (II)

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Pactos

Susana tiene que meditar muy bien con quién va a pactar. Sus votantes verían un pacto con el PP como contra natura, después de toda la propaganda que durante años han tenido que tragar los andaluces. «¿Paztá con lo zeñorito de la deresha? ¡Amoanda!». Da igual que muchos no se den cuenta de que los zeñorito votan hoy PSOE y de que el panorama refleja a la perfección el último párrafo de Rebelión en la granja. La publicidad de la marca, grabada a fuego, lo aguanta todo.

Pactar con Pablemos sería reeditar el pacto con IU, pero con mayores dolores de cabeza. Sería pactar con una individua que ha pretendido someter la celebración de la Semana Santa a referéndum (el «palo a la sotana« siempre es un revulsivo para alguna izquierda) y que poco más y se le ocurre pedir el cierre de la Maestranza por «defender los derechos de los animales». Pobrecica, no da pa má.

Finalmente, puede pactar con C’s, pero los naranjitos le han puesto como condición que se quite de encima las «50 sombras de Chaves y de Griñán». Problema: ahora tiene legitimidad de origen, pero en el fondo sigue siendo la recaera de la tienda. Y si se le olvida, ya le mandará Zarrías un recao envuelto en un mandil para refrescarle la memoria. Puede que la omertà siga funcionando. De hecho funciona mejor que en Nápoles y en Palermo juntas.

Más de lo mismo pero distinto (I)

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En Andalucía, antes de Semana Santa y de las tres campanás, han hablado las urnas. «El pueblo es sabio», dicen. Yo, que soy menos optimista, digo más bien que «el pueblo que no es esclavo es sabio». Pero ya me estoy desviando, así que vamos por partes, que dijera Jack el Destripador.

Las elecciones andaluzas tuvieron ayer una participación tres puntos superior a la de 2012. Vale decir que los partidos han conseguido movilizar una mijita má del electorado, no mucho más. Dentro del general descrédito de la clase política española en general y andaluza en particular, eso se puede considerar un medio éxito, aunque seguramente ha influido el hecho de que aparezcan nuevas marcas en el mercado político andaluz: algunas impolutas aún y otras con algún achaque de salida pero que al parecer eso no ha afectado a los resultados.

Más allá de lo que todos dicen la noche electoral, lo de «hemos ganado», cumple repasar los resultados para ver por dónde han ido los tiros esta vez.

Los resultados

Sin duda ninguna, la vencedora de los comicios de ayer fue Susana Díaz, en cuanto lista más votada. No con mayoría absoluta, desde luego, pero sí con el número suficiente de escaños para mantener el chiringuito. Es significativo que algo más de un tercio del censo prefiriera a Susana Díaz, la que dijo que «iba a luchar contra la corrupción». Un año después de llegar ella a la poltrona, la juez Alaya se lleva a los imputados de su partido y del sindicato amigo de veinte en veinte cuando antes se los llevaba de dos en dos (la lista se va acercando a los trescientos imputados). Pero eso no ha perturbado el ánimo de los andaluces que la han votado, perpetuando para cuatro años más el cortijo socialista andaluz. Con una diferencia: ahora Susana ya tiene legitimidad de origen, puesto que «la han votao lo andaluce y la andaluza», cuando antes cargaba con el hándicap de haber sido designada por un expresidente caminito del TS.

El gran derrotado, naturalmente, ha sido el PP. Ha caído de los 50 escaños que logró Javier Arenas, a los 33 de Moreno Bonilla. Del casi tocar el cielo al après moi le déluge. Seguramente habrá comentaristas que opinen que habrá que leer ese resultado en clave nacional, como un «voto de castigo indirecto» al partido en el Gobierno. Pero aun siendo eso así, yo veo dos errores de bulto que ha cometido Génova, empeñada en dispararse a los pies un día sí e outro tamén.

El primero de ellos es nombrar por dedazo a un señor que en el conjunto de Andalucía no lo conocía nadie. Error mayor por cuanto los populares andaluces ya tenían en mente a otro señor (José Luis Sanz, si no recuerdo mal) por quien se sentían más representados. Pero como es sabido, ni en Génova ni en Ferraz se estila eso de escuchar al pueblo. Así que ¿pensaron? en Génova que si la televisión podía encumbrar a un don nadie en una semana (no hace falta que les ponga ejemplos), ¿por qué ellos no podrían hacer igual, contando además con el poderoso aparato del partido y etcétera? Es decir, piensan que un candidato se puede crear de la nada, como una operación de marketing. Y todavía no: han idiotizado al pueblo, pero aún no tanto como para que éste no pueda distinguir un candidato verdadero de un candidato ful de Estambul. Y a ese candidato con nombre de árbitro (para mí «Juanma» siempre será López Iturriaga, que todo lo que tiene de alto lo tiene de buena persona) le han sacado la tarjeta roja, como les decía yo hace unos días.

En resumidas cuentas parece lo siguiente: que de Génova han mandado a un señor a que le partieran la cara a la orilla del Guadalquivir. Tanto es así que ni siquiera ha obtenido escaño en la circunscripción por la que se presentaba. Curiosamente, Arenas se presentaba como número 4 por Almería y él sí ha sacado escaño. No menos curioso es que a la hora de comparecer en los medios lo haya hecho completamente solo. Nadie quiere acordarse ahora del «menuda campaña te espera, bonita» de la todopoderosa vicetodo.

Y el segundo error, que no es de ahora sino que viene de muy atrás, ha sido instalarse en la cómoda oposición, supeditando su política a los superiores intereses nacionales de partido, de lo que luego hablaremos.

De IU poco vamos a hablar. Decíamos hace tiempo lo de «Izquierda Undida» como un chascarrillo de risa floja, pero ahora en IU ya no se ríen. Máxime porque, al igual que está ocurriendo en Madrid, Pablemos está fagocitando al comunismo burgués, cuyo único mérito destacable es haber pactado la Transición y no haberse echado al monte, como solía. Desde entonces no ha hecho otra cosa que vegetar, cuando no meter la mano en el cesto para consolarse de su inanidad política.

De manera que cuando ha aparecido una formación nueva de la misma marca, los más inquietos se han ido a ella como un solo hombre. Poco importa que sea «vino viejo en odres nuevos». La mezcla funciona —todavía— aunque ya da síntomas de agotamiento. Los Pablemos boys han entrado con fuerza en el Parlamento andaluz: de 0 a 15 diputados con el mensaje populista y bolivariano de los Chávez, Maduro y demás patulea. Y con el dinero de los venezolanos. Así da gusto, oyes: qué no hubieran dado partidos como C’s o VOX por disponer con liberalidad de semejante presupuesto, aunque esté manchado con la sangre del pueblo venezolano o con los excrementos que lanzan a los disidentes en las hediondas prisiones donde los tienen encerrados. Pero con los estándares morales políticos tan bajos, ¿qué más da, verdad?

En cuanto a C’s, se pueden denominar también triunfadores de la noche electoral. Se ha nutrido de descontentos del PPSOE, por un lado, y de votantes a los que Pablemos y su «izquierda extrema» pone los pelos de punta. Y, para mí, son los verdaderos triunfadores, con su lema «el cambio sensato». Sin tener una estructura clientelar —PPSOE— ni disponer de una generosa asignación girada desde un país extranjero —Pablemos—, han saltado de 0 a 9 diputados. Son los que no se han dejado llevar por los cantos de sirena populistas, a los que el PPSOE ha sucumbido: recordemos lo que decían del ISD, sólo porque el candidato Aguado en Madrid patinó a ese respecto —y lo mencionó Federico: prueba de que se le escucha más de lo que se dice por ahí—. Otra cosa es que, mirado con cierto detenimiento su programa, la primera palabra que venga a la mente es socialdemocracia. Que eso es en realidad en lo que están todos menos los de Pablemos, que quieren implantar la dictadura bolivariana en España y —tal vez— VOX.

Por supuesto, este éxito ha sido posible también con la inestimable colaboración de Carlos FlorianoSiudatán, decía; ahora seguro que no se ríe—, los naranjitos de Rafael Hernando —a Rivera le faltó tiempo para fotografiarse con el logo de nuestro Mundial, de triste memoria futbolística para nosotros—; pero sobre todo, por la estupidez que soltó un quídam que atiende por Antonio Sanz. Rivera salió airoso de los tres envites y eso se ha reflejado en la oportunidad que se le ha dado a su candidato, Juan Marín. Veremos.

En conjunto y como colectivo, los andaluces tendrán lo que se merecen. Ni más ni menos.

«Imputacionesh e imputacionesh»

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Menuda mamarrachada se le ha ocurrido a Mariano para defender la «intangibilidad» del consexo. El todavía presidente del Gobierno pretende distinguir entre «imputaciones» e «imputaciones». Parafraseando a Orwell, «todas las imputaciones son imputaciones, pero algunas imputaciones son menos imputaciones que otras». Vamos, que para este gallego en ejercicio unha cousa é unha cousa é outra cousa é outra cousa.

Quiero traer a colación cierto precepto de la venerable viejecita que es la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 (el 14 de septiembre cumplirá 113 años), en la que todavía se habla de «Escribanía» y de «alguaciles» y de otras figuras largo tiempo ha desaparecidas de nuestro panorama judicial. El precepto es el siguiente:

Desde que resultare del sumario algún indicio racional de criminalidad contra determinada persona, se dictará auto declarándola procesada y mandando que se entiendan con ella las diligencias en la forma y del modo dispuesto en este título y en los demás de esta Ley.

(art. 384 LECrim, in limine).

Estas líneas son el fundamento del auto de procesamiento en el llamado «procedimiento ordinario por delitos graves». Ustedes estarán conmigo en que criterio más claro no puede haber para determinar un cambio de situación personal respecto de quien se sospecha que pudiera haber cometido un delito. De hecho, los más viejos del lugar recordarán que durante los llamados cuarenta años uno iba a pedir trabajo y, si no podía responder negativamente a la pregunta «¿Ha estado usted procesado?», sencillamente no le contrataban.

En el procedimiento abreviado, que se introdujo en 1988, la situación es la siguiente: a través de él se juzgan delitos cuya pena establecida no supere los nueve años de prisión. Caen, por tanto, en ese ámbito, prácticamente todos los delitos que un político o alto cargo de partido, puede cometer: ninguno sobrepasa ese límite. Segundo: en el procedimiento abreviado no existe figura equivalente al auto de procesamiento, sino que una vez existen esos «indicios racionales de criminalidad» y tras oír a las partes y si éstas lo solicitan, el Juez dicta auto de apertura de juicio oral. No queda muy claro cómo hay que llamar al presunto hasta que se produce la imputación.

La reforma que se ha sacado de la manga el Ministro Tragaperras no viene a aclarar esa situación, sino a embarrarla. Ahora, hasta que se dicta ese Rubicón que es el auto de procesamiento (o en el procedimiento abreviado, hasta que se dicta el auto de apertura de juicio oral, porque no hay ese auto de procesamiento), resulta que una persona es investigada. No es que haya indicios racionales de que cierta persona haya cometido un delito. Tampoco es que esa persona se presuma completamente inocente. Por eso se la investiga. No obstante, yo les pregunto: ¿votarían ustedes a alguien de quien se sospechara fundadamente (traducción estándar de «indicio racional de criminalidad») que pueda haber cometido un delito de ésos que sólo pueden cometer los políticos? Estoy seguro de que no les inspiraría ninguna confianza.

El caso es que de las declaraciones de Mariano sólo se puede inferir una cosa: que sólo hasta que recaiga sentencia se puede apartar a alguien de las listas electorales —o, menos frecuentemente, puede renunciar uno a ir en ellas—. Y es lógico: una sentencia condenatoria firme es lo único que puede destruir la presunción de inocencia. Sería lo respetuoso con la letra de la ley. Nada que objetar… si no fuera porque la práctica impone sus correcciones. Sin ir más lejos, en el propio partido de Mariano. Porque no solamente se juzga a Luis Bárcenas, el de «Luis, sé fuerte», sino al tesorero del PP y por tanto, a todos los que pusieron su confianza en él, Mariano el primero. El segundo problema es que, a la velocidad que va la Justicia, debido no sólo a la falta de medios materiales y personales, sino también a las brutales presiones políticas que en casos como el citado sufren los Jueces y Tribunales, el señor Bárcenas o no irá a prisión, o va a oler los barrotes cuando el hijo de la Verónica haga la mili.

Claro que siempre será mejor que se establezca un punto concreto (sentencia) que marear la perdiz. Sí, eso que hacen los responsables de la pesoe, porque tienen a dos presidentes de la Junta de Andalucía caminito del Supremo —eso sí, al paso de las muñecas de Famosa—y cada día dicen algo distinto: que si el «código ético» (de risa, porque se lo han pasado por donde yo les diga cuando les ha dado la gana), que si la imputación, que si la apertura del juicio oral… Vamos, que no se sabe cuándo cree la pesoe que alguien debe dejar de formar parte de una lista electoral.

El único caso que yo conozco en que la regla se ha aplicado con claridad, hasta ahora, ocurrió en Ciudadanos: el entonces diputado autonómico Jordi Cañas tuvo que dejar su escaño por las sospechas —no sé hasta qué punto fundadas— de estar implicado en una pifia cuyo investigado principal era un cuñado suyo. Creo recordar que ni siquiera hizo falta auto de procesamiento o de apertura de juicio oral. Y que, además, quedó posteriormente exculpado de toda responsabilidad penal. Eso sí: como políticamente ya estaba quemado, no pudo volver a su escaño.

Y del otro lado, pero mal, también tenemos al PP y el caso de Ignacio González. Como ya hemos hablado de él, al correspondiente post me remito. Aquí decir solamente que ha bastado una investigación policial, llevada a cabo por un señor que tiene mucha más porquería que tapar que el propio González, para que éste se cayera de las listas. Y cuando lo de González, comparado con lo de otros en su propio partido o en otros partidos, se puede considerar peccata minuta.

Tengan cuidado, pues, con las investigaciones. Ese señor que se dice empleado de compañía telefónica igual está instalando micrófonos en su casa por cuenta del Ministerio del Amor, aunque ustedes no lo sepan. Y, lo peor: que igual el juez que debiera ser competente tampoco lo sabe, porque «sólo son investigaciones policiales» y no se ha comunicado fehacientemente a la Justicia.

In memoriam 2015

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Hoy seré más breve que en 2013 (en 2014 no dije nada porque estaba asqueado de todo lo que rodea al 11-M). Pero hoy sí quiero decir algo. Y es que una nación que acepta, da por bueno y pasa página, sin más una masacre en la que fallecieron 192 personas y se hirió a unas 1.500, preguntando a renglón seguido qué es lo que ha hecho el Madrí (o el Barsa, o el equipo de Primera que ustedes quieran) es una nación derrotada, humillada y sometida. Sobre todo, tras esa sentencia jurídicamente infumable, cuya lectura no aclara qué explotó en los trenes, quién ejecutó el crimen, quién fue colaborador no sólo necesario sino imprescindible y, por encima de todo, quién lo ordenó y planeó. La verdad parece ya no interesar a nadie; y menos que a nadie, al partido cuyo triunfo le fue arrebatado por esa masacre. No quedan más que borregos —sobre todo en ese partido— que le dicen a uno: «Nunca vamos a saber la verdad, ¿vale? Así que deja de dar el coñazo, vamos a ver el fúrbo (o el Sálvame) y tomamos otra de gambas».

Y ya lo dejo aquí para que podamos oír, un año más, esa música doliente de Shostakovich. Música que hoy, más que nunca, parece escrita no tanto para los muertos de aquella triste y terrible ocasión, cuanto para el funeral de nuestra non nata «democracia».

Demolition Man (II)

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Madrid

Y ahora, naturalmente, faltaba la joya de la Corona. ¿Cómo desactivar el último reducto aznarista? Eso era más delicado. Empecemos por el principio, que se parece bastante a los comienzos de todos los libros de Astérix

Estamos en el año 2015 d.C. Toda la Hispania está ocupada por los marianos… ¿Toda? ¡No! Una Comunidad poblada por irreductibles aznaristas resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios marianos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum…

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Demolition Man (I)

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Vaya por delante que no he visto esa película y que, por tanto, no sé cuál es su argumento. Lo que sí empiezo a colegir, dentro de mi limitado conocimiento, es que el título cuadra admirablemente a Mariano Rajoy Brey y a toda su pandi (que diría Federico) de secuaces eficaces. Leer el resto de esta entrada »