¡Quiá!


Los calores estivales es lo que tienen. Ralentizan la actividad de tal manera que hasta moverse un milímetro es un gran avance. Y da muchísima pereza hablar de tantas y tantas cosas que están sucediendo, aunque sólo se trate de milímetros. Del culebrón nacional, como imaginarán, me da pereza hablar. Los que mejor están en esta situación de «en funciones» son los tertulianos —siempre— y los diputados electos hasta tanto no haya un Gobierno listo para funcionar. Mientras tanto, es una bicoca: como no hay Gobierno en pleno funcionamiento, no tienen que votar proyectos de Ley (la iniciativa legislativa, hoy por hoy, la ejerce generosa y únicamente el Gobierno) y, por tanto, se pueden tirar a la bartola (o al bartolo, si son gays) cobrando el sueldo base íntegro. Si no lo cobraran o cobraran sólo el 50% España tendría ya hace días un Gobierno. Pero quiá: en España el verano es la época en que se cometen las fechorías políticas (en invierno también, pero menos). Y así nos va.

Dentro de todos los grupos interesados en la situación política hay uno que me provoca especial pena y conmiseración: el de los palmeros (simpatizantes) y trolls (militantes) de partido. Siempre a las órdenes de alguien que les dice lo que tienen que vomitar (literalmente, en algunos casos) en las redes sociales. Y cuando no están a las órdenes, actúan como si ellos llevaran la marca, comiéndose entera la caja de galletas del partido correspondiente y tratando con desprecio y como traidores a quienes tenemos la desgracia de pensar distinto. Algunos confunden “su” partido con un equipo de fúrbo y lo “defienden” con la misma furia de un hooligan. Otros dan aún más pena por cuanto usan carnet periodístico, lo que en principio les obligaría a pensar por cuenta propia; pero nuevamente, quiá. Y a los jefes de la tribu (el Partido) les encanta, porque no piden otra cosa que devoción. En esto ha devenido lo que denunciaba Lolo Rico en su muy recomendable libro TV, fábrica de mentiras: la tribalización de la infancia.

Dentro de ese grupo, los más tristes son los del PP: primero, machacando el falso mantra “el PP ha ganado las elecciones”; luego, machacando “lo irresponsable que es C’s” (por no plegarse a los deseos de Mariano de que se le regale la legislatura); y ahora, teniendo que borrar todo lo que dijeron porque “parece que entran por el aro”. Todo un ejemplo de “domesticación de la opinión pública (o publicada)”. Los de Podemos también lo son: pero con las cataratas de insultos que echan a quienes no piensan como ellos (véase la campañita de “las 13 rosas” en Twitter), demuestran sobradamente que además de carencia de argumentos, carecen de vida propia y de “mundo interior”.

Llevamos con este culebrón más de 200 días. Y lo que más me fastidia es que el tiempo se nos escapa entre fintas cortesanas, agotamiento de mecanismos y demás «complots dentro de complots dentro de complots», que podría haber dicho Frank Herbert. Y pasándose la pelota unos a otros: «¡La culpa es de Fulano, que no deja formar gobierno!». «¡La culpa es de Mengano, que pone unas condiciones imposibles!». «¡La culpa es de… quien sea!». Tal y como dijo Otto Ludwig Piffl, «la situación es desesperada, pero no grave». En cuanto a los demás, lo único que se me ocurre decir es, como mucha gente: «Egal was es war. Ich war das nicht!». Los problemas siguen ahí, pero la casta —de la que ya son miembros de pleno derecho los nuevos— sigue jugando al voleibol. Seguro que a alguien, tras las bambalinas, le divierte mucho.

2 comentarios en “¡Quiá!

Gotas que me vais dejando...

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