Tramoya


Siempre me ha disgustado ese vocablo exportado al tertulianés en cuanto a la polisemia. Me refiero al escenario: «Se crea un escenario…». «El escenario más deseable sería…», dicen esos sesudos tertulianos obligados a elucubrar por un moderador con carné o que ha de hacer méritos para que no le fulminen por tibio. Y no me gusta por una razón esencial: porque hace parecer a todos los intervinientes unos actores. Pero no actores en el sentido latino de que «hacen» (actor qui agit est), sino actores en el sentido griego de la palabra: ποκριτς, es decir, hipócritas en tanto que «representan un papel».

Y en esas estamos, con la legislatura echando las últimas boqueadas. Después de tres años y medio de andar mareando la perdiz y pedir la hora, ahora al Gobierno le ha entrado mucha prisa. Sabe que no repetirá ni de coña la mayoría absoluta que los ciudadanos le dimos en 2011, porque nos hemos dado cuenta que para los ocupantes de la mal llamada planta noble de Génova, 13 no existe nada más allá. Y porque desde que ocupó el poder no ha parado de dar bofetadas a su otrora electorado más fiel, que era el conservador católico (representado tradicionalmente por el hoy amortizado Mayor Oreja). Y teme que no le valgan el milagroso pacto con C’s (después del resbalón andaluz y de algún otro, muchos se lo piensan) ni apelar al «si no me votas vendrán los rojos», es decir, el voto del miedo.

Así, pues, sufre nuestro Gobierno cagalera legislativa desde el 31 de marzo. Indescriptible, oigan. ¡Pero si han sacado una “Ley de la Jurisdicción Voluntaria” (pendiente desde el 2000 por la reforma del enjuiciamiento civil) y no han tardado ni una semana en volverla a reformar! O, por ejemplo, la reforma de la Ley que regula el tercero de los poderes del Estado, la LOPJ, que tiene nada menos que 68 páginas… de reformas y que ha de entrar en vigor el 1 de octubre próximo.

Pero la expresión máxima de la tramoya que reza en el título de hoy es la llamada «Ley de Seguridad Nacional». Es una norma que el Ejecutivo se ha sacado de la manga para «hacer como que hace algo» frente a los que llevamos diciendo desde hace tres años y medio que el desafío del desnortado Artur Mas y sus compañeros de viaje es sencillamente intolerable. No menos intolerable es que Montoro le siga regalando nuestro dinero (que haga lo que quiera con el suyo, que bastante tiene con lo del equipo económico habitual). Pero ahí llueve sobre mojado, así que ni nos vamos a molestar. Está en trámite en las Cortes, pero cabe la posibilidad de que esté aprobada antes del 27-S, fecha de las elecciones catalanas.

Para que quede clara mi posición, preferiría que una ley así, que puede al parecer suspender sin muchos aspavientos la autonomía de una comunidad —especialmente de la catalana, cuyos cargos se han distinguido por incumplir sistemáticamente lo que no les ha convenido—, no tuviera que aplicarse nunca. No obstante ello, en caso de que se den los presupuestos para que se aplique, me sorprendería gratamente que al Ejecutivo «no le temblara la mano» y la aplicase con toda su fuerza. Después de años de pedir la aplicación del 155 CE sin resultado alguno, estaría bien que se pusiera firmes a aquellos que pretenden aprovecharse de su posición para que les financiemos sus caprichos.

Pero precisamente por ello, temo que no se aplique. Verán. El consexo socialdemócrata está montado sobre la base de tres pivotes fijos: PP, PSOE e independentistas (vascos y catalanes). Y luego otros que van y vienen. Los independentistas (ya no «nacionalistas») se han echado al monte en Cataluña. Su estrategia es que los demás lleguemos a la conclusión de que la independencia es más barata que seguir financiando sus chorradas. En cuanto a los vascos, Euskadi no se mueve pero en Navarra hay un terremoto gracias a los socialistas, que han pactado con los podemitas y éstos, a su vez, han entregado el gobierno a Bildu, una de las marcas blancas de ETA. Y pende sobre esa autonomía la espada de Damocles de la Disposición Transitoria 4ª de la Constitución, que habla de un eventual referéndum y posible incorporación (Anschluss) de Navarra al País Vasco.

Puestas así las cosas, tenemos lo siguiente: los enemigos interiores de España quieren devolvernos al año 1000. Los independentistas, porque unos están con su Zazpiak bat (los famosos siete herrialdes o territorios que los independentistas vascos creen suyos por lo menos desde Krutwig en uno) y otros con sus Païssos Catalans de mentira, que van «de Fraga a Maó i de Salses a Guardamar». En el primer caso no lo sé; pero en el segundo la bronca está asegurada, pues ni en Valencia ni en Baleares están todos de acuerdo con esa idea. Ni mucho menos.

El otro enemigo interior de España es el PSOE. Puede que haya socialistas honrados individualmente, por supuesto. Pero como partido la línea que marcan sus dirigentes es muy otra. No hay más que ver a Pdr Snchz y su errática política como líder de ese partido. Por un lado, deja que el PSC se eche al monte (¿no tiene autoridad siquiera moral para ponerles firmes?) con los independentistas y por otro la herencia recibida, también de ZP, que puede resumirse en esto…


… que por otro lado es lo que pide a gritos el gilipollas de Sánchez Gordillo, el señorito de Marxinaleda (que no haya nadie que le dé una bofetá con toa la mano abierta, cuando menos para que se calle y deje de decir tontás…). Ha dado en decir poco menos que Andalucía tiene tanta personalidad histórica como Navarra y tal. Pero las tonterías que dice se las dejo espigar a ustedes. Es cansado: son muchas y hace mucho calor.

Si seguimos convirtiendo a nuestro Ejército en una ONG y vendiendo armas a todos los países del Magreb, esto es probablemente lo que ocurra. Marruecos llegará hasta las Canarias y al Tajo. Pero como el odio a España por parte de esos independentistas al parecer es absoluto, apocalíptico y global, a nadie le importa. Y ante una mal llamada sociedad civil amorfa, que sólo quiere fúrbo y gambas, que salvo excepciones se avergüenza de su historia y cuyos miembros sólo se preocupan de llamar «fascistas» a los demás para no ser señalados por esos otros, no hace falta mucha gente para tomar el poder al asalto. Y, al igual que en el año 711, para los musulmanes sería un paseo. Quien crea que la OTAN nos va a defender con muchos bríos, que se vaya desengañando. Para entonces podremos pedir cuentas al maestro armero. Y, preocupe en Bruselas o no, nuestros problemas serán el principio de los suyos también.

Por tanto, sería bueno que el Gobierno del PP, que tanta energía emplea en crujir a sus propios, empezara a mirar más allá de Génova, 13. Hemos entrado en unos tiempos en que nos jugamos nuestra propia existencia como nación. Necesitamos estadistas, no politicuchos de tres al cuarto que sólo están pendientes de las próximas elecciones. De hecho, si fueran estadistas no tendrían que preocuparse de ellas.

Ojalá que esa Ley de Seguridad Nacional valga para algo y no sólo para tapar las bocas de quienes pedimos una intervención más firme ante el desbarajuste nacional. Si no la van a aplicar aun dándose los requisitos que hagan al caso, mejor dejen de tramitarla y no nos tomen el pelo. Gracias.

Un comentario en “Tramoya

  1. Pingback: Vamos a hacer una ley (I) « El cántaro del Aguador

Gotas que me vais dejando...

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