Avisos (I)


Probablemente alguno de ustedes se extrañe que no haya corrido a colgar mi diagnóstico la misma mañana del dia després. Me explicaré: no soy periodista y por tanto no peleo por el ¿mérito? de ser «el primero que dé un diagnóstico acertado acerca de un acontecimiento». En eso se ha convertido el periodismo, a lo que se ve: en ser el primero en dar la respuesta correcta. Es decir: que con más facilidad se puede confundir la velocidad con el tocino. Por fuerza, como lo que yo pretendo es digerir y sacar conclusiones, mi tempo ha de ser más lento. También podría equivocarme, por supuesto; pero indudablemente, lejos del mundanal ruido uno puede organizar mejor sus ideas.

Dicho esto, pasemos a los resultados de la tercera de las ereccions catalanes en 5 años, mes arriba, mes abajo. En frío, los resultados han quedado así:


Lo primero de todo, insistir en que estamos ante unas elecciones, sin más. No un plebiscito, como quería el separatismo; pues lo que estamos contando aquí son escaños y no votos. Curiosamente, si contamos los votos, resulta que sólo un 47% daría el «sí a la secesión». El problema seguiría siendo «el 3%», después de todo. Tampoco está de más anotar que en esta ocasión la participación ha subido y más de un 3%. No menos sorprendente ha sido el brutal incremento del voto por correo: un 80% respecto de las últimas. El censo hizo sus deberes para no tener que estar presente con la coacción de los secesionistas en los colegios electorales.

Contando, pues, escaños, un dato salta a la vista: que la coalición Junts pel Sí (que algunos, no sin razón, han rebautizado jocosamente como Junts pel 3%) ha sacado menos escaños que los que tenían por separado en 2012. Si añadimos la presencia de un desconocido hasta ahora Moviment d’Esquerres (que recoge a dos exdiputados díscolos del PSC y consellers, Ernest Maragall y Marina Geli), la diferencia de escaños entre elecciones podría haber sido mayor. No obstante y en términos absolutos, 62 siguen siendo muchos escaños, por más que las televisiones de obediencia genovesa martilleen lo de «muy lejos de la mayoría absoluta». Oigan, que quedarse a 20 escaños sí es muy lejos; pero a 6, más bien poco. Demuestra el poder que tienen los medios de comunicación y la coerción difusa que se ejerce contra los disidentes en Cataluña.

Tras los resultados, han venido los primeros problemas. Los de Junts pel Sí se las prometían muy felices, porque contaban como la lechera: «Si unimos nuestros votos y los de las CUPs, tenemos mayoría absoluta para declarar unilateralmente la independència». Pero, ai las!, resulta que el capità Enciam II (el madrilenyo Romeva) ha dicho que «como él es el número uno, él es quien debería presidir la Generalidad». Mas, por su parte, dice que «se había pactado que aunque fuera de número 4 en la lista, él iba a ser el President». Y por si faltara algo, salen los de las CUPs diciendo que prestarán su apoyo a la coalición, pero a condición de que Mas no sea President. Vamos, la saga de los Lius. O, como hubiera dicho mi admirado Groucho Marx, «¡Más madera, es la guerra!». Es decir, que el pobre Mas ha tenido tiempo de enterarse de que

els tractats amb rostres pàl·lids
només són paper mullat.

Lo mejor de todo es que parece ser que a Mas ya le están reservando un puesto nada menos que en Canadá. No es el Far West y además está muy, muy lejos de Cataluña. Cabe suponer que ha hecho también sus cuentas: «Si de todos modos me echan, tengo mi sueldo de expresident por ley; y con lo que gane allí, tinc el ronyó cobert». Podrá consolarse con eso y con el hecho de que podrá poner en práctica las habilidades relativas a «contabilidad creativa» que ha aprendido de sus hermanos políticos y de algún que otro subordinado demasiado avispado.

Lástima que estas elecciones, que nos han deparado el ridículo con los bailoteos de Iceta, no nos hayan mostrado también el impactante espectáculo que hubiera sido ver cantar juntos a Lluís Llach y a Josep Maria Mainat. Claro que como serían dos (porque Toni Cruz pasa de política y Miquel Àngel Pasqual es de la ceba, pero ja fa vint anys que diu que fa vint anys que té vint anys), habría que llamarlos La Dinca (el Dúo Dinámico ya está cogido y además cantan en castellà… puags). Imagínense a Llach cantando La patata y a Mainat haciendo lo propio con La gallineta. En versión secesionista, naturalmente. Seguro que hubiesen llegado a la mayoría absoluta; y si no, la campanada estaba asegurada…

P.D.- Corrección: al final subieron los tres al escenario. Es decir, que sí fue La Trinca de tota la vida.

Gotas que me vais dejando...

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