Libertad de explosión (II)


Pero hay más. Ya entonces les planteaba la cuestión de qué es lo que había en esa palabra “refugiados”, y si todos cabían en ella. Los hechos son tozudos y, al cabo del tiempo, demuestran que no todos son “refugiados”. También hay que considerar “migrantes económicos”, que no es que huyan de una guerra, sino que emigran hacia un porvenir mejor, como tantas veces hemos hecho los españoles.

Hasta aquí nada que objetar. Pero la prueba de que estas personas no son “refugiados” es que no les ha interesado ir a países como los emiratos árabes o Arabia Saudí (sunnitas), o a Irán (chiítas). En unos u otros hubieran podido establecerse en un medio conforme a sus creencias, sin más, contando además con la ventaja de la proximidad geográfica. Se vienen a Europa, con el concurso de las mafias de tráfico de personas, que habrán hecho su agosto y su diciembre también. Esto explica por qué a veces, cuando los han sacado en la televisión, han preguntado: «Merkel, ¿dónde estás?». Dato fundamental: la cifra de acogidos por esos países “presuntamente hermanos” es apenas el 5% del total. ¿Solidaridad? En fin.

Un segundo problema y no menor: un emigrante, tal y como lo conocemos, al ser acogido en un país se integra en sus tradiciones y costumbres. Lo han hecho desde siempre todos los que han venido de Europa: españoles, franceses, italianos, alemanes, judíos. No ha habido tensiones raciales por una razón fundamental: los emigrantes se han adaptado y aceptado cumplir las leyes de sus países de acogida. Pero éstos que vienen, que no son “refugiados”, sino migrantes económicos, se traen consigo unas costumbres que chocan frontalmente con los valores cristianos extendidos por toda Europa (por mucho que moleste a la banda rojomasónica). Lo peor: siguen considerando sus costumbres y su bárbara sharia por encima de las leyes del país de acogida. Y no sólo eso: desprecian también a los infieles que no tenemos la suerte de ser musulmanes como ellos. Es decir, básicamente no se integran.

Y no sólo no se integran, sino que además nosotros mismos les ayudamos a que no se integren. Declaraciones como las de Cameron (que tiene ese problema en casa, como ven) o gestos como éste de nuestro propio gobierno, no ayudan en nada. O los problemas derivados de la kafala musulmana, que exige que los padres que acojan al niño o sean ya musulmanes o se conviertan en todo caso. Si esto no es una violación flagrante de los derechos humanos y aún de los del niño… Naturalmente, la merma va a mencionar poco o nada estos detalles.

La guinda del pastel la pone el hecho —también comprobado— de que entre los «refugiados» se han colado, además de migrantes económicosterroristas de la Yihad. De ésos que toman al pie de la letra eso de que «el primer pilar del Islam es la guerra santa contra los infieles». Hecho que ha dejado en evidencia a todas las policías europeas, pues para éstos, al parecer, toda Europa ha sido espacio Schengen, con o sin control de fronteras.

Un comentario en “Libertad de explosión (II)

Gotas que me vais dejando...

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