Trumpazo (I)


Supongo que a la altura de estas fechas cuesta ser original con el asunto de Trump, presidente electo de los Estados Unidos de América. Ha hecho correr ríos de tinta durante la larguísima campaña useña. Voy a desglosar mis impresiones en dos bloques.

Durante la campaña

Como es sabido, en comparación con la campaña española oficial, la campaña electoral useña dura todo un año. El candidato va superando los famosos caucus y supermartes enfrentándose a los rivales de su propio partido: o te los comes, o te comen. A diferencia de otras campañas, en esta no se han ahorrado el juego sucio, los improperios, las amenazas, incluso físicas… en fin, se ha parecido más a una campaña de las nuestras. ¿O es que ya se parecen todas?

Llama la atención que la izquierda toda, de ambos lados del Atlántico, se haya lanzado contra Trump. El candidato ha sido ofendoso y faltón, lo cual ha sido un regalo para la izquierda ofendosa y faltona, pues ha podido despacharse a gusto con alguien que usa sus mismos métodos, al menos en campaña. Frente a la displicencia estirada y gélida estilo Wellesley College —donde estudian las niñas pijaprogres— de Hillary Clinton, Trump se ha construido una imagen de cowboy más del agrado de un buen número de votantes. No es extraño que a Clint Eastwood le cayera simpático; aunque tampoco creo que le contratara para una secuela de su Jinete Pálido, que en este caso debería titularse El jinete peliteñido.

Los intentos de ridiculizar a Trump presentándolo como un estúpido sin matices o con ellos («Como empresario vale; pero como político…») no han colado. Tampoco su propio intento de presentarse como antisistema (o maverick, que dicen por allí) pues es tan «del sistema» como Clinton. Porque si no lo eres, ocurre como en España y la cerrada oligarquía bancaria de Neguri: no te dan ni la hora y te expulsan por «advenedizo». De hecho, Trump y Clinton ya se conocen empresariamente desde hace mucho; hicieron negocios juntos y no demasiado limpios, según se dice por ahí. Y bueno, si fuera un estúpido, no hubiera ampliado el negocio familiar hasta sus dimensiones actuales. Y no hubiera dado ocasión a su ex, Ivana Zelnikova, de decir aquello de «No llores: enriquécete», que es lo que usan ahora las señoras para dejar en paños menores a sus exmaridos tras un divorcio. No es un estúpido, pese a que a muchos les gustaría pensar que es así.

Por lo demás, todo lo que al parecer le han podido encontrar a Trump es que alguna vez no pagó impuestos y que ha proferido expresiones desconsideradas en alguna ocasión contra las mujeres. En cambio, lo curioso y sorprendente es que a Clinton, jugando como jugó la carta del género, muchas mujeres de su mismo status no la consideraran atractiva electoralmente hablando. No menos sorprendente es que Trump, con declaraciones que se calificaron de xenófobas por sus adversarios («Vamos a construir un muro en Río Grande y vamos a conseguir que México pague la mitad»), consiguiera votos especialmente entre los latinos. Claro que, como dice Vicente Santacreu, Peña Nieto debería escandalizarse menos por las declaraciones de Trump y preguntarse más por qué tantos conciudadanos suyos se arriesgan a cruzar el Río Grande en dirección Sur-Norte sin más patrimonio que su voluntad de encontrar un futuro mejor.

¿El error de Clinton? No ha tenido que ver con su género, pues ya ha habido mujeres en puestos importantes de la Administración. Sin ir más lejos, Condoleezza Rice o Madeleine Albright, que la precedieron en el cargo de Secretaria de Estado. O Janet Yellen, presidenta de la Fed. El error que ha cometido Clinton es muy grave, en tanto que pudo haber comprometido la seguridad nacional de su país: usar un servidor de correo privado (Yahoo) para gestionar información de alto secreto. Sin olvidar el desastre de Egipto, en que fue asesinado el embajador useño. Por no hablar de sospechas fundadas de que pudo haber dado carta blanca para financiar al Daesh. En Estados Unidos, todavía la primera potencia mundial, no se andan con chiquitas: si vales, da igual que seas hombre o mujer; y si no vales, también. Por eso pudo ganarla en el último minuto, cuando parecía que ella iba a ser la primera Presidenta mujer de los USA: como si ser mujer concediera un plus de legitimidad e inteligencia que un hombre no tuviera. La minoría negra ya tuvo a su Obama y el juicio que queda es que, aparte de su oratoria (buena), su labor como Presidente se quedó en medianeja, bajadas de pantalones ante Irán aparte.

Ya siendo originales, me resulta curioso el parecido (la similaridad visual, que dice Google cuando uno busca fotos) entre estas dos imágenes…

4 comentarios en “Trumpazo (I)

  1. Debo de reconocer que nunca me había fijado en las elecciones de los EEUU salvo en esta ocasión. En las anteriores citas electorales, supongo, era una alternancia entre los burros y los elefantes, para no pasar, en algunas ocasiones, de burro, por las burradas que cometieron algunas administraciones USA.

    En esta última ocasión si me he fijado un poco mas al ver el duelo entre un tipo extraño, bocazas y populista como pocos, enfrentado a una mujer ex primera dama, cornuda y Secretaria de Estado. A primera vista un combate desigual, en el que la dama se podía comer al caballo. Pero este caballo resultó ser caballo ganador, de las primarias republicanas primero y las elecciones a la presidencia después.

    O el pueblo norteamericano está hasta los colindrones de los gobernantes de Whasington, o es que tanta droga proveniente de Mexico les tiene confundidos como la noche a Dinio. ¿Se imagina, Sr. Aguador, que Donald Trump llegue a hacer realidad todas las “ideas” con las que ha conquistado las débiles mentes de sus conciudadanos?. Yo creo que con George Bush junior ya tuvieron bastante de que avergonzarse, ¿no cree?

    Feliz fin de semana

  2. Pingback: Trumpazo (serie completa). -El cántaro del aguador/ @Aguador- | Neuronaliberal

Gotas que me vais dejando...

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