Halal Majrit


Me ha producido sumo placer la lectura de la Tercera del ABC de hoy, firmada por Serafín Fanjul. Y al mismo tiempo desasosiego, porque retrata una realidad bien evidente. Éste sería un caso en que tres pequeños gestos (la eliminación de la cruz en el escudo de un equipo de fútbol, la de la corona y el cambio de denominación de su estadio) es significativo de hechos que ocurren a mayor profundidad y tienen un mayor aunque —por ahora— inadvertido efecto.

Me imagino que algunos madridistas descerebrados saldrán al ataque argumentando que «como estamos en un Estado aconfesional, no es obligatorio que el club muestre una determinada tendencia religiosa (sí, hasta ese punto rebajan lo que mil cuatrocientos millones de personas creemos)». Pero ése no es el tema. El tema es que la actual directiva madridista se ha vendido, ya sea por necesidad o convicción, al grouchomarxismo: «Somos un equipo que ostenta una cruz en el escudo; pero si les molesta la cruz no se preocupen, que la quitamos». Uno podría preguntarse si es que Florentino Pérez se ha vuelto catalán, porque entre «el soci» y «el negoci» ha optado claramente por éste último.

Como siempre, la cuestión es esa pregunta tan molesta en la sociedad futura de Beatty y Montag: ¿por qué? Malo sería que lo hicieran por convicción (seguro que la Logia les aplaudirá y mucho, embarcada como está en eliminar los signos de identidad de la Nación española). Pero hacerlo por necesidad significa que están tan apurados que ya no preguntan de dónde viene el dinero. Y sobre todo, que les importa un carajo lo que piense el socio. Ese socio promedio, al que cuando se caiga del guindo, le dirán lo mismo que le dijo Reagan a Carter: «¡Es la economía, estúpido!».

Entonces caerá en la cuenta de algo que el fúrbo siempre fue: un negocio. Ni «sentir los colores», ni los «valores del equipo», ni leches en vinagre. El futbolista es un trabajador y se le aplica el Estatuto de los Trabajadores lo mismo que a un tornero fresador de una fábrica, por más que esté más que bienpagao. Y el club es un centro de trabajo y una empresa: es decir, que está para tener beneficios (aunque en no pocos casos no hayan sido siempre un dechado de virtudes empresariales). Todo lo que se hace es por el negoci, como ha ocurrido con estos ultras: sólo cuando ocurre una desgracia y se advierte que puede ser malo para el negoci se anuncian «serias medidas». Por cierto y ya que estamos: Villar, eterno presidente de la RFEF, ¿dónde estás?

Las otras dos dimensiones del fúrbo, el espectáculo y el deporte, quedan para el pueblo. En el primer caso, porque se ha convertido en una Ersatzreligion que permite a algunos socios descerebrados citarse con otros socios descerebrados de un equipo contrario para romperse mutuamente la cara o lo que sea, bien aleccionados por los atizadores del odio emboscados en la prensa deportiva. El resto, del que muchos antes iban a misa más o menos «porque había que ir», han abrazado con entusiasmo la religión furbolera. No es moralmente muy exigente y no les promete el paraíso eterno; pero sí una estancia en el nirvana de más o menos noventa minutos previo pago de una entrada o del correspondiente servicio televisivo con derecho a practicar el sillón-bol y 6-pack de cerveza.

Para encontrar la dimensión deportiva del fúrbo hay que descender a Segunda B, por lo menos y, en su caso, a las categorías juveniles. E incluso a ese nivel puede haber problemas: algunos padres amenazan físicamente al árbitro (un chaval, por lo demás)  porque no ha pitado como a ellos les gustaría para el equipo en el que juega su niño. ¿Deportividad? ¿Fair play? ¿«Lo importante es participar»? Y un mojón. Ése es el lenguaje de los perdedores. Yo tengo que ganar y, por lo tanto, mi niño también.

Sea como sea, el Halal Majrit se ha plegado a las exigencias del talonario. Talonario musulmán, no se olvide. La directiva no piensa a largo plazo: les han untado bien y, hecho eso, les importa un pimiento cómo se llame o se deje de llamar el estadio. Al populacho conjunto de socios, al parecer, también les da igual: mientras haya gladiadores en el circo y ellos puedan pagar su entrada y hacer apuestas, show must go on. Nadie se atreve a protestar, por miedo a que lo tachen de fascista (por español y monárquico) y meapilas (por la cruz). Ni la Corona, por lo visto, tiene siquiera algo que decir, pese a verse directamente afectada.

Pero esos señores de los emiratos, en lo alto del tótem de una dictadura teocrática, sí piensan a largo plazo, puesto que al no depender de elección alguna tienen todo el tiempo del mundo y además, a diferencia de las democracias, no dan saltos en su política, sino que la línea siempre es la misma. No solamente nos van a conquistar con los vientres; encima, con esas directivas degeneradas capaces de venderse por dinero, vamos a tener que decir que es bueno que se apropien de aquello que nos hace más característicos. Hasta que al final, todo caerá como fruta madura, empezando por ese «régimen que nos hemos dado».

Todo sea por ir olvidando muy lentamente pero sin marcha atrás quiénes somos y qué significa ser español, dentro de una atmósfera de podredumbre general, en la que si no se va todo a tomar viento es porque todavía hay gente que cree en España y trabaja en consecuencia.

Tendría gracia que algún clérigo tronado de esos que abundan en el Islam declarara una fatwa contra el fúrbo «por ser contrario a Alá, el grande, el misericordioso»…

4 comentarios en “Halal Majrit

  1. Con estas cosas tan vergonzosas que ocurren en el deporte de élite español, dan ganas de fundar una federación española de carreras de sacos, por decir algo.

    Money money, amigo aguador, es lo que prima. Y mientras tanto, los aduladores de falsos ídolos, embelesados con los triunfos pagados de sus ídolos. Esos ídolos en los que quieren convertir algunos padres, no para bien de sus hijos, sino mas bien, para salir de pobres. En fin, que esto de los negocios y el deporte corrompe mas, si cabe, que los negocios y la política.

    Para llorar amigo Aguador.

    • Es muy preocupante. amigo Pablo, la verdad. Pero lo verdaderamente significativo es el silencio de las instancias afectadas. Ya no digo de la Iglesia, porque para algunos, que la Iglesia se meta incluso en lo que le interesa es una «intromisión intolerable»; pero es que ni siquiera la Corona parece tener nada que decir. Si la directiva de ese club no tiene problemas en hacer desaparecer la corona cuando hace negocios con Morolandia, que dejen de llamarse «Real» y que se llamen como reza el título de la entrada, si tan dispuestos están a aceptar las condiciones impuestas por los jeques.

      A propósito del money: encima que Montoro los trata bien y no les aprieta las tuercas como al resto de españolitos de a pie… El caso es seguir viviendo del cuento y la poltrona. Y todo en perjuicio de los españoles, por supuesto.

      • Sea como sea, que tenga usted una FELIZ NAVIDAD, señor Aguador y que el 2015 sea el año de la cordura, especialmente en quienes tienen la responsabilidad de conducir este pequeño trozo de planeta llamado ESPAÑA.

        Felicidades y a seguir siendo tan cabal en su pluma.

      • Igualmente, amigo Pablo. Que la realidad no nos estropee el ánimo en unas fiestas que han de ser un momento de paz y tranquilidad para todos.

Gotas que me vais dejando...

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