Pensamiento mágico catalán (y III)


Ante la situación descrita en las dos entradas anteriores, ¿cuál es el panorama de la votancia? Los partidos hacen encuestas mil para saber por dónde van los tiros del votante, por el que no sienten un gran respeto básico —y éste les paga en consecuencia cuando se da cuenta del truco—. Desde ayer no se pueden publicar encuestas, pero la LOREG no dice que no se puedan seguir haciendo, por lo menos hasta el día de reflexión. ¿Cambiar la LOREG por esas antiguallas? Quiá…

Si nos atenemos a la costumbre nos encontraremos con lo siguiente. Los secesionistas convencidos irán a votar en fila india y en camilla si hace falta. Como decíamos, les dan igual las atinadas razones que se puedan oponer a esa íntima convicción. Es como comprar unas zapatillas deportivas por el logo. Al que compra aquí las zapatillas no le importa que éstas se hayan fabricado gracias al trabajo infantil y por cuatro duros, ni cuántos niños han muerto para que él pueda comprar esas zapatillas deportivas que la empresa le cobra a precio de oro. Lo importante es el logo, la marca del poder, el carro del vencedor. La propaganda, en suma.

Entre los no secesionistas o unionistas, o colonos, o charnegos (adjetivo que siempre fue despectivo en Cataluña pero que hoy tiene la misma connotación que maketo o zipaio en Vascongadas), nos podemos encontrar dos variantes: el votante altamente motivado al que le han endosado un mal candidato (caso del PSC) o que, siendo bueno, desde Madrit se aplican a hacerle la zancadilla (PP), o incluso que siendo bueno, lo ven demasiado joven para cambiar nada (C’s). Y luego están los pesimistas, los que piensan que nada va a cambiar porque salga uno u otro de President.

Así las cosas, todos los del segundo grupo tienen la maldita costumbre de abstenerse. La política «no va a cambiar, ellos no pueden hacer nada y la política no va con ellos». Así que cogen el portante y se van a la playa si es verano, a la nieve si es invierno o se quedan en su casa el resto del año. Desde luego, así no van a cambiar las cosas. Máxime si ahora los del no se aplican a la estrategia arriolina de la tranquilitat, del diàleg y del tarannà.

Y así es como sucede: alguna gente —no mucha, cierto— truena contra el famoso Estatut dels collons, que es —verdad— un embrión de constitución más intervencionista que el Estado soviético. ¿Pero cuánta gente fue a votar cuando se sometió a referéndum? Apenas un 49% del censo (48,85%, para ser exactos). Un porcentaje indigno para una norma de tal envergadura. Pero, ¡ay! Un 6 de julio hace mucho calor y la playita apetece mucho más que cumplir con el deber cívico de votar, por las razones anteriormente expuestas. ¿Resultado? Dentro de ese 49% ganaron los partidarios del Estatut: 73,90% de votos a favor, 20,76% de votos en contra y 5,34% de votos en blanco. Es decir: en realidad, sólo un 36% votó favorablemente al Estatut. A pesar de eso, salió adelante y además en Madrit se lo aceptaron. En definitiva, saben lo que hacen cuando fomentan la abstención.

Tengo para mí que si esa Cataluña silenciosa que dicen los pedantes (con la misma unción con la que hablan de la España profunda) levantara la voz y tuviera conciencia de lo importante que es su voto, los pallassos de Junts-pel-Crac ya podrían hacer las maletas. Me gustaría que fuera así, de verdad. También me gustaría que Marhuenda dejara de joder y dejara hablar a los demás en la Tertulia de Federico (se pone como una fiera cada vez que atacan a «su Mariano» y el guirigay radiofónico no es mejor que el televisivo); pero eso sí que me parece que pertenece al género fantástico de veras. Pensará Federico que eso da vidilla a la tertulia; pero lo que da es otra cosa. Por pedir, que no quede.

2 comentarios en “Pensamiento mágico catalán (y III)

  1. La radio de Federico es, desde hace tiempo, un espacio mas parecido a un gallinero que otra cosa. Empezando por él mismo. Un profesional de la radio no debería de encabezar una tertulia de gallos kirikones, donde él mismo grazna como un cuervo, y no tiene reparos en graznar-insultar a todo aquel que no le gusta, convirtiendo su programa en el Sálvame de la radio. No predica con el ejemplo este señor.

    Marhuenda donde habla, es palabra de Mariano. Igual que Federico, pero sin berborrea.

    • Amigo Pablo, el problema del programa de Federico es, en mi opinión, no tanto él como algunos tertulianos que trae a su tertulia. Me gusta más cuando habla él solo (los editoriales de las 6 y de las 7, sobre todo), pues como dice el dicho castizo, se le entiende tó. Sin embargo, lleva a su tertulia a gente como Pedro J., a quien le encanta escucharse y tener un público que le diga «lo cojonudo que es» y «lo bien que habla»; o lleva a Marhuenda, que es el perrito faldero de Mariano en los medios de comunicación y que, como digo en la entrada, no deja hablar a nadie cuando se meten con su amo… y la tertulia se va a hacer puñetas.

Gotas que me vais dejando...

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