Ser Kossovo


Artículo de Carolina Rodríguez-Cariño. Original aquí

Debo decir que en lo personal la Guerra de Bosnia-Herzegovina me tocó, en su momento, de lejos; y no sólo porque cuando ocurrió vivía felizmente en la Venezuela democrática, sino en lo político, sociocultural y religioso. Mi tierra, que había acogido como propios a cientos de miles de españoles, portugueses e italianos, así como de otras latitudes más cercanas, estábamos muy influenciados por la Europa occidental, en sus formas, costumbres y lógicamente, por su historia.

Justamente, después de la Segunda Guerra mundial, la guerra más cruenta del siglo XX ocurrida en 1992 entre Bosnia y Herzegovina viene a mi memoria; aún más después de leer unas recientes declaraciones de los separatistas quienes se han unido en la llamada Lista Unitaria. Sí, esos que apoyan la separación de Cataluña en contra de la Constitución y las leyes de España. Y es que, como mencioné en mi artículo anterior sobre el Síndic de Greuges, buscan artilugios legales que les sirvan de apoyo al “independentismo”. En ese mismo sentido, han recurrido en repetidas ocasiones a la sentencia del Tribunal de la Haya sobre la declaración de independencia relativa a Kosovo, del 22 de julio de 2010. Desde Artur Mas, hasta Pilar Rahola, miembro del Consell Assesor per a la Transició Nacional, pasando por el periodista Jaume Barberà y el juez Santiago Vidal, magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia de Barcelona, entre otros muchos, han creado una estructura “pseudolegal” con falsos fragmentos, mentiras sobre mentiras repetidas miles de veces, que a pesar de no encontrarse en la sentencia, afirman que podrían servir a favor de sus fines fuera de la ley.

Kosovo, ser Kosovo. Me lo repito una y otra vez, y no puedo dar crédito a tal sin razón, propia de quienes están al borde del desequilibrio mental. Kosovo. Un país creado después de una encarnizada guerra civil que enfrentó a croatas y serbios, donde lucharon hermanos contra hermanos, con millones de muertes, desaparecidos, heridos quienes viven con balas en el cuerpo, porque intentar extraerlas constituye un alto riesgo quirúrgico. Viven con más: con esos recuerdos terribles; pero a pesar de ello han logrado seguir un camino complicado, difícil que sólo se puede caminar tras una guerra como la que ellos han vivido. Sus campos están plagados de minas. Y, a pesar de la Sentencia de la Corte Internacional de Justicia, y del Tribunal de la Haya, el reconocimiento internacional no ha sido otorgado por una cantidad importante de países, entre ellos España, lo que ha llevado a que tengan al día de hoy la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (MINUK) como administradores de parte de su sistema político. Una independencia y una soberanía simbólicas, que naufraga año tras año entre la miseria y la bomba social. Adicionalmente, y no menos importante, Serbia le considera parte de su territorio, lo que hace la situación aún muy inestable.

Por otro lado, es importante acotar —y quizás es lo más relevante de todo— que la Sentencia referida previamente especifica que es un pronunciamiento único, y exclusivamente pautado para las concretas condiciones y al contexto en que se produjo la declaración de independencia de Kosovo. No sienta en modo alguno una doctrina general. El pretendido uso de la misma por parte de intereses soberanistas es otra más de sus mentiras.

Vivir en España, en esta Cataluña tan europea, tan occidental, tan distante de lo que incluso hoy en día es Europa del Este… y que los separatistas quieran compararse con Kosovo. No es como para tomárselo a broma, aunque nos parezca (y no sé si es así) que sea una ocurrencia de personas que han perdido el juicio. Porque están trabajando desde hace muchos años en ello. Y lo peor: tienen a una parte de la población convencida que al estar con España en la Unión Europea (UE) no saldríamos de ella en una eventual e hipotética independencia. Les mienten repetidamente y les creen. Pero dado el caso, pasaríamos a la cola: tendríamos que empezar por cumplir los requisitos exigidos por la UE, entre los que está que todos y cada uno de sus miembros, sin excepción “deben” aceptar al nuevo “candidato”. Sí, todos; y no sé si van a pensar que España, Italia, Alemania o Francia pasarían por ello. Creo que habría que aplicar aquello de “lógica pura y dura”; pero también eso de ser “candidato”, lo que llevaría a un término, de al menos, unos 10 años, en el mejor de los casos. Todo esto lo saben de sobra, se ha dicho por activa y por pasiva. Pero se hacen oídos sordos. Escuchan lo que les conviene y cambian las declaraciones “recitándolas” con una naturalidad pasmosa.

Mientras tanto ¿qué pasaría realmente con esa hipotética República Catalana? Creo que recesión sería una de las palabras que más se manejarían. Depresión, impuestos o deudas, otras no menos graves para una población poco acostumbrada a ellas.

Paralelamente, en estos últimos años se ha descubierto en Cataluña el mayor escándalo de corrupción en la historia de la España democrática: el caso Pujol, que pugna por el primer puesto en el triste “ranking de la corrupción” con los cursos de formación y EREs de Andalucía. Vaya por Dios: las dos CCAA que más han recibido del Estado Español, hermanadas en “eso”. Casos que nos recuerdan a esa mafia que rondaba las calles del Chicago de inicios del siglo XX, o a esa más cercana, la napolitana, que aún llena noticiarios.

Vuelvo a Kosovo y a los países que formaron esa no tan antigua Yugoslavia; y recuerdo la primera vez que visité la “Europa del Este”, ya viviendo en España por razones profesionales que no viene al caso relatar. Visité la occidentalizada y turística Dubrovnik, una ciudad-península de pequeño tamaño, pero llena de hermosura e historia. Caminar sobre sus blancas baldosas, llegar a la primera farmacia de Europa, recorrerla es todo un camino lleno de aprendizajes. Confieso que me atrapó ver en su muralla empedrada en cuyas cuatro puertas, a cada lado de ellas, existe un mapa con puntos verdes, zonas reconstruidas, rojos las que aún no lo habían sido para esa fecha. Los mapas estaban plagados de estos puntos. La preciosa joya del Adriático había sido devastada durante el Conflicto de los Balcanes. Tuve la suerte de tener un amigo croata, quien me dio una visita guiada de lujo, con comentarios incluidos sobre la “casi total reconstrucción de la ciudad”, y pienso que lo más importante de su relato fue la reestructuración de ellos mismos como sociedad.

Posteriormente, por iguales razones, visité Belgrado, luego de Dubrovnik. Ésta me lucía mucho más cercana a su pasado reciente, el comunismo. Edificios cuadrados de aspecto gris o pardo-obscuro contrastaban con otros llenos de color y parques floridos. La gente aún con atuendos de épocas pasadas para mí mente occidental, para ellos tan actuales como el día a día. He de decir que me sorprendieron las casas en las afueras, en amplios terrenos construcciones llenas de lujo por concluir, desentonaban en un paisaje más bien rural, mucho más pobre. Ese viaje me acercó más a lo que había sido la Yugoeslavia de Tito, esa terrible dictadura llena de campos de concentración, represión y miseria. Mis amigos croatas, serbios, macedonios hablaban un idioma común entre ellos, y otro distinto entre sus coterráneos. Me narraron apenas, sucintamente cómo la guerra les había “tocado”, me sorprendió cómo entre ellos, a pesar de ese pasado que toca cada una de sus familias, había una hermosa camaradería. Pero sin duda alguna, sé que el coste es altísimo, una guerra civil, una guerra…

Recuerdo esos viajes, y vuelvo a mi presente, en esta Cataluña actual y cada vez tengo la certeza que las diferencias culturales e históricas son enormes. Siento que compararnos con quienes han vivido una experiencia terrible, y con sus países que son fruto de un acuerdo de paz, donde Kosovo es una parte de ello, es una cachetada para con esa historia, para con esas víctimas, con sus muertos, sus heridos, su dolor. La prepotencia de querer ser más, comparándose con quienes han perdido tanto. Es indecente y obscena; una ruta escabrosa del victimismo al peor de los límites.

Pero hay más. Para quienes están llenos de poder, ansiosos de un lugar en la historia al precio que sea, hay siempre más. Mienten descaradamente a la población. Hablan de riquezas, pero no de las que deben al resto de España, esas no se mencionan. Esa España que “ellos” tanto desprecian ha sido, sin duda alguna, ha sido parte substancial en el crecimiento de Cataluña como región. Sólo señalan “sus” logros, como si el resto de esa nación no formara parte de ellos. Han construido una historia falsa que venden por todos los medios.

Desde la página web de la Assamblea Nacional Catalana (ANC) reseñan, entre otras detalles “la independència de Catalunya  és un projecte inclusiu, que ens permet  construir, tots junts, un nou país. Un nou país on compartir el nostre futur“, pero cuidado, donde sólo es permitido el pensamiento único. Cuán cercanos a los regímenes totalitarios. ¡Y cómo no!: sin dejar de tener la “marca de la Casa”, la “botiga“, donde Ud puede comprar todos los productos per la independència, auspiciado también por Òmnium Cultural y Súmate, dos instituciones que, junto a la ANC, reciben “aportaciones” de la Generalidad de Cataluña. Que sí, esté Ud. o no de acuerdo con la “independència” la paga, sí la financiamos entre todos, pero todo el Estado Español. Adicionalmente de los ingresos que se obtienen de la “botiga“, y otras colaboraciones que por desconocerlas, no dudo que existan.

Así, entre los escándalos de corrupción, mentiras, y financiamientos no del todo claros han decidido que Cataluña podría tomar el rumbo de Kosovo. Eso venden sin vergüenza alguna, eso declaran cada día, eso gritarán el 11 de septiembre, eso quieren para Cataluña a partir del 27 de septiembre. Un golpe de estado mil veces anunciado. Quiero recoger las palabras de Sabaté: A partir del 2012 és normal ser independentista, abans no ho era”, i ha afegit “el que hem aconseguit és molt […] no és moment d’estar cansats, ara toca rematar la feina“. Ahora toca “rematar la faena”. Desde 2012 llamando a incumplir la Constitución y las leyes, y nada pasa.

Ser Kosovo. ¿Tendrán idea de lo que ello significa? Siento que somos un barco a la deriva.

Artur Mas, así como Ramón Tremosa, eurodiputado y reconocido “independentista”, o más bien, secesionista, versado en lo que significa la UE, sus tratados y requerimientos, conocen perfectamente que si Cataluña llegase a realizar una declaración unilateral de independencia (DUI), la comunidad internacional no se daría por enterada. Y aún más: al igual que para la totalidad de organismos internacionales, continuaría formando parte de España. Sin acuerdo con el Estado Español, tras una DUI Cataluña no obtendría reconocimiento y se vería obligada a caminar completamente sola. ¿Cuánto aguantaría una Cataluña independiente aislada en sus relaciones internacionales? ¿Una Cataluña independiente solicitaría al Estado Español que la representase ante los organismos internacionales? ¿Lo aceptaría el Estado español? Y en caso que así fuera, ¿defenderían los intereses catalanes en los términos que les dijese el Estat català?

Para esa Cataluña hipotética ser Kosovo es un destino incierto, cada vez terriblemente más cercano. Quizás sería su “final de trajecte“. O, más bien, el principio del fin.

Gotas que me vais dejando...

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