PP

«Imputacionesh e imputacionesh»

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Menuda mamarrachada se le ha ocurrido a Mariano para defender la «intangibilidad» del consexo. El todavía presidente del Gobierno pretende distinguir entre «imputaciones» e «imputaciones». Parafraseando a Orwell, «todas las imputaciones son imputaciones, pero algunas imputaciones son menos imputaciones que otras». Vamos, que para este gallego en ejercicio unha cousa é unha cousa é outra cousa é outra cousa.

Quiero traer a colación cierto precepto de la venerable viejecita que es la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 (el 14 de septiembre cumplirá 113 años), en la que todavía se habla de «Escribanía» y de «alguaciles» y de otras figuras largo tiempo ha desaparecidas de nuestro panorama judicial. El precepto es el siguiente:

Desde que resultare del sumario algún indicio racional de criminalidad contra determinada persona, se dictará auto declarándola procesada y mandando que se entiendan con ella las diligencias en la forma y del modo dispuesto en este título y en los demás de esta Ley.

(art. 384 LECrim, in limine).

Estas líneas son el fundamento del auto de procesamiento en el llamado «procedimiento ordinario por delitos graves». Ustedes estarán conmigo en que criterio más claro no puede haber para determinar un cambio de situación personal respecto de quien se sospecha que pudiera haber cometido un delito. De hecho, los más viejos del lugar recordarán que durante los llamados cuarenta años uno iba a pedir trabajo y, si no podía responder negativamente a la pregunta «¿Ha estado usted procesado?», sencillamente no le contrataban.

En el procedimiento abreviado, que se introdujo en 1988, la situación es la siguiente: a través de él se juzgan delitos cuya pena establecida no supere los nueve años de prisión. Caen, por tanto, en ese ámbito, prácticamente todos los delitos que un político o alto cargo de partido, puede cometer: ninguno sobrepasa ese límite. Segundo: en el procedimiento abreviado no existe figura equivalente al auto de procesamiento, sino que una vez existen esos «indicios racionales de criminalidad» y tras oír a las partes y si éstas lo solicitan, el Juez dicta auto de apertura de juicio oral. No queda muy claro cómo hay que llamar al presunto hasta que se produce la imputación.

La reforma que se ha sacado de la manga el Ministro Tragaperras no viene a aclarar esa situación, sino a embarrarla. Ahora, hasta que se dicta ese Rubicón que es el auto de procesamiento (o en el procedimiento abreviado, hasta que se dicta el auto de apertura de juicio oral, porque no hay ese auto de procesamiento), resulta que una persona es investigada. No es que haya indicios racionales de que cierta persona haya cometido un delito. Tampoco es que esa persona se presuma completamente inocente. Por eso se la investiga. No obstante, yo les pregunto: ¿votarían ustedes a alguien de quien se sospechara fundadamente (traducción estándar de «indicio racional de criminalidad») que pueda haber cometido un delito de ésos que sólo pueden cometer los políticos? Estoy seguro de que no les inspiraría ninguna confianza.

El caso es que de las declaraciones de Mariano sólo se puede inferir una cosa: que sólo hasta que recaiga sentencia se puede apartar a alguien de las listas electorales —o, menos frecuentemente, puede renunciar uno a ir en ellas—. Y es lógico: una sentencia condenatoria firme es lo único que puede destruir la presunción de inocencia. Sería lo respetuoso con la letra de la ley. Nada que objetar… si no fuera porque la práctica impone sus correcciones. Sin ir más lejos, en el propio partido de Mariano. Porque no solamente se juzga a Luis Bárcenas, el de «Luis, sé fuerte», sino al tesorero del PP y por tanto, a todos los que pusieron su confianza en él, Mariano el primero. El segundo problema es que, a la velocidad que va la Justicia, debido no sólo a la falta de medios materiales y personales, sino también a las brutales presiones políticas que en casos como el citado sufren los Jueces y Tribunales, el señor Bárcenas o no irá a prisión, o va a oler los barrotes cuando el hijo de la Verónica haga la mili.

Claro que siempre será mejor que se establezca un punto concreto (sentencia) que marear la perdiz. Sí, eso que hacen los responsables de la pesoe, porque tienen a dos presidentes de la Junta de Andalucía caminito del Supremo —eso sí, al paso de las muñecas de Famosa—y cada día dicen algo distinto: que si el «código ético» (de risa, porque se lo han pasado por donde yo les diga cuando les ha dado la gana), que si la imputación, que si la apertura del juicio oral… Vamos, que no se sabe cuándo cree la pesoe que alguien debe dejar de formar parte de una lista electoral.

El único caso que yo conozco en que la regla se ha aplicado con claridad, hasta ahora, ocurrió en Ciudadanos: el entonces diputado autonómico Jordi Cañas tuvo que dejar su escaño por las sospechas —no sé hasta qué punto fundadas— de estar implicado en una pifia cuyo investigado principal era un cuñado suyo. Creo recordar que ni siquiera hizo falta auto de procesamiento o de apertura de juicio oral. Y que, además, quedó posteriormente exculpado de toda responsabilidad penal. Eso sí: como políticamente ya estaba quemado, no pudo volver a su escaño.

Y del otro lado, pero mal, también tenemos al PP y el caso de Ignacio González. Como ya hemos hablado de él, al correspondiente post me remito. Aquí decir solamente que ha bastado una investigación policial, llevada a cabo por un señor que tiene mucha más porquería que tapar que el propio González, para que éste se cayera de las listas. Y cuando lo de González, comparado con lo de otros en su propio partido o en otros partidos, se puede considerar peccata minuta.

Tengan cuidado, pues, con las investigaciones. Ese señor que se dice empleado de compañía telefónica igual está instalando micrófonos en su casa por cuenta del Ministerio del Amor, aunque ustedes no lo sepan. Y, lo peor: que igual el juez que debiera ser competente tampoco lo sabe, porque «sólo son investigaciones policiales» y no se ha comunicado fehacientemente a la Justicia.

Demolition Man (II)

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Madrid

Y ahora, naturalmente, faltaba la joya de la Corona. ¿Cómo desactivar el último reducto aznarista? Eso era más delicado. Empecemos por el principio, que se parece bastante a los comienzos de todos los libros de Astérix

Estamos en el año 2015 d.C. Toda la Hispania está ocupada por los marianos… ¿Toda? ¡No! Una Comunidad poblada por irreductibles aznaristas resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios marianos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum…

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Demolition Man (I)

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Vaya por delante que no he visto esa película y que, por tanto, no sé cuál es su argumento. Lo que sí empiezo a colegir, dentro de mi limitado conocimiento, es que el título cuadra admirablemente a Mariano Rajoy Brey y a toda su pandi (que diría Federico) de secuaces eficaces. Leer el resto de esta entrada »

Pirotecnias varias

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Ayer asistimos al despliegue de una operación llamada Púnica, que al parecer estaba centrada en la persona del señor Francisco Granados (pues punica, -ae es el nombre de la granada en latín), pero en la que han resultado detenidas unas cuantas personalidades más. Con gran bombo y platillo, todo hay que decirlo. Leer el resto de esta entrada »

Las dos muertes de Isabel Carrasco

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Vaya por delante mi pésame a la familia y a los compañeros de partido de la señora Carrasco. El hecho es terrible en sí mismo, no sólo por todas las circunstancias que le rodean. Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador.
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Y se marchó

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Menuda carta ha despachado Santiago Abascal a su hasta ayer presidente de partido. Es una enmienda a la totalidad a todas las posiciones que ha adoptado el PP desde que Mariano es presidente confirmado, es decir, desde 2008. Año en que todos advertimos un giro copernicano en su política. Que no sabemos si la excursión ultramarina a México tuvo que ver (sospechamos que sí); pero estamos seguros que desde entonces y según frase consagrada, ya nada volvió a ser como antes.

Abascal reparte palos para todos, y uno de ellos, en lo que a mí me importa, va para Cataluña. La incomprensible deriva del PP en tierras catalanas va a acabar con ese partido aquí, puesto que ya a nivel autonómico hay otras opciones suficientemente firmes y nada ambiguas que frenen la loca carrera hacia la nada de un Mas al que todo le da igual y aprovecha el dinero público para hartarse de viajar. El PP se ha bajado del tren no nacionalista y la factura va a ser crecida.

Pero está bien que sea él quien se mueva. De algún modo, él representa a los jóvenes de la política. Otros, probablemente por el apego a la mamandurria, se lo piensan mucho aún, tras años de amagar y no dar. Esta carta escocerá a los creyentes, a los clientes y a los deudores de Mariano (los que le deben el cargo o mamandurria que ocupen); pero tal vez ya era hora de que viésemos un poco de sinceridad en el aire enrarecido de la política nacional.

He aquí, pues, la carta entera, sin cortes ni entresacados como ha aparecido en algunos medios. Léanla y saquen sus conclusiones (cursiva mía).

Estimado presidente, 

A través de la presente te comunico la dolorosa determinación de poner fin a mi militancia de casi dos décadas en el Partido Popular. Te traslado, en consecuencia, la que es, sin duda, una de las decisiones más duras de mi vida. 

Me voy con tristeza del partido al que me afilié con 18 años, del partido de mi padre, del partido en el que aún permanece mi padre. Por eso, a pesar de mi marcha, que se produce con todas las consecuencias, siempre me sentiré vinculado emocionalmente a las gentes del Partido Popular. Y por ello, aunque profundamente decepcionado, archivo con cariño y respeto el carné que he llevado en el corazón desde el 31 de diciembre de 1994. 

Hubo un tiempo en que el Partido Popular fue una herramienta extraordinaria en favor de la sociedad española. Siempre lo sentí así. Especialmente en los peores momentos; en los que nuestros compañeros caían asesinados, en los que los guardaespaldas eran parte de nuestra vida cotidiana, en los que entregamos nuestra juventud, nuestra libertad y, en algunos casos, hasta la vida al servicio de la unidad de España y de las libertades de todos los españoles. 

Gregorio Ordóñez fue nuestro héroe y nuestro mártir; Jaime Mayor Oreja, nuestro padre político; Carlos Iturgaiz y María San Gil, nuestros mejores compañeros, y José María Aznar, quien tuvo la valentía para liderar la difícil tarea de gobierno que necesitábamos –y demandábamos– los vascos del Partido Popular. Pero eso, por desgracia, es ya historia. Historia pasada. 

Hoy, el arrinconamiento de algunas de estas figuras, y el olvido de otras, pero sobre todo el abandono de sus ideas y políticas, de nuestros principios y valores, me han llevado a tomar esta decisión, como en su día ya la tomó José Antonio Ortega Lara. Hoy, fuera del Partido Popular, me siento más cerca de él y me siento mejor. Estoy seguro, presidente, de que esta decisión en la que muchos me han precedido, no te quepa duda, la tomarán muchos otros en el futuro próximo, motivados a partes iguales por tus decisiones e indecisiones como líder del partido. 

No rompo un carné, no reniego de mi pasado, no pienso que todo el esfuerzo fue baldío. Eso sí, me voy con tristeza, abrazándome a tantos y tantos compañeros, a tantos y tantos españoles con los que he compartido colores y con los que aún comparto valores. 

Me voy, presidente, con un sentimiento de desgarro interior. Son muchas, miles, las personas que aún permanecen en el Partido Popular con las que todavía me siento identificado; personas que representan una de las dos almas del Partido Popular, la de miles de afiliados, la de millones de votantes, la del PP de Madrid, la de José María Aznar, Esperanza Aguirre, Alejo Vidal-Quadras, Jaime Mayor Oreja o Santiago Abascal Escuza, mi propio padre. 

Pero me voy porque, a diferencia de ellos, he llegado a la conclusión definitiva de que no hay ninguna posibilidad de cambiar las cosas desde dentro y de que el Partido Popular, su estructura, sus abnegados militantes y su generosa y patriota base social, a la que no os merecéis, están secuestrados por la inamovible cúpula dirigente a la que representas, cúpula que ha traicionado nuestros valores y nuestras ideas. 

Una decisión así no se toma en dos días. Acumulo meses de penosas reflexiones, e incluso años, desde el Congreso de Valencia de 2008. Hoy, 24 de noviembre de 2013, traspasado el ecuador de la legislatura, ya no me reconozco en las políticas de Gobierno del PP, del Gobierno que lideras; y no me reconozco, precisamente, porque yo sí sigo creyendo en los mismos principios que inspiraron nuestros mejores días y los mejores días de la España contemporánea. 

No ha sido el ímpetu, ni la reacción ante concretas traiciones, y mucho menos el maltrato personal, las que me han precipitado fuera de mi partido. Se trata de una decisión largamente meditada que obedece a estrictas razones morales y políticas. 

La actitud de la cúpula del partido ante la suelta de terroristas ha sido la gota que ha colmado el vaso. La excarcelación de terribles criminales ha marcado, sin duda, un antes y un después en mis sentimientos y mi percepción de la dirección que representas, pero mentiría si adujera a esta única razón para explicar este distanciamiento que ha terminado en ruptura. Llueve, presidente. Llueve sobre mojado. La continuación de la política sobre terrorismo heredada del Gobierno anterior, el trato indigno dado a las víctimas del terrorismo y a sus manifestaciones, la actitud pasmada y pasmosa ante el desafío de los dirigentes separatistas, la torpe decisión de sumarse al desconcierto que trajo la ola de reformas estatutarias, la negativa radical a abordar una reforma profunda del modelo autonómico, el abandono de la defensa de la lengua común en la educación y en la administración en algunas regiones, la insólita y suicida posición política del partido en Cataluña y País Vasco, la consolidación por inacción de toda la legislación ideológica de Zapatero, el aumento de la presión fiscal en contra de nuestros principios sobre política económica, la pasividad ante la legislación que ataca la vida del no nacido, la actitud acrítica y la falta de medidas ante la corrupción que ha afectado al Partido Popular, la negativa a democratizar internamente nuestro partido o el pisoteo de nuestros propios estatutos internos. Todo constituye un incumplimiento flagrante de nuestro programa electoral, del contrato que firmamos con los ciudadanos que nos dieron la mayoría absoluta y, en definitiva, de la misión política histórica que correspondía al Partido Popular. 

He intentado tan honesta como ilusamente, junto con otros, detener desde dentro esta deriva. No ha sido posible. No habéis querido. Me voy con la conciencia tranquila tras haber topado con el muro infranqueable de la realidad interna de un partido que habéis acartonado; los congresos siempre bien amañados, las ponencias políticas convertidas en papel mojado y la implacable maquinaria del partido convirtiéndonos en disidentes, cuando los verdaderos disidentes del PP sois vosotros. Hasta aquí hemos llegado, presidente. 

A partir de esta fecha dejo de ser uno menos dentro del Partido Popular y paso a ser un español más, que buscará el modo más adecuado y eficaz para hacer oír su voz en favor de España. Y lo haré con las esperanzas intactas, con la ilusión inquebrantable, y con la confianza plena en la capacidad de reacción que históricamente ha demostrado nuestro pueblo. 

Al final, la voz de la mayoría de los españoles se oirá entre las tinieblas a las que el sectarismo de Rodríguez Zapatero y tu fatalismo, presidente, nos han condenado; sectarismo y fatalismo que hoy nos impiden divisar el futuro prometedor que la España del presente merece, y que la España por venir, tendrá. 

Adiós y buena suerte.

Lo que firmamos y rubricamos con esta vieja canción de José Luis Perales:

Dos años y dos días

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He esperado dos días para escribir sobre la magna efeméride: el paso del ecuador de la legislatura. Esas palabras me han devuelto a mis años universitarios. Hallábase un servidor de ustedes en tercero de carrera… un año fantástico ese 1991, en lo que a mí se refiere. Tanto, que aún recuerdo con cariño algunas asignaturas que estudié entonces. Recuerdo muy bien la fiesta con la que celebramos el ecuador del ecuador. Y recuerdo muy bien aquel estupendo ambiente porque aquello después ya no se volvió a repetir. Como dice la canción, those days are gone

Retomo el hilo de lo que les quería contar y, situándonos en 2013, llevamos dos años y dos días de legislatura pepera. Ha habido triunfalismo en el Gobierno; moderado, eso sí, porque este presidente que tenemos es de perfil bajo. Todo mesurado y sin exceso, como siempre hace el Registrador. La oposición berrea, pero sólo porque Rubalcaba detesta estar donde cree que debería estar Mariano per saecula saeculorum.

Sea como sea y ante la magna efeméride, la pregunta es: ¿hay algo que celebrar? El discurso oficial nos habla de que efectivamente hay algo que celebrar. Celebramos que «ya no she habla de la crishish, ni del reshcate ni de la prima de rieshgo». Lo repiten todos los cargos peperos all’ zugleich como loros. Es la economía, estúpidos, que no os enteráis. Lo de menos son las mentiras que nos calzaron prácticamente sin calzador antes del 20-N, fecha malévolamente escogida por el ínclito contador de nubes. Que si “lo primero el empleo”, que si “no vamos a subir los impuestos”… En fin, para qué recordárselo a ustedes. Y ahora nos dicen que la cosa «va mejor». Y para razonarlo se meten en magnitudes macroeconómicas que la mayoría de la gente no entiende y a la segunda frase comienza a bostezar.

Los profanos, los que estamos alejados de la verdadera fe marianista, entendemos que cuando un ministro del ramo alienta a los jóvenes a buscarse la vida fuera del país, la cosa no va tan bien como dicen. Entendemos que cuando un ministro del ramo sube los impuestos treinta y tantas veces, la cosa no va bien (y que no me vengan con el cuento de «no se podía hacer otra cosa», que no cuela). Tal vez los banqueros sí vean los brotes verdes; pero ni las familias ni las pymes han visto ni brotes verdes, ni dinero alguno para poder sobrevivir.

Entendemos que cuando un ministro del ramo se achanta y suelta a asesinos confesos y no arrepentidos basándose en informes falsificados o en algún tecnicismo legal, la cosa no va bien. Entendemos que si el presidente no quiere entrar al trapo de resolver la deslealtad congénita de una Comunidad (del partido que la gobierna en realidad) con el resto de los españoles, la cosa no va bien. En el mismo sentido, la cosa no va bien cuando el Presidente no es capaz de poner orden en este Estado federal de facto (no sea que los «barones» territoriales se enfaden y se arme la de San Quintín). Y sobre todo, entendemos que la cosa no va bien cuando después de dos años no se ha tocado ninguna de las leyes de ingeniería social que aprobó el infame gobierno anterior. Y cuando se recorta una reforma educativa «para no molestar» al nacionalismo-separatismo cavernícola que todos los españoles padecemos. La cosa no va bien, sobre todo, cuando es tabú hablar de las personas que se suicidan, ya sea por falsas acusaciones de malos tratos (hombres, que no aparecen en las «estadísticas oficiales» del feminazismo) o debido a la situación económica, que en su caso ha llegado al límite. «No hay que extender la psicosis», dicen, campanudos.

¿Y qué espera Mariano? Es difícil de decir, como gallego en ejercicio que es. Quizá espera a que en 2015 sus votantes hayan olvidado no sólo lo que hizo sino lo que dejó de hacer (esta segunda cuenta es más larga y menos pública). Quizá espere que el grueso del cuerpo votante –el que le votó en 2011 esperanzado en que podrían cambiar las cosas– mire hacia la izquierda, vea el caos y el abismo (verdad), y vote resignadamente al mal menor, que no consuela porque sigue siendo un mal. Esta estrategia, no obstante, tiene hoy un problema. Hoy, a diferencia de 2011, comienza a haber opciones. Más o menos buenas, más o menos en formación… pero opciones. Opciones que, con un poco de suerte, nos sacarán cuando menos de ese bucle melancólico en que «los dos grandes partidos» tienen atrapado al cuerpo electoral español a nivel nacional…

Quizá por eso en Moncloa están preocupados y tratan de lanzar mensajes positivos para que su electorado natural no se espante ante las calamidades que está viendo (especialmente en materia de paro y terrorismo, que es lo actual; en dos años habrá que hacer un balance mayor).

Por nuestra parte, nada que celebrar. Acaso, el hecho de que la marcha hacia el infierno se ha ralentizado (pero en modo alguno detenido y mucho menos cambiado su sentido). Quizá llegará un momento en que alguien romperá la baraja. Entonces será el llanto y el crujir de dientes, así como un momento de gran alegría para nuestros enemigos. Pero no adelantemos acontecimientos. Con el tiempo y una caña, si no se hace nada más, todo se andará…

Barcegate

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Que el PSOE domina los tiempos en la agit-prop es cosa sabida desde el 11-M. Dejando aparte su respeto por la verdad, que es ninguno cuando no les favorece, cuando menos hay que admirar su sentido de la oportunidad. Es verdad que RbCb dio una imagen bastante pobre, con el hándicap de que hasta sus propios le quieren jubilar; pero el aparato ha tenido más reflejos y ha contraatacado en varios terrenos. Leer el resto de esta entrada »

«Hable»

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Hace ya unos cuantos años tenía yo una saladísima amiga sevillana que, al llamarla yo por teléfono, en vez del «¿Diga?» habitual y con curva de entonación interrogativa, decía «Hable» y con entonación más o menos imperativa. Es decir: hable usted y diga lo que tenga que decirme sin demora. A mí siempre me chocaba esa respuesta; de hecho, sentía cómo me ponía firmes y todo. Nunca más supe qué fue de ella y ciertamente nunca volví a encontrar a nadie que respondiera a una llamada de teléfono de tan –para mí– singular manera. Sin embargo, este recuerdo (placentero, por otra parte), me sirve ahora para repasar de un vistazo la actualidad de este verano caliente. Y de ese repaso deduzco que hay muchas personas que, debiendo hablar, no hablan. Leer el resto de esta entrada »

Verano calentito

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En este primer post del verano no hacemos sino constatar lo siguiente: que los españolitos hemos adquirido el derecho a tener un verano caliente. Ríanse ustedes del gabacho dizque científico que aseveró que «en España íbamos a tener el verano más frío de los últimos 100 años». Unos hachas, oigan. Que por cierto y según oímos en la radio hace un par de días, un empresario de la hostelería mallorquina está buscando al genio para darle una manta de… recaos. Leer el resto de esta entrada »