Ai, la censura (III)

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Otra de las derivadas de este campanazo es que el ministro ha servido en bandeja a la oposición la campaña propagandística correspondiente. Es decir, podrían perfectamente basar su campaña en algo que haría vomitar hoy a muchos gerifaltes del Régimen franquista: que el PP «es la derechona de toda la vida, la de Franco y la de Hitler…» y bla-bla-bla. Tanto más falso cuanto que el famoso giro del PP lo ha sido hacia la socialdemocracia y hoy se puede considerar un partido ideológicamente hablando de centro-izquierda. Es decir, lo que fue la pesoe con Felipe González.

Lo cual, a su vez, se conecta con otra constatación: el régimen franquista, por malo que fuese, por lo menos admitía abiertamente que ejercía la censura. Eclesiástica, pero censura al fin y al cabo. Que luego la Ley Fraga relajó un tanto, conforme a los nuevos tiempos que se empezaron a vivir con el desarrollismo (1966). Hoy en día, a pesar de que se ejerce la censura, no faltan indocumentados que le dicen a uno: «¿Pero qué dices? ¿Censura previa? Estamos en democracia. Eso es de tiempos pasados y hoy no existe».

Como les digo, existe, aunque ahora no se llame así. La blogosfera también tiene su censura, nunca razonable, aunque se pueda manifestar de forma no violenta. Tal sería el caso de ese blog que escribe algo que no gusta a algún pececillo gordo de poca monta y ese alguien manda a algún hacker para que vandalice un poco ese blog. O el propio hacker, on his own. Sólo por fastidiar, vamos. Son formas relativamente inofensivas de censura. Algún día hablaremos de la política y la devoción.

Ai, la censura (II)

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El campanazo

El campanazo del ministro Catalá Polocú ha resultado ser lo siguiente. Ha decidido que los españolitos de a pie debemos estar hartos de desayunarnos todas las mañanas con escándalos judiciales, sobre todo de los de su color. Y ni corto ni perezoso, cual diligente «servidor con objetividad de los intereses generales de la nación», está firmemente decidido a acabar con las temidas filtraciones judiciales. Sí, ésas que permiten que los medios se enteren de lo que ocurre puertas adentro en las Salas de Justicia cuando algún pez gordo está implicado.

¿Y qué se le ha ocurrido en concreto al Ministro? Pues nada más y nada menos que castigar a los medios que publiquen esas filtraciones. Es, simplemente, lo más fácil. El Ministro ha decidido que, como va a ser «imposible» (¿?) determinar el origen de la filtración, hay que proteger a los españolitos de las malas noticias relativas al partido en el Gobierno. No importa quién filtrara el sumario a la prensa: el juez, un funcionario de ese Juzgado (dentro de nada Oficina Judicial), uno de los abogados de las partes… Se prescinde también del hecho de que quien filtra tampoco lo hace por amor al arte o servicio a la nación. Matar al mensajero es lo más fácil, aunque en el Gobierno se pasen por el arco de triunfo el artículo 20 de la Constitución.

Todo lo anterior plantea al menos dos cuestiones: en primer lugar y aunque se haya reculado, por qué «reinstaurar la censura». Es una falacia, porque la censura ya existe en España; y eso tanto a nivel orgánico como objetivo.

A nivel orgánico, consideren ustedes el famoso Consell de l’Audiovisual de Cataluña, el tristemente célebre CAC. Por supuesto que no lo llaman como lo que es, órgano censor, pero a los efectos funciona como tal. No menos censora es la Sección Dos de la llamada Comisión de la Propiedad Intelectual, que nos dice a los españolitos qué podemos y qué no podemos compartir a través de internet. Que si usted hace caso omiso de los requerimientos de esa Sección, puede ser que un día peguen una patada en su puerta los de la Sección Uno, pero no los de la CPI sino los de La Femme Nikita.

A nivel objetivo la censura funciona a otro nivel. Se trata de que, con independencia de que exista un órgano que explícitamente ejerza esa función censora, existen temas que no se tocan. Sin ir más lejos, el tema de los comportamientos poco edificantes de los peces gordos. Un servidor recuerda muy bien que durante muchos años la Real Fauna ha sido tabú. Toda ella se cubría con el uniforme de capitán general que Campechano I sacó en la televisión el 23-F y después de que Sabino le intimara «Pórtate como un hombre. Los hombres no lloran». Luego hemos empezado a saber cositas de unos y de otros… y la verdad, la composición no es muy edificante en conjunto. No debe extrañar, por tanto, que Antonio López, gran artista del pincel, tardara la friolera de veinte años en terminar el cuadro de la Real Fauna. Si quieren otra prueba de que la censura objetiva existe, no tienen más que ver el suceso de la defenestración de Pedro J. Ramírez: las continuas novedades sobre los casos Nóos, los EREs andaluces y la Gürtel hacían peligrar el edificio del consexo. Y se lo quitaron de en medio, sin más.

Ai, la censura

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Se nota que se avecinan tiempos turbulentos para las Batuecas. El consexo socialdemócrata se cae a cachos y los que cortan el bacalao sin presentarse a las elecciones cada vez tienen menos empacho en mostrar la realidad del régimen que vivimos.

Yo no sé qué le puede haber pasado al ministro Catalá Polocú. A mí me da que está un poco harto de que pese sobre él la losa de Gallardón, que todos los días daba un campanazo o abría una zanja. El actual titular de Justicia, por el contrario, es un señor más bien anodino y de marcado perfil técnico. Vamos, de los que le gustan a Mariano: calladito y en plan del Neruda («Me gustas cuando callas porque estás como ausente»). Posiblemente, como presidente de la patronal de las tragaperras hablara más.

El hecho es que ayer dio un campanazo que a muchos nos ha dejado tiesos. Ahora, claro: tras la polvareda levantada las reacciones de diversos medios de comunicación, el ministro recula y da a entender que «sólo era un globo sonda, ¿cómo íbamos a restablecer la censura?». Y así. Que no se puede gobernar a base de globos sonda es más que sabido. Pero en este tiempo final, donde el calor de la contienda política derrite las máscaras a toda velocidad, parece cumplirse ese dicho de Nietzsche: Nichts ist wahr, alles ist erlaubt. Nada es verdad, todo está permitido. No tenemos la seguridad de que algo que no podemos creer hoy no pueda ser una realidad mañana.

Nariz tapada (y II)

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Der Fall Rato, no obstante, presenta una peculiaridad: el fuego amigo. Aparentemente, no es la oposición quien dispara, ni el famoso contubernio judeomasónico internacional. Han sido sus propios correligionarios quienes han ido a por él. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y lo que les decía en la entrada anterior acerca de la política y las casualidades, es curioso que la defenestración y martirio televisados de Rodrigo Rato coincidan en el tiempo con las filtraciones relativas a la muy irregular situación de Montoro en relación al equipo económico habitual. Leer el resto de esta entrada »

Nariz tapada

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Hemos asistido este fin de semana (la onda expansiva ha llegado hasta Berlín, donde me encuentro precisamente ahora) a la ejecución pública de Rodrigo Rato, como si de un autodafé se tratase. El hereje Rato ha sido públicamente acusado de ser adorador en secreto del becerro de oro en vez de quemar incienso en el altar de la verdadera fe marianista, lo que le ha valido ser quemado en la hoguera de las vanidades políticas. Leer el resto de esta entrada »

Pelotas de acero

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Tras un período de silencio, volvemos a la carga. Hubiese preferido usar un sustantivo más rotundo en el título de la entrada; pero como ustedes ya se lo imaginan, dejo el título tal cual. Empezando por el principio, sepan ustedes que un servidor no valdría para juez en estos tiempos que corren. Tal vez en otros tiempos de paz sí; pero en estos tiempos de debacle moral y económica, es complicado. Y no digamos si al Juzgado o Tribunal de uno le cae la desgracia de instruir y/o decidir un caso con elemento político. Eso es al juez instructor/decisor como al agricultor un pedrisco una semana antes de la cosecha.
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Más de lo mismo, pero distinto (y III)

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Lecturas en clave nacional

Si no se tratara de una resignación suicida, cosa que creo a nadie conviene, se diría que hay gato encerrado. En mi opinión, éste es el gato encerrado: uno de los consexos básicos del régimen de 1978 se asienta sobre una especie de Pacto de Tordesillas entre los máximos representantes de la «derecha» y la «izquierda». Es decir, el reparto de territorios. Tú no me tocas las narices en Sevilla y yo no te las tocaré en Madrid. Tú no me tocas las narices en Galicia y yo no te las tocaré en Asturias.
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