PP

Caciquismo 2.0 (II)

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Responsabilidades

Sentado todo lo anterior y dejando aparte las correspondientes responsabilidades penales, que corresponde a los Tribunales determinar, está clarísimo que existe una culpa in vigilando. Culpa que deriva de un axioma no escrito pero muy vigente en el PP: «Puedes hacer lo que te dé la gana; pero si te pillan, nadie te va a conocer». Claro que hay «Comisiones de Derechos y Garantías» en todos los partidos, y en el PP también. Pero el axioma citado es el que determina que esos organismos no hagan su aparición hasta que lo hace la Justicia. Es la Justicia la que hace el trabajo de esos organismos, cuyos miembros cobrarán mucho pero se rascan lo que ustedes se imaginan hasta que un Juez no pilla a alguien del Partido cometiendo una pifia.

El proceso debería ser justamente el contrario. Una Comisión de Derechos y Garantías que se respete debería actuar antes de que lo hiciera la Justicia y no después. Da la impresión de que un mindundi militante de base del partido X ya no tiene confianza en que su propio partido actúe frente a un cacique de éstos. Cabría esperar que el Partido suspendiese cautelarmente al cacique, aun a costa de perder influencia en la zona; y cabría esperar que, tras una investigación interna, el propio Partido se personara como acusación particular en el proceso que se incoe. Pero justamente eso es lo que no espera ese militante de base y por ello acude directamente a los Tribunales. Sin mencionar que es mejor así por el miedo a las represalias (¿«estructura y funcionamiento democráticos»? Venga, que nos da la risa a ustedes y a mí).

En el caso particular del PP valenciano, la pregunta es: ¿cuándo se jodió el PP valenciano? mi impresión es la siguiente: que todo iba «bien» con Zaplana y que el PP de Valencia empezó a joderse con Camps. A éste le apartaron tras un proceso-farsa (creo que no hace mucho ha defendido una tesis doctoral) y colocaron a Alberto Fabra, que no supuso modificación en el estado de las cosas por mucho que tuviera valor para cerrar la ruinosa televisión autonómica. Con él, los negocios municipales continuaron. Han tenido que caer los tres presidentes de las Diputaciones Provinciales (Carlos Fabra hoy en la cárcel) para que se abriera el melón. Y luego un señor, hoy en paradero desconocido (represalias, ya saben), que se dedicó a grabar al presidente de la Diputación de Valencia contando billetes.

Conclusión y pregunta: ¿En el PP ha habido tres presidentes: uno pringado, otro que no se enteraba o no tuvo valor para hacer más de lo que hizo y otra que, ante la enormidad del escándalo, ha tenido que hacer lo que no hicieron los dos anteriores? Y aún más. ¿Desde cuándo conocía Génova, 13 el desaguisado? Porque da la impresión de que creyeron que descabezando a Camps y a alguno más (Ric Costa, por ejemplo), bastaría y se iban a calmar los ánimos. Han pasado cinco años desde entonces. Si ahora se ha producido una mascletà y, como diríamos en Cataluña, el PP valenciano ha fotut un pet com una gla, o no sabían hasta dónde llegaba el olor de la mierda o es que lo sabían y consintieron. Ha tenido que ser Isabel Bonig (acento prosódico en la segunda sílaba, señores periodistas) quien diera un puñetazo en la mesa y dijera «Ché, s’ha acabat la broma!», para que nadie creyese que también estaba en el ajo.

Caciquismo 2.0 (I)

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Saltaba hace tres días la noticia de la disolución del PP valenciano. Es algo terrible y sin precedentes: así como el PSOE ostenta el dudoso honor de haber sido el primer partido condenado por corrupción, el PP ostenta ahora el honor de haber sido el primer partido que tiene que disolver una sucursal autonómica por la misma razón. En el PSOE tenemos el precedente de Estepona, provincia de Málaga, entre otros. Se tuvo que cerrar la Agrupación porque el miembro de la ejecutiva local que no estaba pringado por una cosa, lo estaba por otra. Pero lo de Valencia es algo de mayor fuste y hemos de detenernos un poco más en ello.

A estas alturas de la película, a muchos ya no nos vale el “y tú más/y tú también”. Todos los que han tenido mando en plaza están manchados, con manchas de diverso calibre. Y, como tal fenómeno general, es menester echar una mirada más detenida, como les decía.

Lo primero y principal empieza con la estructura y organización de los partidos implantados a nivel nacional. Léanse el artículo 6 de la muerta y les entrará la risa, si conocen algo el paño de la política municipal. Su base, tal y como está ahora, es el cacique, que suele ser el Alcalde de un municipio. Suelen ser líderes naturales, sí; y por eso también se les escoge: porque son capaces de llevar tras de sí a mucha gente («Hay que conquistar las locomotoras, que son las que tiran de los vagones», principio opusiano pero aplicado largamente en política).

El problema: que el servicio público es muy sacrificado y mal remunerado en relación a ese sacrificio. ¿Qué hace el político? Para no caer en la aplicación de la ley de hierro de los salarios (“El trabajador ajusta su rendimiento al salario que recibe en relación al que debería recibir”), el político local se busca compensaciones. Para evitar que después de los cuatro años de rigor vuelva a la nada, el político siempre encuentra a un empresario dispuesto a hacerle el favor. Eso, cuando no es el político el que directamente fuerza el favor a través de la correspondiente y obligada comisión.

Otras veces es el empresario el que corrompe al munícipe. Total, son unas perrillas, un complemento salarial al magro sueldo de munícipe. El político “práctico” se deja corromper porque: a) cuando se marche nadie le va a agradecer lo que ha hecho por el pueblo o ciudad; y b) la vuelta al anonimato es durísima, sobre todo cuando ya no te llaman, no te invitan a los saraos, no tienes puesto de preferencia en las celebraciones ni una corte de lameculos, aunque sean de los que aspiran a ocupar tu puesto en cuanto te despistes.

En este segundo caso nos podríamos encontrar con lo siguiente: el empresario es un corrupto y tienta al munícipe porque con sus antecesores ya funcionó. Si el munícipe no es corruptible y se niega a hacer negocios con el empresario, éste, seguro de sí, le espetará: «Usted no sabe quién soy yo/Usted no sabe con quién está hablando». Y encontrará en algún nivel superior otro responsable de partido más… este… flexible, que además se encargará de hacer la vida a cuadritos al mindundi de Alcalde que ha frustrado el negocio del pez gordo. Así, hasta que el munícipe decente acabe presentando su dimisión «por motivos personales». Con el agravante de que en España la oposición municipal no está más que para alegrarse con los problemas del partido rival, sin poner por encima de la contienda el interés de los vecinos del municipio.

En mi opinión, esto es lo que ha ocurrido en Valencia, a escala mucho mayor que la municipal, naturalmente. Gente que sólo quiere desalojar a otra gente porque les impiden hacer los negocios que les interesan. Las tramas se extienden a lo largo y ancho de la bella región valenciana. Ha habido para todos: pa-ella y pa-él. Negocios, muchos negocios; y dinero, mucho dinero. Hasta el caso Nóos, que creíamos limitado exclusivamente a Baleares, salpica con su chapapote a Valencia. Quizá pudiera abrir la boca Esteban González Pons, conseller de Vicepresidencia cuando su jefe era Francisco Camps y que, al parecer, echó la firma en varios documentos comprometedores de ese asunto. Hoy el señor González Pons está en Europa, como o pasmo de Palas do Rei, que no ha sido juzgado por el caso de las gasolineras. Ésa es la utilidad del Parlamento de la UE.

¿Por qué el Partido Popular no responde ante los ataques marxistas?

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Por José L. Román. Tomado de Neurona Liberal. Original aquí.

Sé que muchos ciudadanos se hacen esta pregunta, y algunos incluso van mucho más allá, ¿por qué la izquierda toma la calle con sus activistas cada vez que lo considera oportuno, y el Partido Popular no hace lo mismo ante los ataques de la extrema izquierda? Pues sencillamente, porque el Partido Popular no tiene poder de movilización social; no tiene jóvenes dispuestos a luchar por unos ideales que marquen claramente su posicionamiento político por encima del ánimo de lucro. Esos jóvenes que en teoría ya deberían estar en la calle para frenar los ataques indiscriminados del marxismo, no tienen un líder capaz ni un claro referente político, ni unas ideas que defender por diversas razones:

1.- Porque el Partido Popular ha querido ocupar un centro político que no existe, para así ser más “demócrata” que nadie y no ser tachado de franquista. El centro político no es ninguna ideología sino simplemente una postura. Para ser de centro debe existir una izquierda y una derecha, y hoy en España, por decisión de ciertos asesores del PP, con la satisfacción y el cariño del Partido Socialista, y la complicidad de casi todos los medios de comunicación, esa derecha no existe en nuestro pueblo. A no ser que bajo la sombra del PP se encuentre una derecha descafeinada, centralista y central.

2.- Porque nadie puede confiar en la cúpula de un partido como la del Partido Popular, que por miedo, temor y complejo, con todo el poder en sus manos, con el apoyo mayoritario del pueblo en las urnas, con una mayoría absoluta en el Parlamento, y gobernando la mayor parte de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, no ha tenido el valor, el coraje ni la gallardía suficientes, para voltear los planes de una izquierda que nos han llevado a la ruina económica, moral, espiritual, social y nacional. Y…

3.- Porque siguiendo los dictados de Bruselas para dirigir la economía tal y como les marca el NOM, podrá anunciar el PP todo tipo de cifras más o menos tranquilizadoras, pero eso no basta. Hay problemas que no se resuelven con medidas económicas. Hace falta algo más: hace falta un referente, una ideología. Porque sin ideología, sin firmeza, sin coraje, y sin valor, no se puede instruir ni ganar la confianza de una juventud sana, dispuesta a responder con gallardía a los ataques de los que, no solo quieren destruir definitivamente nuestra economía, sino también la unidad de la Patria.

Sólo pondré un ejemplo que quiero también que sirva de homenaje de admiración y de respeto: Miguel Ángel Blanco Garrido. Un joven valiente y español de primera fila, que fue vilmente asesinado por los terroristas vascos de la ETA, y que su muerte logró congregar una gran manifestación antiterrorista. Lo que no sabía este joven español es, que su partido y el partido socialista, convocaron aquella manifestación para protestar por su asesinato, pero no para acabar de raíz con el nacionalismo antiespañol y con los terroristas. Por eso se limitaron únicamente a invitar a los asistentes a que se pintarán las manos de blanco, se colgaran lazos negros en el pecho y guardaran minutos de silencio. Al día siguiente, siguieron pactando y negociando con los asesinos.

Miguel Ángel Blanco creyó siempre que luchaba por unos ideales; creyó que su partido defendía la españolidad allí donde el odio a todo lo español por parte de los que también se denominan demócratas como los nacionalistas y los terroristas, sometían y someten a los disidentes. Creyó que si caía víctima de los terroristas antiespañoles, el ejemplo de su vida y de su muerte levantaría el estilo y a lo mejor de las juventudes de España, y sin embargo, hoy estará viendo desde el cielo -como lo ven sus amigos y familiares desde la Tierra-, que tras su cobarde y vil asesinato, su partido se ha ciscado en su sangre y en la de todos los que como él dieron su vida –no por defender la unidad de los demócratas como acostumbran a decir para confundir a la opinión-, sino por defender la unidad de España.

A partir de aquí, el Partido Popular no puede tener poder de movilización. Este partido, y todos aquellos informadores que desde los medios lo defienden, exhiben una falsa bandera. No defienden ninguna ideología ni ninguna doctrina como lo hace la izquierda. Desde una pesada y falsa verborrea, y desde toda posición de privilegio, los líderes del PP se han unido a esa ingeniería social que ha matado nuestra capacidad de reacción, no permitiendo que las nuevas generaciones al margen de su partido, hayan tomado el testigo de nuestra identidad, la fe cristiana y el patriotismo, y así poder enfrentarse al marxismo y a sus cachorros que hoy conforman la emergente extrema izquierda anticristiana y antiespañola.

Tras las últimas elecciones, piden la cabeza de Rajoy para diferentes pactos y poder conformar un Gobierno estable, pero eso no es totalmente cierto. El problema del PP es otro: es el equipo completo. Ese equipo inseparable del que insistentemente habla Soraya Sáenz de Santamaría, que también tendría que abandonar la política y el PP si lo hace su líder Mariano Rajoy. Eso es lo que quiere la izquierda, a sabiendas de que no existe partido fuerte que sustituya al PP, porque ya se han encargado todos ellos de que no lo haya.

A los jóvenes que han querido durante más de tres décadas tomar el testigo de defender unos ideales por encima de los partidos, el Partido Popular y sus medios afines los han denigrado, injuriado y calumniado, tachándolos de franquistas, fascistas y de una extrema derecha desestabilizadora. Resultado: hoy no existe una juventud preparada y dispuesta para frenar al marxismo que viene. Las juventudes del PP no creen en la cúpula ni tienen un referente. Sólo persiguen lo que han visto y aprendido de sus maestros: subirse al carro del pesebrismo político y enriquecerse, procurando no mancharse en el curso doloroso de la contienda.

¿Cuántas manifestaciones convoca el PP en la calle para protestar ante los ataques marxistas? Ninguna. La derecha acomplejada no tiene poder de movilización social porque no tiene jóvenes dispuestos a defender unos ideales, y menos, después de ver el comportamiento de sus dirigentes con los jóvenes y menos jóvenes asesinados por el marxismo separatista y antiespañol, dejando en libertad a los terroristas, criminales y violadores.

La izquierda por el contrario no ha perdido el tiempo. Sin ambigüedades, sin complejos, y esgrimiendo sin esconderse su odio y su revanchismo, ha procurado, bajo el paraguas del sistema constitucional, desde las escuelas, institutos, universidades y a nivel nacional, incluso con el PP en el gobierno, ir conformando un “ejército” de jóvenes voluntarios perfectamente instruidos en el marxismo y kale borroka, para que siguiendo las consignas de sus instructores –como estamos viendo allá donde gobiernan-, acabar definitivamente con España.

Ante las próximas generales 1

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Tras el panorama que nos ha dejado el 27-S, yo diría que para España pintan bastos. Leer el resto de esta entrada »

Albiol

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Los habituales de mi blog sabrán que no me estoy refiriendo al futbolista Raúl Albiol, valenciano de pro. Me estoy refiriendo al hombre del momento, el exalcalde de Badalona Xavier García Albiol, que ha sido nombrado candidato del PP a las elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre próximo. Varias son las cosas que me han llamado la atención.
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Tramoya

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Siempre me ha disgustado ese vocablo exportado al tertulianés en cuanto a la polisemia. Me refiero al escenario: «Se crea un escenario…». «El escenario más deseable sería…», dicen esos sesudos tertulianos obligados a elucubrar por un moderador con carné o que ha de hacer méritos para que no le fulminen por tibio. Y no me gusta por una razón esencial: porque hace parecer a todos los intervinientes unos actores. Pero no actores en el sentido latino de que «hacen» (actor qui agit est), sino actores en el sentido griego de la palabra: ποκριτς, es decir, hipócritas en tanto que «representan un papel».
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