Quien nos va a sacar de la crisis


Hace algún tiempo discutía con alguien en una versión reducida del debate del estado de la canción de las Batuecas, conocidas por la progresía rampante como Estepaís (se conoce que decir «España» les produce llagas en la lengua). Como veía que no me convencía me soltaba esta pregunta retórica típica de argumentario bien aprendido. Al llegar a este punto me di cuenta de su grado de abducción por el argumentario genovita. Sabiendo que no se puede discutir con un fanático porque te rebaja a su nivel y luego te machaca con su experiencia, dejé de discutir con esa persona. De hecho, hace tiempo que dejamos de hablar de nada.

Pero lo cierto es que esa pregunta me dio qué pensar y fruto de esas reflexiones ha surgido esta entrada. Centrándonos en el tema, la pregunta tiene miga, aunque en mi opinión es una pregunta coja y tramposa. Verán. La cojera de esa pregunta proviene de que antes de formular esa pregunta habría que formular otra, a saber: ¿quién nos metió en la crisis? Por supuesto que la respuesta consagrada salta como un disparo: «fue el PSOE de ZP» y a partir de aquí parece que ZP fue poco menos que el demonio. Aceptemos eso. Pero ahora, siendo malvados, preguntémonos: ¿fue el único culpable?

Respuesta; no. Si tuvimos que aguantar a ZP durante dos legislaturas no fue sólo por méritos propios. Al igual que lo de Bankia, que no fue sólo «cosa de Rato y el PP». Se unieron más factores en el hecho de que aguantásemos nada menos que 8 años al tonto peligroso de ZP y su cuadrilla, más peligrosa aún que él. A ese nivel, nada se produce sólo por méritos propios y autoría única. Hay cómplices y colaboradores necesarios. Fue la deriva de un PP en la cómoda oposición y nula vocación de servicio a la Nación la que propició la continuidad de ZP en Moncloa, lo mismo que fue el mirar hacia otro lado del Banco de España y de la CNMV la que propició la estafa de las preferentes, que cometió buena parte del sector bancario, no sólo Bankia. Más aún: un PP que eligió en olor de mil gaviotas —¿dónde irán?— a Mariano Rajoy sin saber que comenzaba a caminar por la senda de la irrelevancia y de la socialdemocracia de derechas.

Hablemos ahora de la trampa. La trampa está presente a dos niveles. Primero, en el hecho de que en esa pregunta está implícito que la ciudadanía, ustedes o yo, no tenemos ningún poder de decisión real. Metidos en ese «Estado socialdemócrata de Derecho» que luce en el frontispicio de la muerta, resulta que es Papá Estado y, más que él, quien lleva el timón de esa nave, «quien nos va a sacar de la crisis». Es Papá Estado quien nos lleva de la manita a la crisis o fuera de ella, como si fuéramos críos. Y los políticos que manejan la nave del Estado —no importa su color: prácticamente todos, con las debidas excepciones, son socialdemócratas— creen firmemente en aquella vieja consigna de Bad Godesberg, 1959 de «Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario».

Ésa es la trampa que subyace en esa pregunta malvada de «quién nos va a sacar de la crisis»: creer que van a ser «los políticos» quienes nos saquen de la crisis. A nuestros politicuchos de tres al cuarto reconvertidos en directores generales, secretarios de Estado y demás altos cargos a los tres niveles de poder, les fastidiaría mucho tener que reconocer la verdad: que los españoles, cuando nos han dejado, hemos sido capaces de salir de apuros por nosotros mismos y que no son ellos, ni políticos ni burócratas, los que levantan el país.

A ellos, que sí salen de la crisis con dinero mío y de ustedes, poco les importa que los colegios se parezcan cada vez más a los Napola hitlerianos, los hospitales sirvan como instrumento de control poblacional (no dejar nacer a los niños y cargarse a los yayos, que «son muchos y cuestan mucho dinero al erario público») o las carreteras acaben con baches a los dos años de su construcción a pesar de los sobrecostes, al parecer inevitables.

Cuando nos han dejado de «fastidiar con j» y han dejado de freírnos a impuestos, hemos salido adelante. Pero quiá: el mantenimiento de una estructura administrativa como la nuestra, ineficiente en términos generales y carísima en términos absolutos, requiere freír a impuestos al respetable. Y el tren de vida de algunos presidentes autonómicos también (alguno cobra más incluso que Mariano, al menos contando sólo sueldo público), o incluso de primeros ediles y portavoces de ayuntamiento requiere el mismo «sacrificio» por parte de la mal llamada sociedad civil.

No se dejen engañar por los colores, pues: cualquier color que considere que usted no sabe lo que puede o no puede hacer con su dinero y que debe dejar a Papá Estado decidir por usted le considera un niño de teta. Y en eso, tanto por Constitución como por ADN, como les decía, están prácticamente todos. Consexo socialdemócrata, sin más. Sobre todo, cuando cada vez hay «más Estado y menos mercado».

Gotas que me vais dejando...

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