P.S. (I)


Después de ciertos menesteres que me han tenido apartado de este blog mío y de ustedes, vuelvo a comentar un poco todo lo que ha ocurrido en política nacional. Lo más importante, naturalmente, ha sido la defenestración de Pedrito guapo (y nada más), así como el sarao concomitante.

La verdad es que cuando lo eligieron parecía otra cosa. Alt com un Sant Pau, que diríamos en Cataluña y compitiendo en estatura con García Albiol, es lo cierto que el hombre ha ido menguando de tal manera que, de no ser por su apellido compuesto y su familia pudiente, tendría suerte si lo contrataran de utilero del Estudiantes. Pero no: parece ser que no va a poner su escaño a disposición del Partido (por la mitad) y hará, por ejemplo, como Jordi Sevilla, que de su Ministerio de Administraciones Públicas saltó a una consultora privada (puerta giratoria mediante). Él seguirá atornillado a su escaño, «luchando naturalmente por la libertad de expresión de las bases del Partido Socialista».

Que oye o lee uno esa afirmación enfática y campanuda y le entra la risa. ¿Cuándo se ha dado verdadera voz a los militantes en las sectas políticas que tenemos hoy? Pues cuando la cosa pinta de color hormiga. Cuando las cosas han ido bien, a ninguna Ejecutiva de ningún partido grande o mediano se le ha ocurrido consultar a la militancia acerca de la decisión a tomar en un asunto concreto. Volvamos nuevamente a recordar el art. 6 de la CE y echémonos unas risas a cuenta de ese precioso —e incumplido— artículo de la muerta.

Pero empecemos por el final (o no). La dimisión de Pedro Sánchez del cargo de secretario general de su partido era algo bastante anunciado. No tan rápido como hubiesen querido diarios como ABC, que desde hacía un mes le ahorcaban en efigie todos los días. Nunca faltaba un editorial o un artículo de opinión que aseverara que Pedro «tenía que irse para así facilitar la abstención y dar paso a un Gobierno de Mariano Rajoy». Espero que Mariano les pague generosamente la campaña que le han hecho (aunque viendo cómo se la pagaron a Intereconomía, más vale que pongan sus barbas a remojar). Claro que cuando, siendo socialista, ya pierdes hasta el apoyo de El País, digamos que el asunto se pone muy feo.

La marcha de Pedro Sánchez —que podría acabar en el Grupo Mixto si se ponen a olvidarlo— deja al partido muy malparado y, sobre todo, partido en dos. Quizá la Gestora que han organizado consiga acercar («coser» es el verbo que más se conjuga en estos días en Casa Ferraz) las posiciones de cada facción y puedan presentar para el 18-D (salvo milagros de última hora, en mi opinión es posible que tengamos que ir a votar con abrigo y mitones) un candidato al que le puedan partir la cara con alguna dignidad. Porque ése es el primer problema del PSOE en la etapa de Sánchez: el palmarés electoral. Pedro Sánchez ha conseguido superar… por abajo… a Rubalcaba, nada menos. Y en cada cita electoral ha ido perdiendo sufragios. Lo cual, naturalmente, pone muy nerviosos a los gerifaltes. Y las perspectivas no son nada halagüeñas para diciembre.

Gotas que me vais dejando...

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