Sinfonía nº 11 en sol menor, op. 103, «Año 1905», de Dmitri Shostakovich (y II)


III. Adagio: In memoriam.

Tras el horror descrito en el movimiento precedente, Shostakovich ve llegado el momento de honrar a los muertos. Y lo hace con una cita de una marcha fúnebre revolucionaria: Vy zhertvoyu pali (Caísteis, víctimas) de la cual aquí les dejo el original. El silencio sepulcral en que termina el movimiento anterior comienza con unos pizzicati en las cuerdas graves, parientes del amenazador motivo de los timbales del primer movimiento:

Por su parte, la canción comienza a sonar en las violas:

La melodía, con los habituales meandros armónicos, se va desgranando hasta que participan todos los instrumentos de cuerda. Una vez la han tocado todos juntos, en el compás 97 se abre una nueva sección: la música baja medio tono (a Fa sostenido menor) y se vuelve más solemne con la entrada de los metales, más el acompañamiento de clarinetes y contrafagot. Las trompas enuncian este segundo tema:

Las cuerdas comentan este tema y luego lo recogen, para iniciar un ascenso a lo que después será el clímax del movimiento. Así, pues, pasamos de lo que es el dolor por los caídos a oír a Shostakovich gritar que esas muertes del anterior movimiento no fueron en vano, tanto las de 1905 como (sobre todo), las húngaras, que es de las que realmente está hablando. Aquí es donde Shostakovich denuncia la salvaje represión de que fue objeto el pueblo llano, elemento mussorgskiano por excelencia, no ya en 1905 o 1956, sino en toda época (el autor viviría aún para ver la Primavera de Praga). Para ello usa un motivo que ya apareció en el segundo movimiento en los metales graves (compás 162 y ss.):

y luego a toda orquesta, durante la salvaje carga policial (cc. 750-764 de ese movimiento). Volvemos a oír ese motivo nuevamente a toda orquesta, pero en un contexto completamente distinto: el lamento y la ira por los caídos. Finalmente, vuelve la calma y la reaparición de la canción fúnebre (melodía de las violas sobre pizzicato de las cuerdas graves, como al principio del movimiento), sirve de silencioso cierre a este movimiento.

IV. Finale: Alarma. 

Los tres movimientos anteriores nos han contado los hechos. Pero Shostakovich no quiere quedarse aquí. Es como si nos estuviera diciendo: «Hemos contado los hechos y hemos llorado a los muertos. ¿Y ahora qué?». La respuesta es este movimiento: «¡Hay que levantarse contra la tiranía!». Afortunadamente para él, Shostakovich no especificó contra qué tiranía había que levantarse y la crítica nacional del momento entendió, con bastante miopía, que esa tiranía era la del «relato histórico»; de otro modo, el camarada Dmitri Dmítrevich hubiera dado con sus huesos en Kolymá sin dudarlo.

El movimiento, tras el dolor del anterior, nos saca bruscamente del recuerdo emocionado a los muertos con una agresiva marcha militar en si menor, de forma parecida a como ocurre en la Quinta, con el metal y las maderas graves. La canción en este caso es Rabiad, tiranos:

La orquesta desarrolla este tema en esta primera sección, si bien el desarrollo es interrumpido varias veces por la enunciación del tema por los metales graves y variaciones de la llamada de la trompeta en el primer movimiento.

Y nuevamente tenemos una sección que se abre con la melodía de Varshavianka (en España más conocida como «A las mariscadas barricadas») repartida su enunciación entre las cuerdas (cc. 235-241) y las maderas (cc. 335-345). Dejamos la muestra del primer trozo:

De aquí, tras un desarrollo en que vuelve la canción Rabiad, tiranos, hay un clímax en Si mayor (mayor respecto de la tónica con la que empezó el movimiento, Si menor: c. 567 y ss.). Con él, Shostakovich expresa sus deseos de victoria del pueblo sobre la tiranía, sobre todas las tiranías. El clímax cada vez se hace más horrísono, la alegría más histérica; y cuando las trompetas emiten la nota “sol”, todo se detiene. Es otro buen momento para recordar a los caídos anteriormente, que el compositor encarga al solista de corno inglés, con el fondo de las notas largas del primer movimiento y ocasional presencia del arpa, como allí. El tema es nuevamente un primo hermano del que citamos al final de nuestro análisis del tercer movimiento (c. 638 y ss.):

Una vez termina este momento calmado, Shostakovich vuelve a la carga con el tema principal del segundo movimiento, en el clarinete bajo acompañado de la percusión. Aquí es el tirano el que debe temer al pueblo, porque ha provocado la violencia de éste. Volvemos a oír el tema del solo del corno inglés, pero ahora en el registro grave de las trompas, absolutamente amenazante, como diciendo: «¡Ha llegado tu hora, tirano!». Y en verdad es así, porque Shostakovich entra a todo galope en la coda (c. 711), mezclando contrapuntísticamente las dos canciones que sirven de base al movimiento. En el momento final se oyen las campanas llamando precisamente a rebato: un recurso realista más de la crispada paleta del compositor.

Versiones

Hasta aquí el análisis de la obra. El tema de las versiones es siempre complicado puesto que cada lector tiene sus preferencias. No obstante ofrezco una mínima lista para que ustedes puedan elegir la que más les convenga:

  • Kondrashin/Filarmónica de Moscú (publicada en 1994, pero obviamente anterior, pues el director falleció en 1981 y además, en 1978 el régimen soviético prohibió todas sus grabaciones por escapar del país y pedir asilo en Amsterdam).
  • Rozhdestvenski/Ministerio de Cultura de la URSS. Grabó dos integrales del compositor y al menos la Onceava de la segunda integral es muy estimable.
  • Stokowski/Houston Symphony Orchestra. Una versión abreviada del primer movimiento de esta versión tuvo el honor de ser incluida en la banda sonora de la serie de divulgación científica Cosmos, de Carl Sagan, representando el caos anterior a la Creación del Mundo (curioso homenaje al Padrecito, como recordarán).
  • Haitink/London Symphony. Posiblemente la integral de Haitink sea la más ajustada dentro de lo que podríamos llamar interpretaciones occidentales.

Para una experiencia más inmediata, les dejo aquí la también muy estimable versión de Thomas Søndergård  con la BBC Symphony en los Proms de 2013:

A modo de epílogo

Me permitirán ustedes que añada unas palabras finales en este post. Palabras que tomaré prestadas del periodista David Torres en un artículo que él escribió para el centenario del nacimiento de nuestro compositor (y que suscribimos de la primera letra a la última):

«Hace tiempo, la raza humana envió una sonda fuera del sistema solar. Entre los mensajes enviados para una hipotética inteligencia extraterrestre hay un preludio de Bach. Nadie podría encontrar una música más desnuda, más bella: todos los logros científicos, matemáticos y artísticos de la Humanidad quintaesenciados en tres minutos gloriosos. Pero, como Mozart, esa música nos habla no de lo que somos sino de lo que quisiéramos ser. Si, además de la belleza, hubiéramos querido contar toda la maldad, la miseria y la mentira que habitan esta pequeña lágrima azul, no habríamos enviado al viejo Bach de embajador. Habríamos enviado a Shostakovich

Gotas que me vais dejando...

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